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La reforma del Código de Aguas

logotipo de Pulso Pulso 27-12-2016

“Cuentas claras conservan la amistad”, es el refrán que debería resonar entre Gobierno y empresariado respecto de la tramitación legislativa sobre la reforma del Código de Aguas. Lamentablemente no ha sido así. Hace alrededor de un mes asistí a un seminario hídrico organizado con el objeto de discutir las modificaciones al Código de Aguas. Por diversos motivos no fue ninguna autoridad, por lo que no pude conocer los beneficios que pregona el oficialismo para concretar la reforma.

Sin embargo, con o sin estas autoridades presentes, quedó claramente expuesto lo ambiguo que ha sido el proyecto de ley que, bajo subterfugios más gramaticales que jurídicos, pretende hacer pasar desapercibido ante los ojos de la opinión pública un sesgo fuertemente ideológico, intentando privar a propietarios de lo que les pertenece, sin tener que pagar indemnización alguna. Lisa y llanamente, confiscar.

Y es que cuando el proyecto de ley señala que los titulares de los derechos de aprovechamiento de aguas tendrán sólo la facultad de “uso y goce” sobre las aguas, no se está evitando el acaparamiento de derechos, ni beneficiando a las pymes (que pareciera ser la bandera de lucha de este proyecto), pero sí se está perjudicando a todos, a todos quienes eran ya dueños de derechos, y que entendían que podían disponer de esos derechos.

En la práctica, de aprobarse el proyecto de ley como está, quienes avaluaban sus campos o propiedades en conjunto con los derechos de aprovechamiento de aguas que les permitían regarlos, ya no podrán venderlos con esos derechos, lo que disminuye el valor del campo, y elimina la expectativa cierta que tenía el futuro comprador de poder aprovechar el predio como pretendía. Otras consecuencias directas sobre todos los aspectos de lo que ese campo producía serán evidentes… y numerosas, y quienes viven de sus derechos de aprovechamiento ya las han expuesto reiteradamente en diversos foros.

En este punto, y para evitar confusiones: quitarle algo a alguien no es lo mismo que modificar la manera de adquirirlo. Son materias completamente distintas. Dicho en concreto, puede que defender las garantías constitucionales permita virar hacia un sistema de concesiones de derechos de agua en vez de uno fundado en la propiedad, pero sin duda implica proteger a los que ya eran dueños, sea expropiándolos, como prevé la misma Constitución, sea respetando sus derechos adquiridos, generando un sistema paralelo, como tantos otros que ya existen o han existido en Chile.

*El autor es abogado y experto en derecho ambiental y recursos naturales Moraga & Cía.

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