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La tragedia de las universidades chilenas

logotipo de Pulso Pulso 28-12-2016

Hace unas semanas The New York Times traía una larga entrevista a Abe Ankumah, un emprendedor que fundó una firma de software-Nyansa- que se especializa en el análisis de datos. Aunque este no es mi tema, en las primeras líneas se informaba que Abe había estudiado en el California Institute of Technology (Caltech), la misma universidad donde hice mi doctorado hace varios años, lo cual cautivó mi atención y seguí leyendo.

Me informé que Abe venía de una familia de clase media de Ghana, y había sido un excelente estudiante en la secundaria. Al graduarse, impulsado por su padre, partió entusiasmado a matricularse en ingeniería en la mejor universidad del país: la Universidad de Ghana. Pero no pudo: estaba en huelga. Frustrado, Abe postuló a varias universidades extranjeras y Caltech lo aceptó. Hoy día lidera una firma tecnológica en Silicon Valley.

Terminé de leer el Times y me fui a almorzar con un amigo chileno, un conocido ejecutivo del sector energético y que estudió ingeniería en la Universidad de Chile. Me comentó que estaba de paso en Nueva York junto con su hijo que acababa de titularse en la Universidad Católica. Me agregó con orgullo que su hijo había sido un alumno destacado y pensaba continuar sus estudios de física en el extranjero, y estaban visitando varias universidades en Estados Unidos. Y al final, casi de paso, y con algo de tristeza, me agregó: “Lo traté de convencer de que estudiara en la Chile, como yo, pero no pude… esto de las huelgas es un desastre, todos los alumnos buenos se van a la Católica…”.

Me volví del almuerzo pensando en esta coincidencia temática (huelgas en Ghana y Chile) y recordé dos situaciones que me tocó vivir recientemente. La primera relacionada con la visita de Matt Davison, un profesor de finanzas que pasó seis meses en Chile como parte de su año sabático. Costó convencerlo que viniera ya que tenía otras alternativas y Chile no es un lugar obvio para ningún académico (con excepción de los astrónomos). Nuestra esperanza era que Matt dictara un curso y los alumnos se beneficiaran de interactuar con él y que posiblemente establecieran un vínculo que más tarde los podría ayudar si querían perfeccionarse en el extranjero. Pero no se pudo: era 2011 y la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile estuvo en huelga. Matt se encerró en su oficina, dio un par de seminarios para los profesores y se dedicó a escribir papers. Los alumnos ni siquiera se enteraron de su presencia y de lo que se perdían.

En algún momento me comentó: “Qué raros son estos revolucionarios chilenos; en Berkeley, en los años 60, a pesar de las protestas contra Nixon y contra la guerra de Vietnam, nadie faltaba a clases y nadie pedía postergación de los exámenes”.

La segunda situación, más vergonzosa que la primera, me ocurrió con la visita de Elzbieta Sklodowska. Ella vino a Chile como representante de una organización norteamericana que otorgaba becas a estudiantes extranjeros que quisieran doctorarse en EEUU y me tocó recibirla. Visitó la U. de Chile con la idea de promocionar esta iniciativa y reunirse con candidatos potenciales. Pero su visita coincidió con otra huelga de estudiantes, la Facultad de Ingeniería estaba desierta y sólo tres alumnos asistieron a la reunión con ella. El resto de los asistentes eran palos blancos, es decir, administrativos que podían pasar con algo de buena voluntad (o al menos eso creímos) por estudiantes. Elzbieta no hizo ningún comentario, pero entiendo que no ha vuelto a visitar la facultad.

No pretendo insinuar que los estudiantes, o los profesores universitarios (ya que en Chile muchos apoyan las huelgas), no deban tener opiniones políticas, o que no deban participar activamente en las causas que consideren relevantes. Por el contrario: uno esperaría de un académico o estudiante maduro una participación inteligente en todos los debates de una sociedad. Caltech ha dado dos ejemplos extraordinarios: David Baltimore y Linus Pauling. Baltimore, que es profesor de biología y fue presidente de Caltech, ganó el Premio Nobel el año 1975 cuando tenía sólo 37 años. Linus Pauling es la única persona que ha ganado dos premios Nobel no compartidos (Química y Paz). Ambos han participado activamente (Pauling murió en 1994) en el movimiento contra las armas nucleares. Esto es, escribiendo artículos, organizando conferencias, reuniéndose con políticos y-por supuesto- yendo a marchas, pero nunca descuidando sus responsabilidades académicas ni apoyando tomas o paros estudiantiles.

Las tomas y los paros son un trauma que afecta a varias universidades chilenas, estatales y privadas. Y sería miope pensar que estos paros son beneficiosos para la Universidad Católica. Más allá de las rivalidades sanas que pueda haber entre distintas instituciones, los paros y tomas son una tragedia para el país, y sólo contribuyen a acrecentar la desigualdad (o la brecha, como a algunos les gusta decir) entre las mejores universidades del mundo y las chilenas.

¿Cuántos futuros Abe decidirán las próximas semanas ignorar la “propuesta educativa” de las universidades con tradición de paros y tomas y preferir otras alternativas más académicamente serias? Incierta la respuesta y triste la pregunta.

*El autor es profesor adjunto, División de Finanzas y Economía, Columbia University (aocusa@gmail.com).

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