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Juan Andrés Fontaine: "Nunca se privaba de revisar sus posiciones, intelectualmente hablando tenía una mente muy abierta"

logotipo de Pulso Pulso 29-08-2016 Miriam Leiva P.

Era economista jefe del Banco Central cuando Francisco Rosende llegando de un postgrado en Chicago se integró al departamento de estudios. "Era mi segundo de a bordo y en esa condición trabajamos por 6 años entre 1984 y 1990", recuerda Juan Andrés Fontaine. 

Tiempos difíciles esos cuando la deuda externa superaba en 100% al PIB, el desempleo era de 26%, la inflación se había empinado sobre 20%, la moneda estaba devaluada y el crecimiento era incierto. "Esos eran los tiempos de la crisis, a mediados de los ‘80 no entraba un dólar a Chile, muy parecido a lo que ocurre en Grecia, realmente al borde del precipicio. El Banco Central obviamente tenía mucho que hacer porque llevaba a cabo las negociaciones con el FMI, el Banco Mundial y la banca por la renegociación de la deuda externa". 

¿Qué papel jugaba Rosende en este puzzle?

-Los estudios, las proyecciones, las estadísticas eran proporcionadas por la gerencia de estudios del Banco, tanto para las negociaciones como para la implementación de esas medidas y el manejo monetario y cambiario, en todo eso Pancho fue una figura descollante.

¿En qué sentido?

-Primero por su enorme rigurosidad. El no estaba particularmente interesado en el detalle de la proyección numérica que de pronto reduce el trabajo del Central; él no era economista de ese tipo sino que estaba interesado en las grandes tendencias y en la coherencia lógica de las proyecciones desde la teoría económica.

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¿Cómo una nueva exigencia o punto de análisis?

-Era una buena contraparte para el equipo más tradicional del Central que trabajaban la parte más numérica. Él hacía como una especie de contraparte, de auditoría conceptual a los números que estaban produciéndose. En ese tiempo el departamento de estudios no era como hoy, que produce estudios de buena calidad con estándar académico. En esa época, en parte por escasez de recursos y por la severidad de la crisis, no había ni tiempo ni tranquilidad para realizar estudios más aplicados, ¡menos pensando en publicarlo en un journal académico!, sino que enfocado en que fuera útil para la toma de decisiones.

¿Recuerda algún episodio para revelar?

-Me acuerdo con cierto dramatismo que normalmente había que hacer proyecciones que iban cambiando según los supuestos que había que incorporar (inflación, metas de déficit fiscal, de cuenta corriente), y había que tenerlas en fechas precisas. Y recién se estaban comenzado a usar los computadores. Recuerdo que teníamos un Macintosh al cual cuando se le exigía demasiado solía empacarse como las mulas y la pantalla se ennegrecía y aparecía una bombita a punto de estallar, y se perdía todo el trabajo, muchas veces antes de las reuniones. Era angustioso.

Ex post sus proyecciones se cumplieron.

-Pero no era el ambiente en esa época, donde la perspectiva inmediata se veía muy oscura como hoy podría ser Argentina o Brasil, donde tomar medidas necesarias para cerrar la brecha fiscal y encontrar financiamiento externo podría hundir a la economía hacia una segunda recesión. Había un ambiente muy pesimista y existía la percepción de que las proyecciones de crecer en torno a 5-6% eran muy difíciles de cumplir. Había mucha gente que miraba con simpatía la experiencia de Perú y Argentina, que estaban en plan de repudiar la deuda externa y no pagar más de 10% por año. Había un amplio debate acerca de las opciones a las políticas monetaristas que estábamos aplicando. Desde Cieplan y otras instituciones eran muy críticos de nuestra estrategia.

¿Cuán cercana era su relación con Rosende?

-Siempre fue una relación muy profesional, cordial, amistosa. Era una persona reservada, tremendamente estudioso, riguroso, con conocimiento enorme de literatura económica, tenía un amor impresionante por el conocimiento. Tenía posiciones muy marcadas, y por ello hay gente que lo consideraba dogmático, pero no era así, nunca se privaba de revisar sus posiciones tanto con estudios teóricos como empíricos, intelectualmente hablando tenía una mente muy abierta. A mi me alimentó permanentemente de papers, libros que supone pudieran interesarme, era un colaborador en ese sentido. Fue un gran amigo con muchos amigos, de gran corazón, una persona de material noble.

¿Su visión monetarista era su sello?

-Hay tres acepciones de esta palabra. Una, cuyo uso se masificó en América Latina y en Chile, era sinónimo de economistas partidarios del libre mercado y de la racionalidad en las políticas macroeconómicas, ahí casi todos somos monetaristas. La segunda es el enfoque que se le atribuye a Friedman de otorgarle importancia al dinero en circulación en la explicación de la inflación, y Pancho se inscribía en esa línea como muchos de los que estudiamos en Chicago, yo incluido. Y la tercera, es de un debate más bien técnico respecto de qué importa más si la cantidad de dinero o el costo del dinero, y Pancho siempre se inclinaba por la primera variable mientras el grueso se movió hacia la tasa como lo hizo el mismo Banco Central. 

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