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La casa común íntima y la ética del nosotros

logotipo de Pulso Pulso 03-10-2016

Los días 4 y 5 de octubre la Universidad Católica de Chile, con el apoyo de más de 100 instituciones, empresas y fundaciones nacionales y extranjeras, organiza el III Congreso Social, que tiene como tema central el llamado del Papa Francisco en su feroz encíclica Laudato Si. En el documento, el Papa desnuda la realidad de nuestro actual modo de vida y de desarrollo, argumentando que “la tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”. Así, Francisco nos convoca a reflexionar sobre problemas societarios y ambientales, indisolublemente relacionados, de los recursos de acceso común, que no tienen propiedad privada: el agua, el océano, la biodiversidad y el clima.

Se necesitan cambios de paradigmas y de conductas socio-ambientales (ética socio-ambiental) y para ello conocer adecuadamente la situación, sus causas y consecuencias. Que ello se haga carne en nosotros. Esto hoy no ocurre. Actualmente, existe un 95% de certeza, más allá de cualquier duda razonable, de que la acumulación excesiva y abrupta del CO2 y otros gases de efecto invernadero son producto de actividades humanas post-revolución industrial y están asociadas a la cultura de uso de combustibles fósiles, deforestación y el consumismo exacerbado.

En 1950 nosotros aportamos a la casa íntima nueve giga-toneladas de CO2 y en 2010 fueron 38 giga-toneladas (una giga-tonelada son 1000 millones de toneladas). La temperatura promedio ya se elevó 1°C (¡en menos de 200 años!) y es imposible detener el calentamiento global hasta unos 1,5° a 2°C hacia el 2050. Sobre las consecuencias para la sociedad y la economía de estos cambios climáticos (temperatura, acidificación de océano, cambios en centros de presión, lluvias, sequías, otros) se ha escrito extensamente.

Estamos dañando la casa común íntima y debemos sanarla. ¿A quién le importa la composición de gases en la atmósfera? ¿Sabe usted que su aporte medio anual de CO2 es de unos 5.000 kilos? ¿Hará algo para reducirlo? Los que saben algo más de este problema son cómplices de lo que sucede, si acaso no muestran los hechos en forma simple y directa.

*El autor es profesor emérito UC y Premio Nacional de Ciencias.


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