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Post verdad

logotipo de Pulso Pulso 06-01-2017

Este concepto -declarado por algunos medios como la palabra del año 2016- tiene mucho para reflexionar. Esto no sólo porque ha sido un esquema relevante para interpretar la victoria del Brexit, sino también porque es factible que se instale en la reflexión acerca de la empresa.

Desde el punto de vista filosófico, el concepto es bastante pobre. En realidad no tiene una significación conceptual digna de ser estudiada formalmente. Con esto me refiero a que la post verdad es una suerte de relativismo racional que concluye que nada puede ser realmente conocido con verdad: no hay realmente objetividad.

Con respecto a la política, veremos que sí tiene un impacto mayor, en especial porque parece que desde ahora ya no es posible confiar en la medición ni en las encuestas. Ello no porque las metodologías no sean suficientemente rigurosas, sino porque el objeto de estudio (el votante) se comporta de una manera irracional, emocional e impredecible. Así, el ciudadano ya no entiende razones, e incluso puede preferir inclinarse por una opción política que claramente tiene consecuencias negativas para la sociedad. No es un votante sobre-ideologizado (como el votante de Maduro en Venezuela), sino simplemente emocional y cambiante, que puede adherir a una causa por un período corto de tiempo y sin identificarse con ella de manera vital y biográfica. Así, el ciudadano inglés, contra toda recomendación técnico-económica, sin ser realmente un nacionalista, votó la salida de la UE, porque parece que los ánimos y sentimientos generales era lo que indicaban. Ahora, en estricto rigor, la post verdad es una suerte de tendencia contra el conocimiento técnico, no es sólo lo contrario a la tecnocracia, sino más bien una suerte de desprecio por la visión técnica del funcionamiento de la vida social, especialmente representada en el conocimiento económico. Con ello la opinión de los economistas es irrelevante para quienes viven esta post verdad; lo que es siempre un claro riesgo, pues no hacen otra cosa que matar al mensajero, pero nunca evitar el riesgo de la recesión de la que los buenos economistas saben alertar.

Para el caso de la empresa, la post verdad puede transformarse en una nueva moda. Así como hemos visto ya en muchos autores del management (de esos que logran motivar a los alumnos del MBA de turno con algún libro que explica el nuevo mantra de los negocios), es casi seguro que alguno de esos ya estará escribiendo algo así como “managing the post-truth” o “the post-truth leadership”. Lo importante es que esta moda no se transforme en una cultura de trabajo que quiera hacer de la empresa un lugar sin “técnicos”, porque el riesgo que hemos vivido en la política, ahora podemos vivirlo con nuestros trabajos.

*El autor es profesor de ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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