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Patricio Zapata: "No es el pueblo el que habló, fueron 180 mil chilenos. Hay que evitar un lenguaje que sugiera que le estamos dando un peso que no tiene"

logotipo de Pulso Pulso 26-12-2016 Gladys Piérola

El presidente del Consejo Ciudadano de Observadores del Proceso Constituyente, Patricio Zapata, está en plena redacción de las bases ciudadanas que le entregarán en las próximas semanas a la Presidenta Michelle Bachelet. Lo que estaba previsto para fines de octubre terminará en enero, pues la sistematización de los fundamentos se atrasaron más de lo acordado por el Gobierno y los observadores. Sin embargo, el abogado destaca que en estos temas “no hay que adelantar el tranco”. 

¿En qué etapa está la redacción de las bases ciudadanas?

-Estamos tratando de encontrar una mirada común sobre la información que ya existe. Cada uno de los consejeros tiene algo que aportar y tiene un modo de pensar estas cosas. El informe sería malo si fuera un pegoteo de cosas muy distintas. El objetivo ambicioso que tenemos es que haya un informe, no dos ni tres ni cuatro y uno firmado por todos. Uno puede entregarle a cada uno un pedacito y después pegarlo, pero creo que no es la idea. La idea es que sea leído de forma fácil por toda la gente. 

¿Hay criterios definidos  de cómo  se explicará lo que los chilenos conversaron?

-Lo que más le interesó explorar a los sistematizadores fue en qué modo se posicionaba el ciudadano cuando opinaba. Se posicionaba en modo de describir algo, en modo de hacer un juicio moral, o en el modo de exigir acciones. Nosotros pensamos que eso es muy interesante ponerlo en el informe, pero no reemplaza una segunda perspectiva que es lo que quiere decir la persona cuando por ejemplo dice el concepto “justicia”. Hay gente que piensa que “justicia” es acceso a tribunales, otros en justicia económica y otros en justicia social. La mayoría de los consejeros somos abogados y por ese lado queremos aportar. Algunos podrán decir que no se justifica que hayan dos miradas sobre un mismo material, pero para eso tengo dos defensas. Nuestra mirada aunque sea redúndate es gratis, así que si alguien acusa que estamos duplicando esfuerzos y recursos, no nos están pagando y la segunda, es que quizás los sistematizadores no se animaron o no tuvieron tiempo o no estaba en su giro darle ese contexto.

Pero esto llevó a una discusión interna entre los consejeros sobre cuál sería el criterio editorial. Si se decía exacto lo que la gente decía o se le daba un valor “jurídico” a los fundamentos... 

-Siempre ha habido una cierta tensión creativa, que la considero positiva, porque no es una pugna, es la necesidad de ser súper fieles y de no sobreinterpretar. No por “enchular”, vamos a meterle de nuestra cosecha. Esa tentación siempre está ahí. Y por otra parte, no queremos entregar un informe que sea como un documento de notario, que simplemente pone un montón de números. Eso sería hacer lo mismo que hizo la sistematización y no se podría leer. Lo leerían los sociólogos, pero no las personas que armaron su encuentro local, que  tuvieron una conversación y quieren saber cómo fue la conversación en otras partes. El informe nuestro será absolutamente fiel a las cosas que se dijeron. Queremos poner a la vista de los que quieran, la conversación que hubo y eso supone un desafío editorial de cómo lo escribimos, pero también discernir cómo agrupamos las opiniones.

Eso es la parte más cualitativa, pero también hay una fase más administrativa, ¿hay alguna autocrítica del Consejo? 

-Nosotros vamos a entregar tres informes: uno administrativo, de cuántas veces nos reunimos; otro, con nuestras observaciones, ahí vamos a decir qué cosas observamos y cuáles no, qué cosas se nos pasaron, qué cosas no hicimos bien. Va a haber autocrítica y harta, lo digo porque estoy redactando el borrador de esa parte. También vamos a expresar algunas diferencias que tuvimos con el Gobierno, no para decir ‘te lo dije’ o comparar, porque creemos que el informe de observaciones les permite, a los que el día de mañana diseñan algo parecido, puedan ver qué cosas se pueden aprovechar. Esto es personal, estoy convencido que el óptimo siempre es que uno conforme estos Consejos de Observadores con una anticipación tal, que les permita estar trabajando de forma afiatada antes que comiencen a ocurrir los hechos, que se conozcan, y que esté clara su base jurídica. Nosotros en el informe vamos a hablar del tema del decreto que nos dio los límites y atribuciones. No fue lo mejor que estuviéramos sin conocer ese texto final, tomado razón por la Contraloría, sino hasta tres meses y medio después de empezar a funcionar. No me consuela que me digan que eso pasa en todas las comisiones. Es verdad, en todas las comisiones pasaba lo mismo, pero la diferencia es que nosotros no estábamos haciendo un estudio sobre un tema. Nosotros estábamos todos los días recibiendo críticas y una de las críticas era dónde está el decreto, cuáles son los límites. En este informe que se llama de “las observaciones” vamos a ser muy autocríticos. Cometimos errores nosotros y cometió errores el Gobierno. 

