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María Ester Feres: "No creo que esta reforma (laboral) incida mayormente en la ya tan desmedrada situación del trabajo"

logotipo de Pulso Pulso 01-09-2016 Miriam Leiva P.

Pesimista respecto del impacto de la Reforma Laboral en las relaciones entre empresarios y trabajadores, se mostró la ex directora del Trabajo, María Ester Feres.

“Es una más de las reformas al sistema de relaciones laborales colectivas impulsadas desde 1990 a la fecha, que elude modificaciones relevantes al Plan Laboral de la dictadura para lo cual se requieren reformas estructurales, en tanto este se construyó con la finalidad precisa de impedir la distribución de poder al interior de las relaciones laborales”, indica la hoy académica de la facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Central.

Anticipa una judicialización extrema y sugiere a los sindicatos definir una estrategia para insertarse en este nuevo campo de acción.

 ¿Se cumplieron los objetivos iniciales de la reforma laboral?

 -Para nada. No enorgullece un país que por mandato constitucional expreso debiese respetar los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos ratificados, dicte leyes desconociendo derechos fundamentales de los trabajadores ya reconocidos en la cúspide del ordenamiento jurídico como es la Constitución.

¿Se refiere a titularidad?

-Su cuestionamiento es casi ridículo. Como no hay mal que por bien no venga, gracias a las componendas políticas y al controversial fallo del Tribunal Constitucional (TC) quedó un vacío legal en el reconocimiento de “grupos de trabajadores” como agentes negociadores, que deberá ser resuelto por los Tribunales. Si se mantiene la actual línea jurisprudencial de la Corte Suprema, su habilitación para negociar sólo debiese operar en ausencia de sindicatos, según lo permite -acotadamente- el Convenio N° 135 de la OIT, ratificado por nuestro país en 1999.

¿Qué le pareció el fallo del TC que objetó la titularidad y el posterior que eliminó la palabra sindicatos del texto?

-El primero fue eminentemente ideológico. Centró su argumentación sólo en un enfoque de la libertad sindical como ejercicio individual. Para la filosofía neoliberal no existe la libertad colectiva, y sólo son Derechos Humanos los civiles y políticos. Aquí, lógicamente, se cayó, porque doctrinariamente la libertad sindical es una derivación natural del Derecho de Asociación, el cual por definición persigue intereses colectivos. Respecto al segundo, que suprime la voz “sindicatos” en algunos artículos, es irrelevante, ya que la inmensa mayoría de las normas aprobadas los menciona.

¿Cómo se debe interpretar la ley laboral ahora cuando sea promulgada?

 -Como la razón de ser del Derecho del Trabajo es la protección de la parte más débil de la relación laboral, uno de los principios que lo informan en materia interpretativa es el “principio pro-operario”, es decir que en caso de dudas las normas deben aplicarse en el sentido más favorable para los trabajadores. En las relaciones colectivas donde los ejes centrales son el Principio de Libertad Sindical y los derechos humanos que lo configuran debiesen aplicarse utilizando las normas internacionales ratificadas por nuestro país.

¿Será mejor o peor para los trabajadores esta ley?

-No creo que esta reforma incida mayormente en la ya tan desmedrada situación del mundo del trabajo, a pesar que varias de sus normas apuntan a ello. Ahora el sindicalismo deberá estudiar la nueva normativa y decidir cómo utilizarla instrumentalmente. Entre las diversas vías se encuentra el accionamiento ante Tribunales, buscando progresivamente fallos cada vez más acordes con el Principio de Libertad Sindical, ya que los fallos del TC no limitan sus facultades jurisdiccionales. También está la posibilidad de recurrir ante organismos internacionales, como la Corte Interamericana de DD. HH. o la OIT, entre otros.

¿Se podrá aplicar esta reforma o se va a judicializar como señalan muchos abogados? 

-Concuerdo con quienes, desde veredas muy distintas, estiman que esta va ser una reforma de difícil aplicación. Ello, a mi juicio se generará por insuficiencias conceptuales, pésima técnica legislativa y frecuente sobrepasamiento de hecho de sus normas por el sindicalismo. Guste o no, se terminó trasladando a Tribunales conflictos que no son jurídicos sino políticos y sociales, tales como la titularidad sindical, el ámbito de la negociación, el ejercicio efectivo del derecho de huelga, entre otros.

¿Qué le parecen los servicios mínimos, ayuda o no a ejercer el derecho a huelga y no será una mini negociación previa?

-Estas y otras disposiciones pretenden limitar la huelga, ya jibarizada en extremo. Hay una desnaturalización de los “servicios esenciales”, según nomenclatura OIT, concebidos sólo para empresas estratégicas. Así, con “los servicios mínimos” todo tipo de empresa podrá alegar que la huelga pondrá en riesgo sus bienes corporales e instalaciones; será también el empleador el que determinará que trabajadores en huelga conforman los equipos de emergencia, entre muchas otras disposiciones que hiper reglamentan esta curiosidad de nuestros legisladores. Mi impresión es que en vez de incentivar el diálogo, como de buena fe pueden haber pensado sus creadores, sólo se van a alargar y agudizar los conflictos.

¿Comparte la advertencia que señala que las relaciones laborales se enturbiarán con esta reforma?

-No sé si el verbo “enturbiar” es el más correcto, ya que este supone que las relaciones actuales son pacíficas y o armoniosas, lo que no se corresponde con una realidad en la cual a los trabajadores se les desconoce o limita sustancialmente sus derechos colectivos y se le precarizan al extremo sus empleos. 

¿Se hacía necesario equilibrar las relaciones laborales como dice la CUT? 

-A juicio de muchos, la CUT no fue capaz de poner el tema de la democratización de estas relaciones ni en sus diálogos políticos ni al interior del mundo social. Lo habría utilizado en el discurso pero no se habría jugado por eliminar los principales amarres del Plan Laboral. 

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