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Francisco Gallego y proyecto de no enviar tareas: "Es una de las peores regulaciones, es una cuestión ilógica"

logotipo de Pulso Pulso 12-12-2016 Miriam Leiva P.

A tres semanas de irse a Princeton por primera vez como profesor visitante, el académico de la Universidad Católica, Francisco Gallego, se detiene un momento para conversar con PULSO de sus investigaciones (ver recuadros) y de algunas políticas públicas que le preocupan.

“Es súper interesante esta aventura, estar ahí, poder mejorar los papers, interactuar con los profesores y alumnos, porque acá uno de repente está un poco lejos aunque esté conectado. Y además voy a presentar mis trabajos en otras partes en EEUU”, señala feliz de este viaje que lo tiene completamente atareado. 

La semana pasada salieron los resultados de la prueba PISA donde Chile no quedó bien parado, ¿lo sorprendieron?

-No mucho. Más allá del ruido estadístico anual, Chile sigue el camino de ir convergiendo a los países de la OCDE. Hay que reconocer los avances que se han hecho pero también hay que decir que es muy poco probable que la velocidad de convergencia aumente si no implementamos políticas que ayuden a eso.

Chile sigue bajo en matemáticas, incluso comparado con países de igual nivel, ¿cuánto habrá que esperar?

-En educación no hay magia. Para mejorar los resultados hay que tener estrategias probadas que ayuden y eso implica gastar más recursos. Aunque suena un poco pesimista, no he visto reformas que apunten en esta línea de modo claro.

¿Adónde debieran apuntar?

-He argumentado en diversas partes académicas y de discusión de políticas públicas que Chile requiere un aumento importante del gasto en educación pre-escolar y escolar que vaya acompañado de incentivos y reformas institucionales que ayuden a que las escuelas implementen políticas efectivas. Hace poco, de hecho, hice una revisión de la literatura para un libro en honor de Pancho Rosende que saldrá pronto y no veo que esas aproximaciones, programas efectivos, se estén implementando en Chile. Como dije, esto no es mágico.

La brecha entre resultados por quintiles sigue siendo muy abismante en el país, ¿esto se puede revertir?

-En este plano hoy en día ya se terminó el lloriqueo de los 60 de que los niños son pobres, son inmigrantes y no se puede hacer más; en los 2010 nos estamos preguntando cómo tener modelos exitosos que logren que niños del Bronx con todo lo negativo, balazos todo el día, drogas, puedan lograr resultados educativos más o menos parecidos a los de buenas escuelas, y que sea más o menos barato. El tema de investigación de frontera hoy en día es precisamente ése, cómo es posible lograr educación de altísima calidad en contextos vulnerables.

¿Y qué modelos han logrado resultados?

-La evidencia y estudios rigurosos sugieren que hay programas y aproximaciones que parecen lograr este cierre de brechas. Por nombrar algunos programas tenemos a “No Excuses”, “Uncommon Schools” y KIPP. Son modelos que suben expectativas, aumentan el tiempo de instrucción, usan muchos datos, involucran a las familias y tienen directivos y liderazgos empoderados y que creen en los niños y su potencial. Lo último es clave -y es una aproximación muy diferente a la que motiva muchas políticas públicas en Chile hoy- porque son modelo que asumen que no hay excusas para que los niños aprendan. Eso es clave.

Esto va más allá de sólo un aumento de recursos.

-Claro, requieren dos cosas. Uno, tener profesores y directivos que crean que esto es posible y que estén formados para ello y, dos, también son modelos que requieren más recursos. El problema con lo último es que parece que nos gastamos toda la plata en la gratuidad.

Ahora tampoco los colegios particulares destellan en la PISA, ¿cómo se explica ello?

-A los colegios particulares pagados de Chile no les va tan bien en las pruebas internacionales porque también falla el compromiso de los padres con el proceso educativo. Me impresiona cuántas horas los padres pasan con los niños, cuanto les leen, cuánto los motivan pensando que ya tienen asegurada la vida. Es como que no tienen hambre, ¿para qué aperrar un poquito más, si voy a trabajar en la empresa de un amigo?, esa es una hipótesis.

¿Hipótesis basada en …? 

-Bueno, me ha pasado más de una vez que cuando apreto un poco a los estudiantes, llegan los mails de los papás, ¡da vergüenza!. O en los colegios (tiene 4 hijos) cuando empiezan a darles tareas a los niños, los papás reclaman, lo encuentro heavy. De repente en las reuniones no me puedo aguantar y les digo: ¿cómo reclaman por esto?

A propósito de ello, ¿qué piensa del proyecto de ley para que los colegios no den tareas?

