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Las nuevas oportunidades que Chile explora en el espacio

logotipo de Pulso Pulso 13-10-2016 Daniel Fajardo Cabello

Cerca de US$213 millones costó el recién lanzado PerúSAT-1, el primer satélite de propiedad peruana. Su misión será monitorear el narcotráfico y la tala y minería ilegales.

Este hito no pasó inadvertido entre las autoridades chilenas, justo en el momento en que comienza a sonar más fuerte la Política Nacional Espacial (PNE) de Chile y se acaba la vida útil de nuestro satélite FASAT-Charlie (ver recuadro). Pero -guardando las proporciones con las grandes potencias mundiales-, más que una carrera aeroespacial latinoamericana, tanto a nivel de Gobierno, como académico y privado, hay consenso en que las aplicaciones relacionadas con la tecnología aeroespacial son cada vez más importantes para el desarrollo.

Actualmente, la renovación del FASAT-Charlie está en manos del Ministerio de Defensa, bajo un proyecto que lleva el nombre de “Catalejo”, donde se encuentra en evaluación la manera y los detalles en que se realizará la próxima licitación. Marcos Robledo, subsecretario de Defensa dijo en la oportunidad que el proyecto ha sido ingresado por el Estado Mayor a la subsecretaria, y se espera que termine de ser evaluado este año.

Durante los últimos años, especialmente desde 2011, en general los proyectos relacionados a la industria aeroespacial se han realizado mediante la Agencia Chilena del Espacio (ACE), una comisión asesora presidencial. Pero hace cerca de un año, el Consejo de Ministros para el Desarrollo Espacial, presidido por el Ministerio de Transportes, resolvió crear una Comisión Científico Técnica, cuya función sería asesorar al Consejo y emitir informes cuando ésta solicite su opinión especializada sobre las materias espaciales de su competencia.

Dicha comisión está conformada por nueve integrantes, con reconocida trayectoria en ámbitos de la sociedad civil, gubernamental, científico o universitario vinculados al desarrollo espacial. Entre sus integrantes está Marcos Díaz, Ingeniero Civil de la U de Chile y PhD de la Universidad de Boston; el abogado y diplomático Raimundo González; Christian Stuardo, comandante de la FACH e Ingeniero Electrónico y Sergio Maldonado, del Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren), entre otros.

“Se está abriendo un abanico de posibilidades en el ámbito aeroespacial en Chile. No sólo en el agro (que es uno de los más tradicionales), sino también en términos medioambientales, recursos mineros y sobre todo en el área de desastres naturales”, comenta Sergio Maldonado, gerente de Geomática del Ciren.

El profesional asegura que por ejemplo, consecuencias aparejadas a fenómenos como la marea roja, pueden prevenirse mediante la información y aplicaciones satelitales. De hecho, el Ciren es la entidad que procesa la información para la Onemi y el Ministerio del Interior acerca de eventos como erupción de volcanes, inundaciones u otros de impacto nacional. En gran parte, gracias al análisis aeroespacial. “Incluso, podemos analizar el comportamiento de otros temas como por ejemplo, el avance del dengue o el retroceso del bosque nativo. Todo esto, permite tomar decisiones o crear políticas en diversos aspectos. Además de constituir información valiosa para el sector privado y la población en general”, apunta Maldonado.

Paralelamente, en 2011 comenzó a construirse Suchai, el primer mini satélite creado en nuestro país por estudiantes, profesionales y académicos de la Universidad de Chile, desde donde proviene su nombre: Satellite of the University of Chile for Aerospace Investigation. Fue diseñado y construido por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de esta casa de estudios.

En abril de este año, Suchai viajó a la ciudad de Delft, Holanda, donde se completó su ensamblaje, para su pronta puesta en órbita en Estados Unidos, lo que debería ocurrir antes de que termine el año. La idea es que despegue de un cohete Falcon 9 de la empresa Space X, de Elon Musk.

El proyecto, coordinado por el profesor Marcos Díaz, implicó una inversión de aproximadamente US$300.000, aportada por la Universidad de Chile, muy inferior a la de un satélite tradicional, y tiene como principal objetivo la formación de profesionales con capacidad en el área de diseño y construcción satelital.

Incluso, esta universidad ya consiguió el apoyo de un proyecto Fondecyt y un fondo de Conicyt para el desarrollo de dos mini satélites más, que serían lanzados el 2018, con un peso de 3 kg cada uno.

En general, los actores relacionados a esta industria están bastante interesados en Chile, especialmente ahora, que se fortalece la institucionalidad al respecto. 

Josian Fabrega, director de Desarrollo y Ventas para América Latina de Airbus Defence and Space, comenta que están muy presentes en Chile, trabajando con varias instituciones involucradas en el tema espacial como las FFAA, entidades civiles, universidades y el sector privado, desde comienzos del 2000. “Si en Chile nos piden entregar nuestra experiencia, los ayudaremos con mucho placer. Tenemos muchos socios en Europa y el mundo”, explica Febrega.

De hecho, Airbus Defence and Space, tiene los ojos puestos en la región, ya que fue la empresa construyó el PerúSAT-1. “Airbus puede ayudar a Chile a la construcción de su Política Nacional Espacial y acompañarlo en tomar las decisiones finales en este ámbito”, concluye Fabrega.

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