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Juan Carvajal: "Ha faltado que se note que la Presidenta Bachelet está al mando y ejerciendo su liderazgo"

logotipo de Pulso Pulso 26-08-2016 Jorge Arellano

Como “delicada y grave” califica las cifras que entregó la encuesta CEP. Además, asegura que se cometieron errores de diseño en este Gobierno que se incrementaron con falencias de conducción, gestión, política y comunicación. Sin embargo, Juan Carvajal, el ex director de la Secretaría de Comunicaciones de la primera administración de Michelle Bachelet, ve una luz de esperanza en la forma en cómo se ha enfrentado el problema del sistema de pensiones pero, apunta a la necesidad de un golpe de timón y que Bachelet deje de manifiesto su liderazgo.

La última encuesta CEP arrojó  sólo un 15% de respaldo a la gestión de la Presidenta Michelle Bachelet, la peor desde el regreso a la democracia, ¿quiénes son los responsables?

-No hay un solo responsable. Parto por señalar que el hecho de que tenga tan baja aprobación tiene que ser considerado como grave, delicado, un golpe importante. Sin embargo, hay un conjunto de situaciones que forman el contexto en que esto se expresa. No tiene que ver con el Gobierno toda la dinámica político-judicial y las investigaciones que se desarrollan del financiamiento de la política; tampoco las investigaciones de la Iglesia por abusos sexuales; ni el cuadro económico, que tiene más que ver con la situación internacional como el precio del cobre, por ejemplo; o la colusión de las empresas; o el “Milicogate” de las Fuerzas Armadas. Para ir al mérito de la pregunta, el Gobierno está mal porque ha cometido claramente errores de conducción, de gestión, de política y de comunicación.

¿Cuáles son estos errores?

- Chile es un país cuya alta inequidad requiere reformas estructurales. Es decir, el problema no son las reformas, el problema es la forma en que se han ido implementando y cómo se ha enfrentado esto ante la ciudadanía. El Gobierno tiene errores de origen en las siguientes cosas: plantear un Gobierno refundacional y plantearlo como una suerte de rompimiento entre la vieja Concertación y la Nueva Mayoría; la idea de hacer un cambio generacional profundo, lo que dio poco menos que por “jubilada” a buena parte de la antigua dirección política; una ideologización innecesaria del proceso de cambio. Tres situaciones que marcan el inicio del Gobierno y a mi juicio, ya imponen un sello de divisiones que era innecesario instalar. Si a eso le agregamos errores políticos y comunicacionales delicados, como poner esto en el marco de una suerte de lucha de clases, en un país de clase media muy fuerte, por supuesto que todo esto ha terminado por configurar la situación que comentamos. 

Entonces, ¿se leyó mal el país que le tocó asumir al Gobierno?

-La inequidad es grande, la injusticia es grande pero las soluciones tienen que ser para este país de clase media en donde se ubica el 80% de la población o más.

Pero, en lo que queda ¿se puede hacer algo para revertir las cifras?

-Siempre se puede algo. Pero eso significa tomarle el peso al estado de la situación, que es muy delicada, hay que tener en cuenta la dimensión del problema. Hay una pequeña esperanza en cómo está abordando el Gobierno el tema de las pensiones. A mi juicio ahí hay una luz de esperanza, de que eso signifique un avance de verdad en la búsqueda de acuerdos nacionales, de diálogos, de generar consensos, de incorporar a todas las fuerzas a este proceso. Esto no tiene que ver sólo con el proceso de diálogo, tiene que ver con cambios de fondo, diría una inflexión estratégica que se requiere en Chile. El Gobierno no tiene hoy día un relato por ejemplo. No tiene un discurso que permita unificar  todas las cosas que se están haciendo. El problema de fondo al final ni siquiera es la evaluación del Gobierno, es la forma en que está siendo sancionada la institucionalidad política del país.  Por lo tanto el problema actual es cómo nos enrumbamos hacía una recuperación de las confianzas, liderazgo y transparencia que tienen que proyectar la clase política.

¿Cree que pudiese ayudar un cambio de gabinete?

-Lo quiero decir al revés, lo del cambio de gabinete es lo último. Si usted cambia el gabinete y las cosas siguen como están no cambia nada. Lo más importantes es si se produce una inflexión y eso no lo produce un cambio de gabinete. En este caso, el orden de los factores en este caso no altera el producto.

¿Este cambio de timón hacia donde debiera apuntar? 

-No quiero personalizar, pero hay dos discursos que hoy se han escuchado en el Gobierno: uno, a mi juicio completamente equivocado, que es pensar que la verdadera encuesta van a hacer las elecciones, eso es hacerle quite al bulto y evitar enfrentar el problema de verdad; y lo otro, son las declaraciones muy interesantes y correctas del ministro Máximo Pacheco que plantea un cambio o un golpe de timón, en la dimensión que el problema tiene.

La Presidenta ha tenido tres ministros del Interior aparentemente muy distintos Peñailillo, Burgos, Fernández, e incluso, algunos apuntan al poder de la jefa de gabinete Ana Lya Uriarte, ¿ha cometido errores en esas relaciones?

-El mejoramiento de la gestión gubernamental de la adhesión y apoyo ciudadano a gestión está directamente relacionado a la adhesión y apoyo que tenga la Presidenta. Es el liderazgo presidencial el que tiene que fortalecerse y espero que se avance en esa dirección. Si hay una diferencia que existe en el tema de las pensiones no es sólo que se ha llamado a un diálogo, no es sólo que se busque un acuerdo nacional, sino que ella se ha puesto a la cabeza de la búsqueda de la solución y eso me parece súper importante.

O sea, ha faltado una mayor participación de la Presidenta en el Gobierno.

-Ha faltado que se note que la Presidenta Bachelet está al mando y ejerciendo su liderazgo.

Pero el tema de cómo a ella le han afectado situaciones como el Caso Caval, ¿han mermado su capacidad de acción? 

-Sin duda toda la enumeración de temas complejos que no tienen que ver con el Gobierno más situaciones como la de Caval por supuesto que han influido pero eso lo único que indica que hay que ponerle más el hombro en la dimensión de fortalecer el liderazgo. Este es un país presidencialista y lo que la ciudadanía espera es que el Presidente esté encima, resuelva los problemas y se adelante a las situaciones críticas. P 


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