-Es una locura. Es el mundo maniqueo, es un mundo en que a lo mejor las tareas no están bien hechas, o no son perfectas, pero pasar de eso a un mundo donde se prohiben las tareas, es de locos. Parte del problema para la mayor parte de los padres, no para la elite, es que si los hijos tienen jornada escolar completa igual llegan con tareas, y ellos tienen otras cosas que hacer; pero puede que haya niños que les importe muchísimo hacer las tareas, yo no me puedo imaginar la educación de mis hijos o la mía, sin tareas para la casa, sin salir del ambiente educativo y pensar lo mismo después, hasta por cuestiones psicológicas de refuerzo es bueno.

¿Cuál es su opinión?

-Que ésta es una de las peores regulaciones, es una cuestión ilógica. Primero, gastar tiempo de los legisladores en eso siendo que hay otros temas que deberíamos estar discutiendo en educación; y, segundo, cómo lo vas a regular, cómo van a verificar. Si un profe quiere dar un trabajo para la casa, ¿no lo podrá hacer?; va a decir esto no es una tarea pero si quieren hagan algo en la casa, y un profe bueno va a motivar a los chicos a hacerlo; y ¿los papás van a prohibir que los profes motiven a los niños, a que usen lo que aprendieron en la sala de clases?. No es posible monitorearlo, no es realizable, es tapar el sol con un dedo.

También se ha discutido bastante si se sigue entregando la información, por ejemplo del Simce, ¿Qué opinión le merece?

-En el último año la política pública se ha movido hacia no entregar información porque está la creencia de que los niños son culpables de los resultados del Simce, de la PSU, de los indicadores personal y social, como que no dependiera de lo que la escuela haga sino que viene inscrito en el ADN del niño. Entonces, cuando se entrega información de que a tal colegio le fue mal en el Simce es porque los niños son pobres, no porque el colegio lo esté haciendo mal o lo podría hacer mejor. Entonces como que da miedo informar a la gente.

¿Pero le da miedo porque se está estigmatizando?

-Claro. Porque cuando uno va a mirar a los profesores ve que no son tan buenos pero eso ocurre porque los salarios no son tan buenos, y los mejores profesores le hacen el quite a los niños más vulnerables. Entonces no es culpa de los niños, sino del sistema que termina en un equilibrio donde los mejores profesores no se van a colegios vulnerables.

Pero es como un círculo y la estigmatización va a seguir.

-Pero igual es relevante entregar esa información porque, a pesar de lo que uno cree, para cada nivel socioeconómico hay colegios buenos y malos, aunque es cierto que en promedio hay menos colegios buenos para los más pobres. No es bueno no entregar información porque es moverse en una tendencia opuesta a lo que una serie de trabajo de evidencia sugiere, que es informar mejor a la gente más pobre, pero obviamente hacerlo de un modo un poco más sofisticado que los semáforos de hace cuatro años, hay que hacerlo inteligentemente con una estrategia que ayude. 

¿Y ve ese esfuerzo de mejorar la entrega de información, o no? 

-El tema de fondo es que hoy en Chile el tipo de discusión que tenemos en política pública es de un tenor bien ingenuo. Estamos en un mundo de los “O”: o entrego información o la prohibo; yo creo que es mejor un mundo de las “Y”: reconozco el valor y los costos que tienen entregar la información y optimizo. Esto no es como decimos los economistas de soluciones esquinas, todo o nada, si tengo información valiosa, debo ser inteligente para darla.

¿Cómo ha visto la implementación de la ley del fin al lucro?

-Los colegios que se transformaron en gratuitos fueron mucho menos de lo que se había supuesto en el proyecto de ley. Es un tema muy difícil de implementar porque si le digo a Mac Donald que no tenga fines de lucro, lo va a aceptar pero no significa que no tenga rentas porque al final del día pagará sueldos más altos. Se decidió regular los precios de transferencia, pero el costo que tiene es que vamos a tener una superintendencia de educación preocupada de verificar el balance, los casos de contabilidad creativa que se puedan dar, cuando yo esperaría una superintendencia que esté viendo temas educativos.

¿Es decir , no cree que el financiamiento compartido cesará?

-Los colegios todavía están mutando. Esta idea tiene una cosa buena porque allega más recursos al sistema educativo, cosa que es súper importante porque con la plata que estamos gastando, en promedio US$1.000 al año, no tenemos ninguna posibilidad que nos vaya mejor en la prueba PISA. Lo malo es que se le está achacando muchas cosas que no son al financiamiento compartido, y si las familias están dispuestas a gastar plata no se les puede prohibir que lo hagan. Esto no va a desaparecer, es un hecho de la causa.

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