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La amenaza de la inteligencia artificial

logotipo de Pulso Pulso 26-10-2016

Nuestra capacidad para humanizar adecuadamente las nuevas tecnologías es uno de los principales desafíos que enfrentamos. La tecnología -según dijo Steve Jobs- ya se fue, se fue muy lejos. El desafío es acercarla a las personas para que, en sus torpes manos, se masifique y logre viabilidad económica.

Hombres y mujeres como Jobs han resuelto magníficamente el desafío de “humanizar” la tecnología mediante artefactos e interfaces simples, capaces de liberar todo el potencial que nos otorgan la ciencia y el conocimiento.

Como lo hizo la ampolleta, el teléfono, el computador y el celular, hoy la inteligencia artificial (AI, por su sigla en inglés) promete remecer al mundo. Hace años los computadores ganan las partidas contra los mejores jugadores de ajedrez y recientemente superaron a los mejores en el complejo juego del go. Desde ahí, ya pasaron a manejar automóviles, administrar casas y ordenar ciudades. La inteligencia artificial, sumada al Internet de las Cosas, desencadenará realidades que ni Julio Verne imaginó. Los abogados virtuales, capaces de redactar millones de escritos o demandas en apenas unos segundos, o gerentes electrónicos, tomando decisiones de acuerdo con millares de datos y predicciones, ya no serán propios de la literatura fantástica sino parte del día a día. Para qué decir los robots que atenderán las funciones básicas en supermercados, recolección de basura, entre otras.

La AI, con su capacidad de aprender en forma autónoma, ya está acá. Debemos humanizarla. Pero para ello no basta con una interfaz simple y un diseño atractivo. Como bien lo indica Joi Ito, director del Media Lab de MIT, la AI es mucho más que un problema de computadores. Fundamental será el cómo se comporte la inteligencia artificial: ¿qué valores y principios morales guiarán su acción? ¿Acaso los vehículos autónomos arriesgarán la vida de sus pasajeros frente a un peatón intempestivo o mantendrán su camino privilegiando la vida de quienes llevan dentro? ¿Con tal capacidad informativa, dónde y cómo fijarán los límites respecto al acceso a la información y la privacidad de las personas? ¿Seremos capaces de restringir algo que puede tomar vida propia en términos de desarrollo intelectual y poder de decisión?

Ahí radican algunas de las aprensiones que han expresado mentes del calibre de Stephen Hawking, Bill Gates y Elon Musk, quienes la califican como una tecnología más riesgosa que las bombas nucleares.

*El autor es ingeniero civil PUC y MBA-MPA Harvard (@jieyzaguirre).

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