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La trampa de Trump

logotipo de Pulso Pulso 29-09-2016

Mentir 16 veces sin arrugarse, cambiar de tema reiteradamente porque la pregunta del periodista no le gustó nomás -y jamás la contestó-, justificar el no pago de sueldo a empleados porque su trabajo “no era satisfactorio”. Todo eso en un debate presidencial. Sólo Trump supera a Trump.

Ese breve escáner podría servir para explicar la derrota del magnate en el primero de tres encuentros cara a cara con Hillary Clinton, a quien CNN dio por ganadora con un 62% de preferencias. Podríamos sumar la ambivalencia al decir que la violencia racial se resuelve con más “ley y orden”, la esquizofrénica manera de presentar a China como el origen de todos los males e incluso la excesiva gesticulación que, en palabras de mi señora, lo hacían ver como un “Kent de la tercera edad”. Todo eso importa, todo eso influye, pero no es lo único que dejó el debate del lunes.

Trump metió a Clinton en su terreno y eso fue lo más sorprendente. Él nunca ha sido el estadista. Lo suyo es el ataque, el discurso del “gringo” enfadado, el que ridiculiza al adversario porque ha escarbado en su basura la noche anterior. La sorpresa de esa noche fue ver a Hillary atacando a “Donald” -lo llamó por su nombre de pila todo el debate-, ridiculizando al personaje más que a sus ideas, mostrando su basura, dejando en evidencia que tiene a alguien a cargo de buscarla. Lo hizo desde el minuto uno. Era su estrategia, no una respuesta impulsiva. ¿Buena o mala estrategia? Imposible decirlo ahora, pero un riesgo corre: ella es la secretaria de Estado, la estadista, la ex primera dama que pensó en su país al perdonar el affaire de su marido con una becaria. ¿Es Trump más fuerte que eso acaso?

Si Hillary deja de ser Hillary pierde una batalla importante: la autoconstrucción de toda una vida para ser la máxima autoridad política del país más poderoso. Manejar los tiempos es cosa importante del liderazgo y permite rayar la cancha, incluso si al otro lado tienes a Donald. Si Clinton lo logra, la Presidencia es suya.

*El autor es profesor de Periodismo UAI.

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