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La tinta invisible

logotipo de Pulso Pulso 08-08-2016

Hay un juego de detectives para niños que consiste en escribir sobre cualquier texto con una tinta invisible que solamente se puede ver en caso de poner el papel al calor. Algo de eso estamos jugando en Chile. Nuestro debate público se enardece con las letras que vemos en una primera mirada, sin ver qué hay bajo ellas, pese a que fue algo que nosotros mismos escribimos hace no mucho tiempo.

Un mes atrás nos remeció la situación de los niños bajo el cuidado del Sename. Vimos en los medios los dramáticos casos de menores con redes familiares débiles o inexistentes, que acarrean problemas de salud severos y que están en un sistema con graves falencias en la supervisión. Escuchamos a las personas a cargo culparse mutuamente, cuestionar las cifras de víctimas y reflotar propuestas que estaban hace años esperando a que las discutieran.

Hace dos semanas, un muy similar escenario se dio con las pensiones de los chilenos. Una marcha, voces que piden reemplazo de sistema y cifras fuera de contexto.

Y la próxima semana será algo más, algo que nos pone en un estado de alarma nacional y nos lleva a una discusión alterada, centrada en un par de frases y que a las pocas semanas cederá su puesto en la agenda a otro tema.

Lo que cruza la crisis del Sename, los llamados a reformar el sistema de administración de pensiones y muchos de los otros temas que irrumpen en la agenda, algunos lo atribuyen a la falta de eficiencia y legitimidad de la clase política. Pero hay otra tinta que se menciona cada vez menos en el debate público. En el proceso de pedir y pedir reformas, profundas e inmediatas, se olvida la capacidad de crecer, los empleos de buena calidad, la reducción de la pobreza y la capacidad de gasto social, temas que semana a semana van quedando postergados. Esto pese a que todos sabemos que ni la fuerte inyección de recursos que se pide para el Sename, ni el ahorro que permita mejores pensiones, ni el costo de una educación y salud de calidad podrán ser cubiertos en los años que vienen.

El Gobierno se encarga de tanto en tanto de decirlo, pero la verdad es que no estamos en modalidad de mejorar la productividad, ni el crecimiento, ni el empleo ni la inversión. El mismo viernes recibimos con resignación un Imacec bajo y ya ni nos llama tanto la atención lo que hace años habría sido un titular seguro. Es un tremendo desafío llevar estas discusiones en el plano comunicacional hacia el crecimiento, el empleo y la pobreza. Tarea nada fácil, pero cada día más urgente.

*La autora es decana Periodismo UAI (@marilyluders).

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