Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

La piscina de Lagos

logotipo de Pulso Pulso 09-09-2016

Y Lagos se tiró a la piscina. Contradiciendo sus propios planteamientos previos (“Pregúnteme a partir de 2017”, Lagos dixit) y los de sus asesores históricos (“Aun no están las condiciones para decidir”, Ottone dixit), se lanzó al agua sin salvavidas. Es que el ex mandatario sabe que el tiempo apremia. Ya que, por una parte, la piscina tiene muy poca agua: sólo el 5% lo preferiría como próximo Presidente, en empate con Guillier, de acuerdo con la última Adimark, mientras que un tímido 8% cree que efectivamente llegará a La Moneda.

Pero, por otra, el agua de la piscina está simplemente gélida: la misma encuesta es rotunda al indicar que el rechazo a la Presidenta Bachelet alcanza un histórico 77%, cifra que incluso se empina al 84% cuando se pregunta por el Gobierno. Las principales reformas -tributaria, educacional y laboral- tienen índices de desaprobación superiores al 60%. A ello se suma una economía que, según el último IPoM del Banco Central, completará su peor cuatrienio en tres décadas y un mercado laboral que exhibe sus mayores niveles de desempleo en cinco años. No por nada, tres de cada cuatro chilenos hoy consideran que vamos por “mal camino”, y nada menos que el 89% piensa que estamos “estancados o retrocediendo”. En suma, un cuadro desalentador para quien busque representar al oficialismo.

Porque, a fin de cuentas, lo que Lagos está buscando es ser el nominado de la Nueva Mayoría. Nominación que conlleva una pesada carga, que lo obligará a definirse en torno a una serie de ingratas preguntas, no relacionadas con las mochilas de su primer mandato (CAE, Transantiago, EFE), sino con las que enfrentaría en un segundo período: ¿desechará el engendro tributario de la Presidenta?, ¿seguirá machacando a los sostenedores particulares de la educación?, ¿le dará a la CUT el anhelado monopolio sindical?, ¿se someterá a los caprichos de la Confech? En síntesis: ¿seguirá con el programa de la Nueva Mayoría u optará por cambiar de rumbo? Si es lo primero, heredará un rotundo rechazo ciudadano. Si es lo segundo, enfrentará un más que probable (¡y doloroso!) quiebre en la coalición gobernante, liquidando con ello sus opciones presidenciales.

Como el caballero del poema de Rubén Darío, si el ex Presidente se queda con lo que tiene se muere, pero si lo abandona lo matan.

*El autor es director ejecutivo Fundación Avanza Chile (@gblumel).

Más de Pulso

image beaconimage beaconimage beacon