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La lección de las municipales: "Go to market!"

logotipo de Pulso Pulso 02-11-2016

Las elecciones municipales del pasado 23 de octubre marcaron un nuevo récord de abstención ciudadana: apenas un 35% del electorado acudió a votar, haciendo de ellas las de menor participación ciudadana desde el retorno a la democracia y despertando una vez más los anhelos de los viudos del voto obligatorio.

¿Pero es ese el camino para reencantar a los votantes? En la sociedad moderna, a la que transita Chile, los derechos son espacios de libertad y no de obligación. No corresponde tirar las orejas a quienes no votaron. Por el contrario, es deber de las autoridades generar las condiciones para que el derecho a voto se pueda ejercer libre y fácilmente, eliminando o reduciendo las barreras para ello.

En marketing usamos el término “Go to market” para señalar una orientación al mercado que busca, entre otras cosas, que la propuesta esté siempre alineada y disponible en el canal adecuado.

Respondiendo a preguntas tales como “¿qué vendes?”, “¿quién compra tu producto?”, “¿cómo llegas a él o ella?” y “¿dónde se vende?”, se puede mejorar la efectividad de las estrategias de venta.

Mientras las marcas han desarrollado grandes cambios e innovaciones en sus prácticas “Go to market”, específicamente con innovación en canales y el uso de medios digitales para que los bienes y servicios estén más cerca, sean más oportunos y más fáciles para el consumidor, la política se ha quedado atrás.

En las pasadas elecciones, los que votaron debieron desplazarse de sus hogares, dejaron de hacer actividades que les resultan más atractivas, tuvieron que administrar el cuidado del hogar, los niños, los ancianos y aquellos que requieren cuidados especiales y movilizarse para manifestar su preferencia por propuestas que, en muchos casos, no les resultan particularmente atractivas.

¿Qué debe hacer la autoridad? La respuesta es obvia: implementar las tecnologías necesarias para facilitar el sufragio. El voto debe ir a la gente y no la gente al voto. Es más, el voto electrónico es una realidad en muchos países y no existe razón alguna para no implementarlo, persistiendo en un sistema absolutamente arcaico y ajeno a la vida digital que vivimos a diario.

En Chile hay más de 23 millones de teléfonos celulares activos. De hecho, son más los celulares que las personas y nos destacamos por tener uno de los más altos índices de uso de telefonía móvil. Hoy, más que nunca, la tecnología está presente en la vida de las personas y las pantallas táctiles dominan la escena tecnológica. La Boleta Única Electrónica que se ocupa en Argentina permite que el votante una vez llegado al recinto, se dirija a una pantalla, pulse su elección y deposite la impresión de su boleta en la urna. Es un primer paso en la incorporación de tecnologías.

En Estados Unidos, un país caracterizado por la alta abstención, ya se implementó un sistema de voto ausente o por correo y un mecanismo de votación anticipada, incluso en algunos estados sin justificación, y en muchos casos estableciendo puestos de votación satélites respecto del punto de votación central. En ese país Election Day no es un feriado y la votación una actividad más de un día normal, aunque las empresas dan facilidades para que los empleados acudan a votar.

Pero no es sólo eso. Los centros comerciales, los parques y plazas públicas, los paseos marítimos y urbanos, son también puntos importantes de vida ciudadana y lugares potenciales donde los centros electrónicos de votación podrían instalarse. Estar donde las personas van, donde realizan sus vidas y pueden alternar el voto, corto, simple y oportuno, con otras actividades propias de sus vidas acercaría a más ciudadanos a ejercer este acto democrático. En definitiva, es el proceso de votación el que debe adecuarse a los formatos que utilizan los votantes y no al revés. Así, con ingenio e información sobre los hábitos de consumo, se puede innovar en canales, incrementando significativamente la participación ciudadana y reduciendo los costos y barreras para quienes tienen menores ingresos o dificultades para acudir a las urnas, haciendo más igual y democrática esta participación.

Los triunfadores de estas elecciones tienen el derecho a celebrar, pero sería prudente que lo hicieran con precaución: sus propuestas sólo han sido capaces de llegar a muy pocos. Es su responsabilidad llevarlas al votante si quieren adquirir espacios mayores de legitimidad y aspirar a futuras reelecciones. Para ello, la calle y el constante diálogo ciudadano resulta vital. El marketing nos dice “Go to market”, y en política podríamos traducirlo como: señores alcaldes, “¡salgan a la calle!”. Quienes lo hicieron, cosecharon buenos resultados. P

*El autor es socio socio de b2o y académico Universidad Católica.

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