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La soledad de Valdés

logotipo de Pulso Pulso 12-01-2017 Miriam Leiva P.

Demasiado aplomo, falta de prudencia o el envío de señal al empresariado. Cualquiera de estas ideas pueden explicar el sentido de las últimas declaraciones del ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, que ha ido dejando un sabor amargo entre varios parlamentarios de su propia fila.

El llamado de la autoridad a no insistir con proyectos de ley que pudieran causar “ruido” en la inversión tras conocerse el último resultado de Imacec de noviembre de 0,8% dando cuenta de la debilidad de la economía chilena, sorprendió a muchos. “Es necesario redoblar los esfuerzos para atenuar y ojalá hacer desaparecer ruidos que son completamente innecesarios para que las empresas puedan tomar decisiones”, señaló en específico refiriéndose a la moción para cambiar la regulación de las sanitarias, apuntando a los parlamentarios de la Nueva Mayoría (NM). Es una señal indiscutida del quiebre definitivo con el Congreso y el nítido rol adoptado por él: evitar más “autogoles” de la NM que dañen las confianzas, casi una cruzada anti incertidumbre. Algo que en el sector privado valoran, pero en el Congreso no perdonan.

¿Por qué Valdés debe hacer estos llamados públicamente y no elige el camino de conversar con los jefes de bancada para ordenar una agenda común y evitar las agendas propias de los diputados y senadores? 

“El ministro, al igual que varios ministros de Hacienda, tiene muy poca experiencia política, la agenda se conversa. Yo no lo habría hecho ni de la manera que lo hizo ni en los términos que lo hizo”, observa el diputado IC, Sergio Aguiló, integrante de la Comisión de Hacienda. 

La respuesta para esta confrontación mediática para muchos es que el ministro está muy solo, pues si bien mantiene un alto ascendente dentro del gabinete, y cuenta con el irrestricto apoyo de la Presidenta y de los ministros de La Moneda, no es un secreto que ni Nicolás Eyzaguirre (Segpres) ni Mario Fernández (Interior) cuentan con mucho liderazgo entre los partidos de la coalición gobernante. 

Los puentes que Valdés tenía en el Congreso se han caído poco a poco, tanto que incluso cuando se debatió el proyecto de reajuste el diputado José Miguel Ortiz (DC) votó en contra del Gobierno, algo impensado considerando que el parlamentario por Concepción es uno de los más oficialistas. Pero el golpe más atronador en esta escalada fue la queja de los senadores del Partido Socialista encabezada por el senador Carlos Montes, un histórico de Hacienda. “La distancia aumentó más con el malestar del PS. El ministro se equivocó al tratar el tema de los socialistas, no abordó con la debida sutileza la comunicación con los parlamentarios”, admite un cercano al ministerio.

Montes lo grafica muy bien cuando recuerda que esta discusión presupuestaria fue la primera vez desde 1990 que el equipo de Hacienda no registró y por ende no intentó responder ninguna duda o requerimiento de los parlamentarios oficialistas, incrementando más la desafección. Fue la primera vez en muchos años también que no hubo protocolo de acuerdo. “El ha establecido una manera de gobernar que es un esquema muy de arriba para abajo, hay un par de ministros que se ponen de acuerdo y después van a convencer a todo el mundo y si alguien no está de acuerdo ven como aislarlo o limitarlo, y ese es un mal método porque hay que darse el tiempo para construir ciertos niveles de acuerdo”, recalcó.

A este estilo se suman algunas acciones que lo diferencian de otros ministros de Hacienda, según mencionan los parlamentarios. Por ejemplo, Valdés casi nunca da conferencias de prensa junto a parlamentarios para anunciar algún tema, no cuenta con un equipo que recoja las demandas de los diputados y senadores, en las reuniones de los lunes, dicen los asistentes, no se abordan las materias de interés sino que la autoridad lee un listado de proyectos, se reúne poco con las bancadas en Valparaíso -en más de una ocasión ha optado por comer en la cafetería-, no recibe a los legisladores en su gabinete, ni siquiera visita los distritos como lo hizo Andrés Velasco en su tiempo. En pocas palabras, no envía ninguna señal de “cariñito” a ese mundo que ahora necesita más que nunca para no errar en el envío de señales.

“Al ministro no le gusta ir a regiones, sólo le gusta salir a otros países a reuniones como ChileDay o la OCDE, no escucha a los parlamentarios ni en la reunión de los lunes. Está solo porque quiere, no quiere mezclarse con los políticos ni los dirigentes, quiere estar por encima del bien y del mal”, sintetiza el diputado Pablo Lorenzini (DC), integrante de la Comisión de Hacienda.

Cuestión de agendas

El diputado  Aguiló (IC) vierte paños fríos en esta relación y recuerda que siempre en años electorales se produce un distanciamiento entre Hacienda y los parlamentarios que buscan la reelección: “Los ministros de Hacienda siempre aparecen, de repente remando solos, especialmente en el último año del gobierno cuando se da la paradoja que los parlamentarios quieren solucionar sus problemas, quieren aparecer con agenda propia para tener más prensa, mientras el ministro sabe que tiene restricciones que lo obligan a ajustarse. Entonces se producen desencuentros que tienen que ver más con la naturaleza del ciclo”. 

En virtud de este desfase entonces es que Valdés hizo el llamado a no presentar proyectos que causen ruido en el ambiente empresarial. “Es un despropósito calificar de ruido cualquier intento de establecer normas, y si todo lo va a calificar de ruido significa que está limitando las facultades del parlamento. No lo encontré algo muy reflexionado de su parte, y a lo mejor no tiene conciencia como está agrediendo a todos los parlamentarios”, añade Montes.

Su correligionario, presidente de la Comisión de Hacienda, diputado Manuel Monsalve, considera que los temas propios han surgido porque el Ejecutivo aún no logra sintetizar una única agenda para concentrar los esfuerzos de la NM en el último año, “entonces tenemos un fragmentación de prioridades que genera una sensación de falta de unidad, de mucho roce y contradicciones entre parlamentarios y gobierno”.

No obstante, recalca que Valdés no puede prohibirle a los legisladores presentar mociones, y que si desea enfocarse en el crecimiento debe hacerlo desde la mirada de la coalición con las herramientas que en conjunto determinen que pueda estimular la actividad como el fondo de infraestructura o más inversión pública. 

“El ministro quiere que nosotros como coalición de centro izquierda tengamos una agenda de derecha. Algunos creen que para reactivar la economía no se pueden tocar los intereses de los empresarios, y esa no es nuestra posición. Al final el ministro nos transmite el mensaje de los grupos económicos bajo el slogan de la confianza, y nosotros no vamos a ceder ante ese chantaje”, recalcó.  

Pareciera que eso es el quid de la distancia, y así lo retrata muy bien desde la otra vereda el diputado Ernesto Silva (UDI), también de la Comisión de Hacienda, “es latente la sensación de que hay una desconexión brutal de los parlamentarios de la NM con la realidad, una falta de percepción del grave efecto que ha tenido su gobierno en el crecimiento. Valdés ha asimilado esa realidad y quiere actuar pero se encuentra con un frontón de sus parlamentarios, y por eso envía todas las señales posibles donde puede”. 

Recuerda que tanto la reforma laboral como el código de aguas se han ido transformando en señales negativas para la inversión porque “salen peor de lo que hubiese querido Hacienda” debido a las modificaciones que sus propios diputados y senadores realizan.

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