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Las seis claves para entender el triunfo de Donald Trump

logotipo de Pulso Pulso 11-11-2016 Francisca Guerrero

Mensaje directo a la clase blanca trabajadora

Los trabajadores blancos se configuraron como la gran base del electorado de Donald Trump. El 58% de los blancos acudieron a las urnas para confiarle el país al nominado republicano, tras ser olvidados por los políticos demócratas que pusieron sus esfuerzos en las minorías. 

Varias de sus propuestas apuntaban directo a este sector, con un enfoque que no habían presentado los candidatos del bipartidismo. 

“Durante la campaña, incluyendo los debates, se refirió mucho al libre comercio. Algo que suele ser visto como un asunto muy técnico, lo manejó de tal manera que lo responsabilizó por las pérdidas de empleo. De la misma manera ligó los problemas del trabajador blanco con la seguridad fronteriza”, explicó a PULSO Michael Cornfield, cientista político de la Universidad George Washington. 

The New York Times atribuyó la victoria del magnate justamente a este grupo del electorado. “Ganó la presidencia montando una enorme ola de apoyo entre los votantes blancos de la clase trabajadora”, señalaron en el artículo publicado en la jornada posterior a los comicios, donde precisaban que “los bastiones de la era industrial demócrata en la clase blanca trabajadora son los votos que en esta ocasión se depositaron en Trump”.

La propuesta de un cambio radical

Como en Chile, y el resto del mundo, la palabra cambio asoma con fuerza en período de campañas, y Donald Trump se tomó este concepto en serio. Varias de sus propuestas apuntaban a un giro radical en el país, demonizando la continuidad que representaba Hillary Clinton. 

Mientras Barack Obama aumentó la regulación de Wall Street, el magnate aseguró que esas medidas “asfixian a la economía”. Si la administración actual negociaba grandes acuerdos de libre comercio, Trump decía que retiraría los proyectos y que renegociaría otros TLC como el NAFTA porque contribuían a la pérdida de empleos. Ni hablar del programa de seguros de salud Obamacare, el cual pretende derogar.

En el país que se ha jactado de su diversidad y respeto a las libertades, incluidas las religiosas, Trump fue igualmente radical en sus propuestas anti inmigración, desde deportación de indocumentados y la construcción de un muro en la frontera con México, hasta la prohibición de entrada a musulmanes. 

“Fueron fundamentales sus críticas a la administración Obama y sus propuestas de cambios que nunca habían sido planteadas por quienes dominan el partido republicano y que calaron en el electorado, indicó Robert Y. Shapiro, académico de la Universidad de Columbia. 

Desprecio al establishment político

Donald Trump acusó recurrentemente a Hillary Clinton por estar 30 años en la política y “no hacer nada”. Estas palabras no solo se podían adjudicar a la nominada demócrata, sino a toda la clase política, incluida la de su partido, posicionándolo como una figura nueva, ajena a las elites partidistas. 

“El luce como un outsider, independiente de intereses políticos, al menos en eso insistió durante su campaña. Esto le ayudó a lucir atractivo entre los trabajadores estadounidenses, a quienes les disgustan los demócratas y la corriente dominante del partido republicano”, señaló Robert Y. Shapiro. 

Su lejanía con los líderes de Washington quedó plasmada en la campaña. Mientras los demócratas destacaban su falta de experiencia para ocupar el cargo de Presidente y Comandante en Jefe, los republicanos lo miraban con recelo y se resistían a darle su apoyo, de hecho no participaron activamente de su campaña. 

Pero este enfrentamiento con el establishment lo dejó en una posición privilegiada, desde donde podía criticar a toda la clase política. “Los estadounidenses estaban frustrados con sus gobiernos. Estar en guerra por 15 años, que el congreso no pueda pasar presupuestos, problemas con el Obamacare. Por eso prefieren una perspectiva más fresca”, señaló Michael Cornfield. 

Exitoso en el mundo de los negocios 

“Donald Trump es la definición del éxito estadounidense”, se lee en la biografía de la página web del presidente electo. Y es que el sucesor de Barack Obama se preocupó de destacar sus habilidades en el mundo de los negocios y su mensaje logró penetrar entre los votantes.

“Sus logros en el mundo de los negocios ofrecen la seguridad de que pondrá la economía de regreso donde pertenece” y “me gusta porque él es un hombre de negocios, él hace lo que dice que va a hacer, lo he visto perder una tonelada de dinero y recuperarse” fueron algunas de las respuestas que dieron a CNN los seguidores del magnate, cuando fueron consultados por las razones de su voto. 

Consciente del entusiasmo que generaba su éxito como empresario, más allá de los cuestionamientos por los impuestos y el origen de su fortuna, no abandonó durante la campaña el mandato de su firma: The Trump Organization. 

De hecho, a sólo trece días de la elección, el magnate inauguró su primer hotel en Washington, situado a tan sólo un kilómetro de la Casa Blanca. “¿Campaña o promoción?” se preguntaron los medios, mientras él aseguraba a sus invitados y a la prensa que “no hay nada que no podamos hacer porque Estados Unidos es grande”. 

Una figura cautivante para los medios

Mientras Hillary Clinton contaba con el respaldo oficial de 57 medios de comunicación, Donald Trump apenas consiguió dos, el nivel más bajo en la historia de un nominado presidencial republicano. Sin embargo, esto no implicó en ningún caso que recibiera poca cobertura, por el contrario, se escribieron cientos de miles de historias sobre el magnate durante la carrera presidencial. 

Pese a la disputa que estableció con los grandes conglomerados mediáticos de Estados Unidos, Trump siempre lució cómodo frente a las cámaras, después de todo se hizo conocido a nivel nacional con su participación en el reality show The Apprentice. 

“Contó con mucha cobertura mediática para sus ataques a Hillary Clinton, por el escándalo de los correos electrónicos y otros asuntos, y eso definitivamente lo ayudó”, explica Robert Y. Shapiro. 

De hecho, los recursos que manejó Trump para su campaña fueron bastante menores en comparación con los de su rival, lo que logró contrarrestar con la visibilidad que le dio, para bien o para mal, su permanente presencia en los medios de comunicación. 

No importa cuán racistas o sexistas fueran sus palabras, su reproducción en sitios web, periódicos, televisión y redes sociales siempre estuvo asegurada.

Simplemente: “Make America Great Again”

Incluso antes de que anunciara su candidatura presidencial, Donald Trump tenía preparado el eslogan de su campaña: “Make America Great Again”. En eso se diferenció con la campaña de Hillary Clinton, que demoró mucho en consolidar el propio, “Stronger together”, y que nunca consiguió la misma resonancia. 

“Es un eslogan muy efectivo”, indica Michael Cornfield,  explicando que “no se trataba sobre su persona sino sobre Estados Unidos. Hacía pensar a la gente en cómo era el país después de que ayudó a ganar la Segunda Guerra Mundial, cuando se experimentó el boom en su economía. Conectaba con la era dorada, de la que se benefició principalmente la gente blanca”. 

Eoghan McDermott, director de Communications Clinic, señaló en una columna en The Journal, que el eslogan del magnate tuvo éxito porque se dirigió a un público muy claro: “La gente desamparada, aquella que ya no creía que Estados Unidos era el gran país en donde habían crecido, vivido y amado”.

Así, la frase, que en Twitter se abrevia con sus iniciales en el hashtag #MAGA, rememoraba a tiempos gloriosos de estabilidad y empleo, llegando a convertirse en un llamado a recuperar el “sueño americano”. 

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