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La empresa que soñamos para el Chile de hoy

logotipo de Pulso Pulso 17-08-2016

El deterioro de la pobreza y del empleo en los últimos meses y la discusión aún abierta sobre los estándares éticos y de conducta de quienes tienen responsabilidades de liderazgo y toma de decisiones, nos obliga a un proceso de reflexión que no es nuevo, pero que se hace cada vez más urgente. Es necesario volver a conversar sobre el valor y el aporte que la empresa y la buena inversión, el emprendimiento y la innovación, tienen sobre las oportunidades de empleo y el desarrollo de los trabajadores, como una herramienta certera para enfrentar los múltiples desafíos que enfrenta hoy la sociedad chilena.

Existen muchos ámbitos desde donde la empresa puede ejercer un importante rol como motor para el desarrollo del país: superación de la pobreza, buenos empleos, atención temprana de la infancia, educación y formación, inclusión e integración, progreso, productividad y competitividad, son algunos de los compromisos que dicen relación no solo con las políticas públicas y el desempeño del Estado, sino también con la vocación pública de las empresas.

Desde la Unión Social de Empresarios, Directivos y Ejecutivos Cristianos (USEC) queremos aportar en esta reflexión sobre la empresa de nuestros tiempos. Queremos soñar con una empresa cuya cultura no solo esté orientada a responder únicamente a la legítima rentabilidad de sus accionistas, sino que busque satisfacer también las necesidades de todas las personas que la componen (accionistas, directivos y sus trabajadores) y de todas las personas con quienes se relaciona en la sociedad (consumidores, proveedores y comunidad). Queremos formar un empleador que contribuya a darle un sentido más trascendente no solo a su propia vida, sino a la de cada uno de quienes interactúan con él y con su empresa, constituyéndose como un factor de cambio. Queremos encontrarnos con un emprendedor que diariamente adopte decisiones reconociendo un carácter ético y no exclusivamente técnico, y que no subordine sus principios a los confines estrechos de la maximización de las utilidades de corto plazo.

En el encuentro con esa cultura empresarial, en la búsqueda de la misión propia de cada empresa, podemos tener presentes cuatro principios básicos enfatizados por el Papa Francisco en Evangelii Gaudium (EG #221).

Primero, enfrentar el desarrollo con mirada privilegiada en el largo plazo. Confiar en que “el tiempo es superior al espacio” (EG #222-225) colaborará a resolver adecuadamente la tensión bipolar que existe entre la coyuntura del momento y el horizonte del tiempo; entre la voluntad de poseerlo todo y el límite que se deriva de nuestra vida en comunidad. Abrir la puerta a las decisiones y al trabajo a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos, es darle prioridad al tiempo y ocuparse de iniciar procesos, más que de “poseer espacios” y, más aun, que subordinar la dignidad, los derechos y el crecimiento humano a dicha consecución de resultados económicos inmediatos.

Segundo, se nos invita a comprender que “la unidad prevalece sobre el conflicto” (EG #226-230), manteniendo el sentido de la unidad profunda de la realidad por sobre la coyuntura conflictiva. Todos estamos llamados a enfrentar las diferencias y los conflictos, y no a ignorarlos ni disimularlos. Mirar más allá del conflicto mismo, resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso. Rescatar el valor de las diferencias y discrepancias, apreciar a las personas que interactúan en su propia dignidad y tener en cuenta sus legítimos intereses -aunque sean contrapuestos-, permitirá a la empresa contribuir a satisfacer las necesidades y expectativas de las personas, asumiendo una responsabilidad más allá de ser mero agente económico.

Tercero, ser capaces de resolver la tirantez entre la idea y la realidad. El mismo Papa convoca a valorar la “realidad” como algo “más importante que la idea” (EG #231-233), pues la realidad simplemente es y la idea se elabora. Entre ambas debería establecerse un diálogo constante y así evitar que las ideas terminen separándonos de la realidad, lo que supone evitar diversas formas de ocultarla con retóricas, racionalismos instrumentales, teorías y extrapolaciones no probadas, sofismas y silogismos falsos. La aplicación de este principio evita idealismos que no convocan e ineficaces al estar desconectados de la realidad.

Pareciera que existe una constante dicotomía entre la globalización y la localización, que se hace difícil de resolver. Sin embargo, en cuarto lugar, al rescatar “el todo como superior a la parte” EG #234-237), se estimula la toma de decisiones con una mirada “global”, amplia, integradora e inclusiva, para no caer en la mezquindad cotidiana, pero sin perder de vista lo “local” que nos hace caminar con los pies en la tierra: el todo no solo es más que la parte, sino que más aun que la suma de cada una ellas.

Finalmente, somos optimistas y confiamos en el sueño de la empresa que queremos, en lo extendido y consciente de la cultura con que muchos empleadores, pequeños y grandes, diariamente emprenden, innovan y desarrollan su noble vocación de empresario (Msr. P. Turkson, presidente Consejo Justicia y Paz), teniendo presente la dignidad y el respeto por las personas en la búsqueda cotidiana del bien común. P

*El autor es presidente de USEC.

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