Hay interés de lo que resulte de esta etapa del proceso constituyente. Por un parte el Gobierno está esperando las bases para continuar la discusión y por otra parte, hay un sector de la ciudadanía que cree que la nueva Constitución es la solución a todas sus demandas, ¿cómo combinarán ambas expectativas en el texto? 

-Hay un equilibrio que lograr. No queremos hacer un texto frío, lleno de números, porque por lo menos en mi caso, lo que ocurrió fue bonito, valioso e importante. Uno quiere que sea un texto que plasme esa empatía y cercanía de los encuentros. Por otra parte, no nos hace bien sobredimensionar con palabrerías desmesuradas, porque no es el pueblo el que habló, fueron 180 mil chilenos. Hay que evitar un lenguaje que sugiera que le estamos dando un peso que no tiene. Por otra parte, como vimos los problemas que hubo, las fallas y los defectos, tampoco vamos a salir diciendo que esto es la octava maravilla ni vamos a decir “países del mundo vengan a imitar esta cosa que es fantástica”. Quizás hubo una época en que lo podías presentar así y salirte con la tuya, con un trabajo creativo y comunicacional. Pero estamos en un momento, donde la gente es hipercrítica, no se va a tragar ninguna rueda de carreta y le va dar risa, si alguien le llega a presentar un nuevo mito fundacional de la república chilena. Es el equilibrio es lo que buscamos. Es ser sobrio, lo más sincero posible, pero si uno tiene una pasión, poder comunicarla. Nosotros cumplimos con el informe, pero es el Gobierno el que tiene que decidir la puesta en escena y el discurso de la Presidenta .

En esa puesta en escena, el Gobierno incluyó proceso constituyente en su lista de prioridades  y después de las bases discutirán si es viable la reforma constitucional al capítulo XV, ¿cómo  ve los ánimos políticos para sacar adelante el tema? 

-Pese a que los últimos tres años han sido años de bastante división política sobre distintos temas y el debate público a veces se vuelve muy virulento, creo que si se compara el contexto en el que discutíamos el tema constitucional el 2013, cuando asumió la Presidenta Bachelet y el 2016 que ya termina, uno descubre que en estos años no sólo tuvimos 9 mil encuentros locales, decenas de libros  y seminarios, la discusión no se ha polarizado ni una décima. Por el contrario,  hay muy poca gente que te diga, “creo que no hay que hacer ninguna reforma constitucional o sólo hay que hacerle algunos maquillajes”. Por ejemplo, el piso es lo que propuso Andrés Allamand en las primarias de la derecha el 2013 y es lo que propuso Chile Vamos con 80 reformas. El piso es lo que dijo el ex Presidente Sebastián Piñera cuando fue al CEP. Por otro lado, uno escucha que importantes partidarios del cambio de Constitución que dicen que se tienen que reconocer los derechos individuales y a los derechos a la propiedad, que es un gran fantasma que preocupa al empresariado. No se produjo el problema que algunos vaticinaron, que iba a haber una polarización, descalificaciones y que íbamos a terminar más alejados. Estoy convencido que se acercaron las posiciones, pero como ningún grupo fue capaz de imponer sus propuestas en el resultado, tenemos una contribución que nos sirve a todos. 

Se ha hablado del tema de los tiempos. El calendario original del Gobierno se va atrasar al menos 3 meses, pues en octubre tenía presupuestado la entrega de las bases ciudadanas y éstas estarían la tercera semana de enero...

-Estoy más convencido que nunca que no hay que dejar que ciertos plazos te obliguen hacer las cosas de un modo que no te deje tranquilo. Entiendo que hay urgencias como hacer un puente o un camino, pero para cosas estratégicas como ésta, sería un error apurar el tranco o improvisar. Cuando tuvimos diferencia de opinión, cuando se dijo que sería bueno extender el plazo de los encuentros locales, que más nos gustaría extender el plazo una vez más, pero eso va a tener un costo sobre la calidad. 

¿y el Ejecutivo lo entendió así?

-Cómo se reivindica esa seriedad que tratamos de tener presente. O sea, era muy impopular decirle al Gobierno, cuando estaban agarrando fuerza los encuentros locales,  “sabe qué más, que si queremos hacerlo bien, un mes más de encuentros locales nos va a complicar los cabildos. No vamos a tener facilitadores, porque el contrato expiran. No vamos a tener los recursos. No vamos a tener tiempo para sistematizar”. Además, mandamos una señal de que esta cuestión no es fiesta de curso que se va acomodando informalmente. Seamos flexibles en lo que se pueda, pero no mandemos señales que esto que está al servicio de las necesidades del Gobierno. Nosotros no podíamos tampoco entrar en ese código.

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