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Michel Spence y elección de Trump: "El problema subyacente es que en la mayoría de los países, sobre todo desarrollados, la clase media se ha empobrecido"

logotipo de Pulso Pulso 14-11-2016 Francisca Guerrero

El personaje

Junto a George Akerlof y Joseph Stiglitz, Michael Spence ganó el Premio Nobel de Economía de 2001, por su trabajo en información asimétrica de mercados, momento en que sus voces ganaron influencia en los círculos de la economía mundial. Y es que además de la medalla sueca, Spence ha sido múltiples veces condecorado: con el premio “John Kenneth Galbraith”, por su excelencia en la enseñanza, y con la medalla John Bates Clark, que también premia el trabajo en economía y que ha anticipado varios de los Nobeles. 

Ph.D. de la Universidad de Harvard, hoy se desempeña como académico de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, donde está a cargo de la cátedra “crecimiento en el mundo desarrollado y economía global”. Es especialmente conocido en el mundo académico gracias a su modelo de educación en el mercado laboral, justamente donde aborda la asimetría de información que lo hizo acreedor del Nobel. 

A partir de su modelo estudia cómo los trabajadores pueden hacer uso de sus niveles de educación como una herramienta para enviar ciertos mensajes a los empleadores. Gracias a esto, los empleados altamente capacitados se esfuerzan por conseguir títulos de educación que son difíciles de obtener, precisamente para entregar una señal al mercado acerca de su alta capacidad y especialización. 

Antes de llegar a la Universidad de Nueva York, Spence se desempeñó como decano de la escuela de negocios de Universidad de Stanford y de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Harvard, donde también fue presidente del Departamento de Economía. Fue justamente en Harvard donde tuvo en su sala de clases a Bill Gates, quien lo ha calificado en múltiples oportunidades como su profesor más influyente. 

El ganador del Nobel también fue presidente de la Comisión sobre Crecimiento y Desarrollo (2006-2010), un grupo que desarrollaba políticas globales, centrado en estrategias para producir un crecimiento económico rápido y sostenible y para reducir la pobreza.

En el sector privado, ha trabajado como consultor de PIMCO, asesor senior de Oak Hill Investment Management y miembro del consejo de administración de la Stanford Management Company, así como de varias empresas, algunas de ellas públicas. 

Las áreas de experticia de Spence son múltiples: la política económica en los mercados emergentes, la economía de la información y el impacto del liderazgo en el crecimiento económico. En relación a ellas ha escrito tres libros y un total de 50 artículos. Gracias a su aporte académico también forma parte de la American Economic Association y de la Academia Americana de Artes y Ciencias y de la Sociedad Econométrica.

El personaje

Los sentimientos nacionalistas y anti globalización tienen explicación, para Michael Spence, en el descontento de la ciudadanía, particularmente en países desarrollados. Y ese descontento se debe, a su juicio, a la pérdida de protagonismo de la redistribución, clave en el progreso que experimentaron esos países tras las guerras mundiales. 

En conversación con PULSO, el ahora académico de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, considera que la victoria de Donald Trump, al igual que el Brexit y otros movimientos nacionalistas europeos, se enmarcan dentro de este fenómeno, que califica como peligroso.

De todas maneras, pone paños fríos y asegura que es tiempo de esperar y ver en qué medida se cumplirán las promesas de campaña del presidente electo de Estados Unidos.

La victoria de Donald Trump sorprendió a buena parte del mundo, ¿está igualmente preocupado?

-Todo el mundo tiene poca certeza sobre lo que pasará. Donald Trump cuestionó la globalización y el comercio, lo que justifica la preocupación del resto del mundo respecto a lo que ocurra bajo la presidencia de Trump.

Pero para ser honesto, realmente no sabemos lo que sucederá, está más en la categoría de esperar y ver. Al final, lo que tenemos es un alto grado de incertidumbre y preocupación sobre si Estados Unidos se echará para atrás, implementando barreras comerciales y cosas por el estilo.

¿Por qué en el país que impulsó el libre comercio en el mundo tuvieron buena recepción las ideas proteccionistas de Trump?

-El problema subyacente es que en la mayoría de los países, sobre todo desarrollados, la clase media se ha empobrecido mucho los últimos 30 años. Esto no había llegado a la política, pero lo cierto es que la gente no está contenta y esa molestia está saliendo a flote de diferentes maneras.

La realidad es que después de la guerra mundial tomaron fuerza las perspectivas redistributivas al interior de los países y a nivel internacional, pero en los últimos 30 años esto se ha vuelto menos relevante en cada país, especialmente en los desarrollados.

Esa es una de las razones que han impulsado sentimientos nacionalistas en Europa. Esto no es asunto exclusivo de EEUU, es un fenómeno global. 

El Brexit fue percibido como una votación contra la globalización y toman fuerza otros movimientos en la misma línea, como el liderado por Marine Le Pen en Francia, ¿qué implicancias tiene este fenómeno?

-Hay dos asuntos a considerar. Uno de ellos es económico, porque una porción muy reducida de gente ha recibido una extensa parte de los beneficios, lo que ocurre con especial fuerza en Estados Unidos y en el Reino Unido. Hay algunas excepciones, como Canadá que ha tomado un camino diferente y es mucho menos desigual, al igual que otras naciones nórdicas. 

Otra cosa que ves es que la globalización ha implicado una gran pérdida de soberanía y control. Tienes grandes fuerzas económicas operando en economías que han controlado a las fuerzas políticas, frente a lo cual la gente no se siente conforme, porque como dicta la democracia quieren ser ellos los que deciden lo que ocurre finalmente.

Hay una versión más complicada de ese problema en Europa, que quiere estar cada vez más unificada y ese proceso se ha estancado e incluso ha ido en reversa. Todo eso contribuye a los sentimientos anti globalización, o más bien favorece el retorno de los nacionalismos. Entonces vemos países que quieren más unión, otros más nacionalistas y algunos que están en medio, lo que no resulta muy cómodo. Las tendencias populistas y nacionalistas son particularmente engañosas, difíciles y peligrosas, porque impiden el proceso de reunificación.

¿Qué riesgos puntuales enfrenta América Latina con la agenda económica de Trump?

-Si no se propone terminar o renegociar tratados de libre comercio, la región básicamente estaría bien. Los últimos que tuvieron problemas, países de ingresos medios, recuperaron su potencial de crecimiento, Brasil está en camino a recuperar el crecimiento y la estabilidad. Chile también está bien. Los precios de commodities se están estabilizando. En Latinoamérica no veo que haya un evidente e importante riesgo. Por el contrario, el plan de infraestructura de Trump podría impulsar el precio de las materias primas y eso sería beneficioso para países como Chile.

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