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La lucha por mejorar la seguridad y reducir la pérdida de agua en las ciudades de Brasil

logotipo de Pulso Pulso 04-11-2016

En 2014, una sequía sin precedentes dejó niveles de agua históricamente bajos en el embalse más grande del sistema de Cantarera, que abastece la ciudad brasileña de Sao Paulo. Una combinación de factores climáticos, un verano extremadamente seco y un aumento del consumo durante muchos años dejaron a miles de personas de la ciudad sin agua. Este hecho supuso una advertencia sobre cómo las grandes ciudades brasileñas estaban administrando sus recursos hídricos. Aunque el 12% del agua dulce del planeta está en Brasil, el país se enfrenta a problemas en el suministro de sus regiones más pobladas, que también sufren de una falta de inversión en el saneamiento básico - sólo el 40% de las aguas residuales son tratadas en Brasil.

“Si bien existen diferencias regionales, las áreas metropolitanas sufren de una combinación de factores tales como la degradación de las fuentes de agua, el crecimiento desordenado de las ciudades -que ha aumentado el consumo de agua- y la falta de inversión durante muchos años”, dice Samuel Barreto, especialista en recursos hídricos y gerente de The Nature Conservancy (TNC). En 2015, la ONG coordinó un movimiento que reunía a los municipios y empresas de las principales regiones metropolitanas del país para hacer frente a los problemas con el agua. Hoy en día, la Coalizão Cidades Pela Água agrupa seis regiones metropolitanas (Sao Paulo, Río de Janeiro, Vitória, Belo Horizonte, Brasilia y Curitiba) y compañías multinacionales como Ambev, Coca Cola, Klabin y Unilever.

Uno de los retos del grupo es sensibilizar a las autoridades públicas sobre la necesidad de invertir en infraestructuras verdes, que implican la restauración de los bosques degradados en torno a las fuentes de agua. La Coalizão ya ha conseguido 18 millones de reales (US$5,55 millones), con el apoyo financiero de las empresas, que se utilizarán durante los próximos cinco años para restaurar los bosques junto a los ríos que abastecen los sistemas de Cantarera y Alto Tieté en Sao Paulo y el sistema de Guandú en Río de Janeiro. “El plan es extender la acción de restauración a otras seis regiones metropolitanas para garantizar la seguridad del agua de más de sesenta millones de personas”, dice Barreto.

Las regiones metropolitanas se enfrentan a una segunda cuestión importante en la gestión del agua: las pérdidas significativas que se producen en la red de distribución. De acuerdo con el Instituto Trata Brasil, una organización sin ánimo de lucro especializada en saneamiento, Brasil pierde el 37% de su agua tratada. En algunas regiones, como el norte, este nivel alcanza el 70%. 

Las oportunidades de mercado están abiertas para las empresas tecnológicas que desarrollen soluciones viables. Optimale, en Campo Grande, es un ejemplo. Fundada en 2009 por el ingeniero e investigador Peter Cheung, la compañía ofrece la teledetección, análisis de datos y computación online para controlar las pérdidas en tiempo real. Además de medir las pérdidas físicas (la cantidad de agua que se escapa de las tuberías), el sistema permite cuantificar las pérdidas financieras causadas por las conexiones clandestinas y el fraude. 

“Para las empresas de saneamiento, la inversión en este tipo de tecnología ofrece un mejor rendimiento financiero que llevar a sus equipos al propio lugar”, dice Cheung. El sistema está siendo utilizado por la empresa sanitaria Aguas Guariroba, en Campo Grande, que fue capaz de reducir las pérdidas de un 56% en 2006 a menos del 20% en la actualidad.

El noreste de Brasil se enfrenta a un reto diferente: lidiar con la escasez de agua en sus regiones semiáridas. El programa “Água Doce” es un proyecto destinado a aumentar el acceso al agua potable, implementado en colaboración con el Gobierno Federal, y destaca por la unión de dos tecnologías innovadoras: la desalinización de agua por medio de membranas utilizando la nanotecnología en un sistema alimentado por energía solar. “También estamos estudiando el uso de la energía eólica para expandir el programa a otras comunidades”, dice José Mairton França, secretario de Medio Ambiente y Recursos Hídricos de Rio Grande do Norte. Un proyecto piloto en un asentamiento rural de João Câmara ya está beneficiando a más de 220 habitantes y el programa tiene como objetivo desplegar 120 sistemas de desalinización a través de Rio Grande do Norte para junio de 2017, con una inversión de 20 millones de reales (US$6,17 millones) del que se beneficiarán 12.000 personas.

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