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Impulso a integración y energía hidro-solar

logotipo de Pulso Pulso 08-08-2016

A fines de 2015 el Ministerio de Energía publicó el documento “Energía 2050” haciendo un expreso reconocimiento a la pérdida de participación dentro de la matriz energética de la generación hidroeléctrica, siendo esta en el último quinquenio de solo 32% frente al 80% que tenía en los años 80. Lo anterior se ratifica en la reciente licitación de suministro eléctrico, donde solo 7,2% de la oferta es de fuentes hídricas.

El 27 de julio se llevó a cabo el Primer Encuentro Chileno Argentino sobre Integración Energética, organizado por la Cámara Chileno-Argentina de Comercio, en el cual se analizó y discutió con realismo pero con visión de futuro la necesaria integración energética entre ambos países y la región, destacándose la necesidad que tiene Argentina de energía para las próximas décadas.

El tono de los discursos de los panelistas, pero en particular de las máximas autoridades de ambos países, da cierta esperanza de que la integración energética pase de ser un ejercicio retórico a convertirse en una realidad, basada en la construcción de confianza y en el reconocimiento de la complementariedad de los mercados energéticos de Chile y Argentina. Interesante fue la visión de pensar en un potencial tratado de integración energética, que brinde un marco jurídico seguro y estable a los intercambios. Personalmente estoy convencido de que existen, actualmente, los instrumentos contractuales que, más allá de los tratados, pueden entregar las seguridades jurídicas necesarias.

Chile tiene entonces la posibilidad histórica de desarrollar una importante capacidad de generación renovable, especialmente solar e hídrica, teniendo ya no solo como horizonte el mercado nacional, sino también el de nuestros vecinos. Como lo refleja el resultado de la reciente licitación, la oferta solar ha crecido considerablemente, pero la hídrica sigue disminuyendo y no podemos seguir viviendo de espaldas a nuestra cordillera y ríos. Debemos utilizar el potencial de nuestras cuencas, lo que repercutirá no solo en una matriz energética más limpia, sino que al mismo tiempo solucionará las reservas y suministro de agua para el consumo humano y el riego. Chile debería estar construyendo, con las seguridades y salvaguardias ambientales que correspondan, reservas de agua en cada cuenca que lo permita, utilizando este recurso para generar, regar y consumir, en vez de arrojarlo al mar.

La nueva Ley de Transmisión define un marco para la integración energética con otros países. Así, un sistema de interconexión internacional es aquel que posibilita la exportación o importación, desde y hacia los sistemas eléctricos ubicados en el territorio nacional. A su vez, distingue entre sistemas de interconexión internacional de servicio público y de interés privado, determinando para cada uno su régimen, cálculo de precios y forma de valorización.

CREEMOS que esta normativa abre importantes perspectivas tanto para la exportación e importación de energía a países vecinos, como asimismo a la posibilidad de transmitir electricidad destinada al mercado chileno a través de terceros países, para lo cual deben dictarse los decretos y reglamentos correspondientes.

Podrían existir argumentos de seguridad nacional que se levanten para justificar la construcción en el territorio chileno de líneas de transmisión, pero no podemos desconocer las dificultades ambientales, técnicas y constantes retrasos que enfrentan, lo que aumenta los riesgos y encarece su costo. Para desarrollar todo el potencial energético chileno, especialmente solar e hidro, y a efectos de poder evacuar a un costo y tiempo razonable la totalidad de la energía que nuestro país es capaz de generar, sobre todo en la zona austral y norte de Chile, estimamos que ha llegado el momento de pensar en una integración energética seria con Argentina.

La construcción de una (o más) línea de transmisión al otro lado de la cordillera tiene, evidentemente, menores dificultades técnicas y ambientales, siendo su costo y tiempo de desarrollo sustancialmente menor.

Un proyecto así puede despertar suspicacias como consecuencia de nuestra previa experiencia gasífera, pero creo que el cambio en las autoridades argentinas y su visión futura, tanto energética como integracionista, abren nuevas esperanzas, sumado al hecho de que Argentina se beneficiaría de nuestra energía. Esto hace de la integración algo factible y probable.

Argentina ya cuenta con cierto grado de integración eléctrica con algunos de sus vecinos, particularmente con Brasil, Uruguay y Paraguay, la que ha funcionado razonablemente bien. El sistema eléctrico argentino permite los intercambios y, de hecho, actualmente ante la situación de escasez de energía heredada el país importa parte de su consumo eléctrico de esos países e incluso de Chile.

De concretarse lo anterior, los proyectos de generación deberían analizarse no solo teniendo como mercado objetivo el chileno, sino también el externo, especialmente el argentino.

*El autor es abogado Honorato Delaveau y Cía.

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