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Igal Magendzo: "Cuando los técnicos tenían más influencia el país avanzaba más"

logotipo de Pulso Pulso 05-12-2016 Rodrigo Cárdenas

El economista y socio de Pacífico Macroeconomía y Finanzas, Igal Magendzo, destaca el protagonismo del ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, tanto en la discusión presupuestaria como en el control de la agenda previsional. El también académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y ex asesor macroeconómico de Hacienda, sostiene que en las carteras en las que han primado los argumentos técnicos, los resultados han sido mejores. 

Asimismo, indica que el Banco Central (BC) debe enviar una señal de preocupación por la trayectoria a a la baja de la inflación en su próxima reunión y en el Informe de Política Monetaria (IPoM) de diciembre.

El cobre ha subido durante las últimas semanas, lo que le quita presión al tipo de cambio. ¿Ve que esto se pueda revertir?

-Es siempre difícil saber qué es lo que va a pasar con el cobre, pero aparentemente hay un componente bastante estructural. Los anuncios de planes de infraestructura en Estdos Unidos y en China, que podrían contagiarse a Europa, son muy beneficiosos para el precio de los metales. La incertidumbre que se ha generado también beneficia al cobre y eso también debiera permanecer. Quizás hubo alguna sobre reacción al principio, se sobre acumularon inventarios, pero todo apunta a que, al menos parte importante del alza que vimos, está para quedarse.

¿Es un buen precio el actual para el sector minero?

-Hay que considerar que desde el punto de vista de Chile, el precio actual considerando lo que ha ocurrido con el tipo de cambio es un precio equivalente a US$ 3 la libra de hace tres años, porque por un lado aumentó el precio del cobre en dólares, el tipo de cambio no se apreció como ocurría en otras ocasiones, y además el precio de los combustibles ha caído. Así, Chile se está beneficiando ahora de una mejora en términos de intercambio importante, que ojalá reditúe en un futuro.

Desde el punto de vista fiscal, el Gobierno fue cauto en el Presupuesto aprobado la semana pasada, con un alza de 2,7%, ya que auguraba un escenario peor al que se ve hoy en materia de ingresos...

-Ojalá se dé algo mejor, y podamos tener una mejora de las cuentas fiscales más rápida, lo cual nos va a dar más holguras hacia adelante. 

¿Fue una sorpresa un presupuesto de 2,7% considerando que viene un año electoral?

-Valdés es el último enclave de racionalidad que va quedando en las políticas públicas. Un baluarte de la racionalidad. El ajuste fiscal que hizo era necesario en dos sentidos: uno, evitar que las cuentas fiscales se sigan deteriorando a un ritmo que podía ser peligro en algunos años más; y dos, dar una señal potente de que Chile sigue siendo un país fiscalmente responsable. Entonces creo que Valdés estuvo muy bien. En algún momento dije que Valdés era el Claudio Bravo, pero ahora se anotó un gol.

Despejadas las dudas por las reformas laboral y tributaria, ¿la mayor incertidumbre el próximo año será la reforma al sistema de pensiones?

-Creo que es poco lo que se va a hacer durante este Gobierno, una vez más porque Valdés está ahí para imponer racionalidad y espero que pueda seguir haciéndolo. Segundo, porque estas cosas tienen que tener cierta gradualidad, entonces este Gobierno no creo que pueda lograr mucho. Ahora me preocupa mucho más el tema de las AFP como un tema sintomático de una economía que se durmió en una complacencia y una indiferencia propia de una economía que vive de las rentas, y eso se refleja tanto en el liderazgo privado y en el liderazgo público. Las rentas del sector público están capturadas por los políticos y algunos privados. Y la gente percibe que el sector público ya no le está sirviendo de la manera en que lo hacía en el pasado. La educación no mejora, la salud no mejora, las pensiones no mejoran. Y esto se asocia de alguna manera a varias cosas, pero también a los técnicos, erróneamente. Cuando los técnicos tenían más influencia este país estaba avanzando más en múltiples direcciones, pero dentro de esta complacencia no se consideró que tiene que haber una permanente adaptación del país a las necesidades que van surgiendo, tanto en su matriz productiva como en su inclusión social. Eso no ocurrió. 

