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Lágrimas de cocodrilo

logotipo de Pulso Pulso 25-08-2016

Los cocodrilos para mantener hidratados sus ojos cuando se encuentran fuera del agua segregan un líquido acuoso que mantiene sus ojos en perfecto estado y, aunque a simple vista pareciera que están llorando, no lo están. A todas esas lágrimas derramadas sin sentimientos, que no son de verdad, sino que fingidas, dando a entender algo que no es cierto, se las llama lágrimas de cocodrilo. Desde un poco antes de la publicación de la encuesta del CEP que le otorgó a la Presidenta Bachelet un 15% de aprobación, la cifra más baja histórica para un Presidente de la República desde el regreso a la democracia, hemos visto a algunos personeros de la Nueva Mayoría derramar a raudales lágrimas de cocodrilo.

El primer cocodrilo fue el senador Jorge Pizarro, que en un intento por desligarse de la responsabilidad de cargar con la impopularidad de su Gobierno declaró: “El grave problema que hemos tenido durante este Gobierno es que nuestro partido firmó un programa en el que no estábamos totalmente de acuerdo”.

Acto seguido, el senador Ignacio Walker retrucó: “No firmé ni suscribí ningún programa, ningún presidente de partido de la Nueva Mayoría firmó ni suscribió ningún programa”.

Resulta un acto de impudicia de ambos senadores y el de muchos otros personeros de la Nueva Mayoría, el que transcurridos ya tres cuartas partes de este Gobierno pretendan librarse de su responsabilidad por los pésimos resultados de su gestión, intentando sacudirse del castigo que les está propinando la opinión pública. Es irrisorio pretender desligarse cuando hicieron campaña con “El Programa” bajo el brazo, y votaron a favor todas y cada una de las reformas que tanto daño han hecho al país.

Dicha actitud es parecida a la del Partido Comunista, pero menos franca, ya que estos al menos declararon desde el inicio de este Gobierno que tendrían un pie en La Moneda y el otro en la calle, por lo que su actuar ha sido siempre predecible, nos guste o no su manera de hacer política.

Lo que aterra a los “cocodrilos” de la Nueva Mayoría es que habiendo sido responsables de encender al pueblo con promesas vacías, ahora ven que la ciudadanía se ha volcado en su contra con demandas que nadie podrá satisfacer.

Una a una han fracasado todas sus reformas emblemáticas y ahora que ello es evidente se han olvidado de “El Programa” que juraron defender y han adoptado en forma burda la estrategia de derramar lágrimas de cocodrilo para que no sean sancionados con el voto de castigo de quienes se sienten engañados.

Con más de un millón de ciudadanos marchando contra las AFP, me pregunto quiénes serán los políticos responsables que no actuarán con el populismo que ha caracterizado a la Nueva Mayoría.

EL DIPUTADO Osvaldo Andrade ha sugerido que se podría optar por gradualizar el copago en la educación, con lo cual está proponiendo dejar coja la reforma emblemática de este Gobierno. De prosperar su idea, afortunadamente los padres y apoderados podrán continuar copagando en los colegios particulares subvencionados a cambio de una mejor educación. Otra vuelta de carnero más, borrando con el codo lo que escribieron con la mano.

Todo este caos se explica por la insatisfacción popular expresada en las encuestas. Sin embargo, el ministro del Interior, Mario Fernández, muy suelto de cuerpo, ha declarado que la encuesta CEP no tendría relevancia por cuanto se trata de muy pocas personas las que la contestan, dando cuenta de una irreverencia total respecto del sentir ciudadano y desconociendo el valor metodológico que hace de la encuesta CEP una herramienta confiable. Un análisis más fino nos indica que desde la vereda de los ciudadanos, a estos se les acabó la paciencia con este tipo de políticos que les prometieron el oro y el moro, sin ninguna posibilidad de cumplirles, y que para zafar han comenzado a derramar lágrimas de cocodrilo.

Se desprende de ella que han comenzado a surgir en las personas varios sentimientos para los cuales el sistema político actual no tiene legitimidad social para resolverlos. La encuesta nos dice que hay pesimismo respecto del futuro. Sentimos que ya no será posible convertirnos en un país desarrollado. Adicionalmente, como consecuencia de una economía deprimida y con desempleo creciente el sueño de que con mayor educación íbamos a surgir ha dado origen al sentimiento de frustración. Muchas familias que lograron por primera vez tener a un hijo con estudios universitarios, se han dado cuenta que aun contando con un título profesional bajo el brazo, no consiguen trabajos con sueldos superiores a los que sus padres ganan sin estudio alguno.

El cuento de la “igualdad” ya no resulta ser tan atractivo como parecía, en consecuencia, preferirían que a las empresas les fuera mejor, que hubiera más inversión y que pudiéramos de nuevo soñar con volver a caminar por la senda del desarrollo.

El temor es otro de los sentimientos que se reflejan en la encuesta del CEP. ¿Cuándo le tocará a mi familia vivir en carne propia los efectos del “descarrilamiento” del que reclamó el ex ministro Jorge Burgos? ¿Quién de mi entorno cercano perderá su empleo? ¿Podré seguir con mi pequeña empresa en un escenario de alza de impuestos, bajas en las ventas y mayor conflictividad laboral?

Afortunadamente el 81% de los chilenos ya se dio cuenta de que este tipo de “cocodrilos políticos” no tienen pena, ni dolor alguno. ¡Recuérdelo al emitir su voto!

*El autor es ingeniero comercial UC (@carreragonzalo).

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