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ISIS sí, Rusia no. Prioridades del comandante en jefe Trump

logotipo de Pulso Pulso 26-12-2016 Francisca Guerrero

Durante su campaña, el ahora presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, logró conectar con los temores de los ciudadanos y su equipo de transición definió las prioridades en Defensa de la nueva administración basándose en el mismo enfoque. Combatir al Estado Islámico y levantar barreras que limitan el presupuesto en Defensa son algunos de los pilares, mientras que los rusos se convierten en los grandes ausentes. 

El futuro Comandante en Jefe de la primera potencia militar del mundo se ha mostrado crítico con el manejo que dio la administración de Barack Obama a los conflictos en Medio Oriente y a la amenaza terrorista. De hecho, durante su campaña, Trump llegó a catalogar al actual mandatario como el “fundador” de ISIS. 

En una entrevista con The Wall Street Journal, una de las primeras que concedió tras superar a Hillary Clinton en los comicios, el magnate fue claro en la materia. “Mi posición es esta: estamos luchando contra el régimen sirio y Damasco está combatiendo al Estado Islámico. Nosotros nos tenemos que deshacer del Estado Islámico. Rusia está ahora totalmente alineada con Siria, al igual que Irán, que cada vez es más poderoso por nuestra culpa”, declaró. 

En ese marco, se mostró contrario a la actual estrategia de la Casa Blanca, al indicar que “estamos apoyando a rebeldes contra el Gobierno de Siria y no tenemos idea de quién es esa gente”. Antes ya había cuestionado el enfoque, al plantear que “no se puede luchar a la vez contra dos que están luchando entre sí. Hay que elegir uno u otro. La estrategia de combatir a al-Ásad y a ISIS al mismo tiempo es una locura y una estupidez”.

Los comentarios del presidente número 46 de EEUU los ha seguido de cerca el jefe de Estado sirio, Bashar al-Ásad, quien ha declarado que “si lucha contra el terrorismo, nosotros seremos un aliado (…) un aliado natural respecto a Rusia, Irán y a otros muchos países que quieren derrotar al terrorismo”.

Lo más concreto que ha señalado Trump sobre sus planes contra el Estado Islámico, puestos de manifiesto en su llamada “Visión sobre política internacional”, es “proseguir las operaciones militares de la coalición para aplastar a ISIS, incrementar la cooperación internacional y de los servicios de inteligencia para cortar sus fuentes de financiamiento y declararle la ciber guerra para desmontar su propaganda y reclutamiento”.

“La prioridad que da a la estabilidad regional en Medio Oriente y declaraciones en contra de un cambio de régimen podría significar un más estrecho alineamiento con Rusia y la supervivencia del actual gobierno sirio. Eso podría socavar la cooperación con Jordania, Arabia Saudita y Emiratos Árabes”, señala un informe sobre la política exterior de Trump del House of Commons Library, el think tank del parlamento británico.

Más muestras de amistad 

Justamente Rusia quedó fuera prioridades establecidas por el equipo de transición del electo presidente. Esto, pese a que la misma Foreing Policy consigna que varios altos funcionarios militares han identificado a los rusos como la amenaza número para los EEUU. 

“Si quieres hablar de una nación que pudiera suponer una amenaza existencial para los Estados Unidos, tendría que apuntar a Rusia (...) si nos fijamos en su comportamiento, es nada menos que alarmante”, señaló el general Joseph Dunford, presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU, al Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Las advertencias en relación a los rusos incluso vienen de otros departamentos de gobierno. A principios de este año James Clapper, director de Inteligencia Nacional de EEUU, indicó que el Estado Islámico “no podía infringir un daño mortal” al país, pero que “Rusia si puede”. 

Con todo, no sorprende la ausencia de Moscú entre las prioridades de Trump, considerando el historial de elogios entrecruzados que ha sostenido con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. 

El último gran gesto hacia el Kremlin fue la selección de Rex Tillerson como Secretario de Estado, el ejecutivo de Exxon Mobile que cuenta con una medalla de honor de amistad de Rusia, que le entregó el mismo Putin. 

Esto en medio de las acusaciones de una supuesta interferencia de Moscú en las elecciones estadounidenses, a través de hackers, para favorecer la elección del republicano. El viernes en su conferencia anual con periodistas, Putin se refirió a estas imputaciones señalando que “los hackers sólo revelaron la verdad” y que “los demócratas (de EEUU) están perdiendo en cada frente y están buscando por todas partes a quien culpar”.

Más presupuesto, más defensa

En este escenario, Donald Trump ha descartado las acusaciones de una interferencia rusa en su elección, calificándolas de “ridículas” y como “otra excusa” de los demócratas ante la derrota que sufrieron el 8 de noviembre. Pero no por eso, el sucesor de Barack Obama ha dejado de tomarse en serio los ciber ataques, los que posicionó como otra de sus prioridades en materia de defensa.

El listado lo completan el “encontrar mayores eficiencias” y “construir una defensa fuerte”, mediante la eliminación de límites presupuestarios y el aumento del poderío, el tamaño y la preparación de las Fuerzas Armadas.

El presidente electo ya había adelantado en su campaña las medidas para fortalecer la defensa nacional, las que contemplan hacer crecer al Ejército hasta los 540.000 soldados activos, reconstruir la Armada hasta un objetivo de 350 barcos, proveer a la Fuerza Aérea con 1.200 aviones de combate y hacer crecer el Cuerpo de Marines a 36 batallones.

Asimismo, ha señalado que pretende invertir en un sistema anti misiles “serio”, para contrarrestar “la amenaza de misiles balísticos de Irán y Corea del Norte”.

Todo eso requiere de un vasto presupuesto, lo que posiblemente podría quebrar la tendencia a la baja del gasto en defensa como porcentaje del PIB, que alcanzó su último peak en 2010 al llegar al 5,66%, para ir descendiendo hasta el 4,49% de este año. 

Además, según su programa como candidato, Trump pretende someter a una auditoría completa al Pentágono, eliminar los pagos incorrectos, reducir la burocracia, recaudar los impuesto no pagados y poner fin a los programas federales no deseados y no autorizados. Aunque, sin detalles sobre la mesa, no es claro si estas medidas llegarán a concretarse.


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