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Lo que dejó 2016 y lo que viene

logotipo de Pulso Pulso 09-01-2017

La devaluación del yuan en enero de 2016 anunció que no iba a ser un año tranquilo en materia económica. China y su impulso monetario buscaron desesperadamente reactivar la economía, sin embargo, las siguientes devaluaciones confirmaron las sospechas del mercado: la potencia asiática se encontraba con problemas estructurales, en un hecho que representó un “balde de agua fría” para el mundo entero.

Europa, por su parte, revolvió las turbulentas aguas de la economía mundial al aprobarse el Brexit en junio. El Reino Unido vio caer la libra esterlina a niveles históricos y el Banco Central Europeo y también el Banco de Inglaterra, inyectaron capitales al mercado para evitar estampidas financieras, en una situación que afectó directamente al euro. Sobre este panorama se debe considerar que en 2017 empieza a regir el nuevo sistema de comercio, el cual, probablemente, generará nuevos roces en las relaciones internacionales entre los países de ese continente.

En Latinoamérica, en Argentina el Presidente Mauricio Macri tuvo dificultades para reorientar las políticas públicas y enfocarlas hacia mayor libertad económica, lo que ha significado altos índices de inflación y desempleo. A pesar de esto, en 2017 Argentina cosechará lo sembrado en orden económico, con un crecimiento esperado en torno a 3%.

Perú también tuvo cambio de mando y se espera que, bajo la dirección de Pedro Pablo Kuczynski, el país crezca por sobre 4%. Brasil, en tanto, dijo no más a la corrupción y en agosto el Parlamento aprobó el impeachment de la Presidenta, destituyendo así a Dilma Rousseff. Además, en una medida extrema, el actual Gobierno congeló el gasto público por 20 años, decisión drástica que aún no permite a Brasil salir a flote.

Por su parte, Colombia cuenta con la posibilidad de lograr un acuerdo de paz con las FARC, en un hecho que, además de ser histórico, fortalecería la estabilidad política y, como consecuencia, daría un empuje importante a su economía.

En EEUU la elección de Donald Trump revolucionó al mundo el último trimestre de 2016. Las amenazas de un potencial proteccionismo hicieron reaccionar a China, que salió rápidamente a buscar nuevos socios comerciales en Latinoamérica, firmando tratados comerciales con la región y Chile, abriendo así un interesante tráfico comercial entre los actores involucrados. Por contraparte, el gran perdedor fue México, debido a la amenaza de restricción al comercio.

Para Chile fue un año difícil. La falta de rumbo de un proyecto país afectó fuertemente las expectativas, disminuyendo el consumo y la inversión. Se rebajó la clasificación de riesgo con el consecuente encarecimiento de los créditos. Se deprimió la actividad minera local, afectando las inversiones y contrataciones. Sin perjuicio de lo anterior, el manejo profesional del Banco Central ha permitido mantener los equilibrios macroeconómicos y un ajuste en el gasto fiscal para un año de elecciones, se celebra para colaborar con los niveles de deuda del país.

Las proyecciones para Chile este 2017 son mejores. La consolidación del acuerdo de Asia-Pacífico y las políticas públicas anunciadas por Donald Trump comprometerán nuevas demandas de cobre, reactivando así el sector minero. Asimismo, un mayor crecimiento implicará mejoras en las expectativas, aumentando el consumo, la inversión y las remuneraciones, mientras el mayor impacto en la economía estará marcado por la elección presidencial, la que vendrá asociada a nuevas direcciones públicas, las cuales, a su vez, definirán el destino económico chileno a mediano y largo plazo.

*La autora es economista y académica Facultad de Economía y Negocios Universidad Finis Terrae.

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