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La resaca después de la fiesta

logotipo de Pulso Pulso 24-10-2016

Mucho se ha hablado del mal momento que atraviesa la industria inmobiliaria después de un 2015 descollante. Un año que fue récord en ventas, que hizo sonreír a varios y dejó números más que azules para grandes y primerizos en este mercado. Para nadie es novedad que uno de los grandes empujones -si no el mayor- fue el IVA a la construcción, que apuró a miles a comprar su propiedad simplemente por el miedo de tener que pagar más a partir de los próximos años.

El aterrizaje forzoso para el sector inmobiliario pareciera haber dejado a varios nostálgicos del boom 2015. Pero los que no se emborracharon, aprovecharon el año para fortalecer sus compañías, premiar los márgenes y darles solidez a sus promesas.

Seamos justos: hay que reconocer que el mercado dio varias señales previas para adelantar el “golpe” que podía significar el 2016, después de un año de fiesta. Tras varios años de crecimiento económico fuerte, se hacía evidente la llegada de un ciclo de menor crecimiento y, en ese contexto, todo el mercado debería haber entendido que “la promoción del IVA” no era más que una distorsión o al menos una “ilusión momentánea” que tendría que volver a cifras normales y sanas.

La cautela fue la mejor herramienta para enfrentar este fenómeno, buscando construir promesas de negocios estables en el tiempo, menos riesgosas y a la vez de mejor calidad. Si consideramos que hoy uno de los grandes temores y riesgos de la industria son los desistimientos, no era descabellado pensar -y muchos lo hicimos– que había que elevar las exigencias de pie, en línea con las nuevas condiciones bancarias.

Sabemos que nuestra industria necesita de una banca fuerte, sólida, con fundamentos sanos, por lo que pedir un 20% de pie para un crédito hipotecario es bastante sensato si uno apela a la estabilidad del mercado inmobiliario y del sistema financiero en el mediano y largo plazo.

Lejos de una debacle o una crisis, hoy la industria está retomando su ritmo normal con cifras similares a años que, en su momento, fueron catalogados de exitosos y favorables. Es cierto que 2015 fue un año excepcional; sin embargo, el 2016 ha estado por sobre los niveles de 2013 y 2014 cuando no existía el IVA como incentivo para la industria [datos de Infoinmobiliario de promesas de venta acumuladas a agosto 2016 en UF). Por ende, comparar la caída en las ventas respecto al año pasado es, al menos, engañoso, ya que la externalidad de 2015 es única.

El 2015 se acabó y con él, la fiesta del boom inmobiliario, que tuvo un segundo aire el año pasado y que sin duda dejó a varios con resaca de la euforia y bonanza del pasado. Lo poco que queda de este año y el 2017 suponen desafíos con un IVA 100% vigente. Pero hay que ser objetivos: la industria avanza, se mueve y goza de indicadores sanos. Darle aún más dinamismo depende también de recuperarnos de esa resaca, y hacer de los años que vienen otra fiesta.

*El autor es gerente general de Socovesa Santiago.

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