No se hicieron otros cambios necesarios...

-Y eso nos lleva a un estancamiento y quizás parte de eso es lo que está ocurriendo con la productividad. La gente está sustituyendo un debate profundo por lo que quiere escuchar, y ese es el surgimiento de los populismos, cuando la gente desconfía de los argumentos más técnicos, cuando desconfía de los liderazgos.

¿Es necesario entonces que los técnicos vuelvan a tener la relevancia de hace 5 o 10 años?

-Sin duda, y cuando uno analiza en este Gobierno aquellos ministerios donde los argumentos técnicos han tenido más fuerza son los ministerios que han empujado mejores políticas. Cuando llegó Valdés los argumentos técnicos fueron capaces de mejorar la reforma tributaria. En el ministerio de Energía, la correcta evaluación técnica fue capaz de destrabar la inversión. Lo que no tenemos que hacer es que los técnicos definan las prioridades de este país. Eso no. Para eso tenemos una democracia. 

¿Más que decidir el “qué” es el “cómo”?

-Así es. Tienen que contribuir al debate y a la implementación. Y para definir las prioridades necesitamos políticos que más que estar preocupados de sus propias rentas y de sus propios problemas vuelvan a conectarse.

¿Pero eso no habrá sido justamente el problema hasta hace unos años: que los técnicos definían no sólo el “cómo”, sino el “qué” y el “cuándo”?

-En alguna medida es eso, pero en otra medida también es que cuando los resultados en el corto plazo son tan positivos, es difícil pensar fuera de la caja, es difícil hacer un diagnóstico de las cosas que están surgiendo. Entonces, situaciones como ésta son oportunidades de repensar, pero la gente no está queriendo hacer eso, la gente está pidiendo deshacer, no más esto o lo otro. El sistema de pensiones no está entregando las pensiones que esperábamos, la salud no mejora como quisiéramos que mejore, etc. Entonces no se quiere más y ahí el debate se ha empobrecido mucho.

¿Faltan líderes para encausar el debate?

-No podemos echar toda la responsabilidad sobre los líderes como en un sistema paternalista o dictatorial. Aquí tenemos una democracia y eso significa que se tiene que mejorar el debate público.

¿Dónde debe ir el 5% de cotización adicional que ha planteado el Ejecutivo?

-Más que a dónde va, me preocupa quién lo administra. A dónde va finalmente es una decisión de la sociedad que debe fijar sus prioridades, si esto se distribuye entre todos o si va a la cuenta de capitalización individual se tiene que definir en el intercambio democrático. Pero quién lo administra es un tema técnico. ¿Lo va a administrar el Estado, que no tiene ninguna ventaja en administrar fondos?, ¿se va a poner en un fondo pasivo, que claramente tienen menos rentabilidad que las AFP? 

¿Qué propone?

-Creo que las AFP han hecho un buen trabajo en administrar los fondos. Que los administre el Estado desde ninguna perspectiva parece buena idea. De hecho los fondos soberanos en un porcentaje pequeño se han ido traspasando a gestores privados porque tienen ventajas, conocimientos y han demostrado ser mejores administradores públicos y otra parte se ha entregado al BC, que también tiene conocimiento al respecto, aunque con una gestión más pasiva.

Pero hay presión por sacar a las administradoras privadas, por este discurso anti AFP…

-Ese discurso no tiene ninguna validez técnica. Las pensiones son malas porque tenemos un sistema de pensiones que no está bien diseñado para entregar pensiones buenas a aquellos que tienen lagunas, que están en el mercado informal, a los que no acumularon suficientes recursos. El pilar solidario fue en el sentido correcto pero evidentemente insuficiente. El ataque a las AFP técnicamente no se sustenta, las propuestas que se han hecho para pasar a un sistema de reparto son técnicamente muy deficientes. Otra vez, hablar de lo que molesta atrae más votos y hay un montón de gente que ya no quiere escuchar, porque de nuevo, ven que los liderazgos privados y públicos no los están ayudando.

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