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La bencina del Mercedes Benz

logotipo de Pulso Pulso 09-08-2016

Muchos se preguntan cómo llegamos a un escenario en que, por un lado, miles de personas marchan bajo el slogan “No+AFP” y, por otro, una mayoría de economistas, centros de estudios, empresarios y dirigentes políticos coincide en que nuestro sistema de capitalización individual es bueno; requiere de mejoras urgentes, de acuerdo, pero en ningún caso se debe terminar con él.

Existe consenso en que hay que hacer ajustes importantes al sistema. Hay que aumentar los recursos del Pilar Solidario, subir la cotización individual (mayoritariamente con cargo a las empresas), y aumentar la edad de jubilación.

Donde parece no haber consenso es en las razones por las que se marcha junto a los líderes de “No+AFP”. Sorprende, por una parte, la facilidad con que las personas adoptan posturas radicales del tipo “que se vayan todos”, sin estar realmente informadas. No sorprende que miles de familias estén dispuestas a marchar en protesta porque su mamá o su abuela trabajaron toda la vida y hoy su pensión es de $200 mil. Lo que sorprende es que esos marchantes no se hayan puesto a pensar (o a averiguar) qué pasaría con esa misma pensión en otro sistema. Cuesta pensar que quienes marcharon lo hicieron creyendo que sin AFP sus mamás o abuelas tendrían pensiones a lo Myriam Olate.

La pregunta es: ¿cómo llegamos a esto? Y la respuesta parece estar tanto en el origen como en el desarrollo de nuestro sistema de pensiones, así como en las expectativas generadas en los cotizantes. No deja de sorprender una nota rescatada de los diarios de la época, que dice textual: “Trabajadores que cotizaron en AFP desde su inicio: chilenos se pensionarían con el 100% de su sueldo en 2020. Esta predicción de expertos previsionales se basa en una rentabilidad anual promedio de los fondos de 6% y 7%”.

Aun cuando este es un argumento que han manifestado los que se oponen al sistema desde la ideología, no deja de ser cierto que se originó entre cuatro paredes, por un puñado de expertos, sin debate público ni discusión legislativa, presentándose a la población sin más. 100% diseñado por expertos, como un Mercedes Benz al que solo hacía falta echarle bencina. Nunca vamos a estar seguros si la gente no dijo nada porque no entendió y confió o porque los tiempos no estaban precisamente para oponerse o cuestionarse.

Pero Chile cambió. La gente cambió y empezó a informarse, a opinar, a manifestarse y a salir a la calle cuando algo no le sonaba bien. Mientras, al mismo tiempo, mamás y abuelas empezaron a jubilar con tasas de reemplazo distintas a las esperadas. Distintas a las expectativas y, por múltiples razones, muy lejanas al 100%. Y, en ese escenario, al parecer nadie se percató que urgía explicar a los usuarios cómo se echaba bencina al Mercedes Benz.

Mientras el creador del sistema daba vueltas por el mundo vendiendo su idea, en Chile se asumió que los cotizantes sabíamos que los fondos eran propios, que todos conocíamos cuánta plata teníamos en nuestra cuenta individual y que éramos capaces de calcular cuánta plata le habíamos metido a la cuenta versus la que teníamos actualmente; por tanto, éramos capaces de organizarnos de forma tal que el futuro no nos pillara desprevenidos.

Hoy el escenario es preocupante y comunicar se vuelve obligatorio, partiendo por transmitir que nuestro sistema de AFP naturalmente es perfectible, y que sí es necesario ajustarlo ya, pero destruirlo puede ser definitivamente peor.

La lección que no podemos dejar de aprender es que hoy las políticas públicas deben ser propuestas por expertos, pero consultadas y validadas por la ciudadanía, así como sus resultados permanentemente informados durante todas las etapas de desarrollo.

En este caso, para que el Mercedes Benz funcione de acuerdo con las expectativas, cada usuario debe saber cuánta bencina echarle y, más todavía, en un modelo bien diseñado, la luz de alerta debe prenderse muchísimo antes de que el auto deje de andar.

*La autora es directora de Asuntos Públicos de Burson-Marsteller (@CarolCBown).

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