Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Previsión: evitemos un disparo en los pies

logotipo de Pulso Pulso 24-08-2016

LA PRESIÓN de la calle ha vuelto a ser el detonante de la agenda de reformas, ahora en materia previsional, lo que genera el riesgo de caer en soluciones facilistas o derechamente populistas.

Es evidente que existe un problema en materia de pensiones, originado en tres factores fuera de discusión. El primero y más obvio es el aumento en la expectativa de vida, ciertamente una noticia positiva, pero que exige preocuparse sobre cómo se vive en esos años adicionales, que además enfrentan costos de salud crecientes.

El segundo es la caída en los retornos de largo plazo, que lleva ya varios años, sin que existan fundamentos para una reversión importante en un plazo razonable. Estas dos condiciones hacen inevitable una combinación de mayor ahorro en la vida activa junto con una prolongación de la misma. El tercer factor es la caída de la tasa de natalidad, siendo entonces poco aconsejable volver a un esquema de reparto, por bonito que suene eso de la “solidaridad intergeneracional”. Basta decir que actualmente existen en Chile cinco trabajadores activos por un pasivo, relación que caerá a algo más de dos en 30 años más. Este cambio demográfico no afecta en igual magnitud al sistema de ahorro individual.

Un cuarto factor importante de enfrentar es el evidente problema de desconocimiento de gran parte de la población sobre el sistema de ahorro individual, que sin duda debe seguir ser siendo un pilar fundamental de la previsión social. Tan importante es este punto que seguramente la actual discusión tendrá como importante beneficio el que la población tome mayor conciencia sobre el financiamiento de su futura jubilación.

Una reforma que no se haga cargo de estos factores no sólo contribuye poco a la solución, sino que además llevaría a la necesidad de una tercera reforma previsional en algunos años, lo que sería sin duda un disparo en los pies. Si en algo existe consenso es que estamos muy atrasados en las necesarias modificaciones al sistema, por lo que el desgaste político y económico que significa hacer cambios sería un desperdicio si sólo se hacen ajustes para calmar a la calle.

El Gobierno ha declarado su intención de buscar un acuerdo nacional en esta reforma, lo que hasta ahora es lo más valorado de los anuncios, ya que el resto deja más preguntas que respuestas, sin que se aborde en forma directa lo que constituye el corazón del problema previsional.

El centro de las propuestas es un aumento considerable, aunque paulatino, de un 50% en la tasa de cotización, que además sería “de cargo” del empleador. Sabemos que eso es una ficción, ya que quien pague finalmente esta mayor cotización depende de las elasticidades de oferta y demanda de trabajo, siendo muy probable que gran parte sea finalmente pagada por los trabajadores, a través de una combinación de reajustes salariales inferiores y menor contratación formal.

MÁS GRAVE es el hecho de que parte importante de esa mayor contribución iría a financiar un sistema de reparto, lo que se traduce en que el pago pase a ser un impuesto al trabajo formal, ineficiente y además regresivo, debido a la existencia del tope imponible. Si se quiere profundizar el Pilar Solidario, lo que parece válido, es más eficiente que sea con cargo a ingresos generales del Fisco, alterando las discutibles prioridades de gasto de este Gobierno.

Si finalmente el aumento de cotización se destina a las cuentas individuales, para el trabajador es cambiar consumo presente por consumo futuro, lo que incluso tiene beneficios en términos de crecimiento de ahorro e inversión. No olvidemos que sigue siendo un desafío para el país el logro de mayores tasas de ahorro e inversión, especialmente considerando el efecto negativo en este aspecto que tuvo la Reforma Tributaria.

Tampoco parecen una buena idea las propuestas relativas al cobro de comisiones por parte de las AFP, ya que podrían generar incentivos perversos en términos de la búsqueda de retornos, con un efecto muy negativo en las futuras jubilaciones.

Por otra parte, igualar las tablas de mortalidad por sexo hace inviable la opción de retiro programado, que representa un porcentaje muy importante de las jubilaciones actuales. Existen buenas propuestas sobre seguros de longevidad que resuelven el problema de mejor manera, sin generar un impacto regresivo en los sectores de menores ingresos (que viven menos) y manteniendo la opción del retiro programado.

En definitiva, nadie duda que se necesitan cambios profundos en la política previsional en Chile, tanto en su pilar de ahorro individual, obligatorio y voluntario, como en su Pilar Solidario, que ya constituye una forma de solidaridad intergeneracional mucho más eficiente y justa que el reparto tradicional. 

*La autora es investigadora Centro de Estudios Financieros, Ese Business School, Universidad de los Andes.

Más de Pulso

image beaconimage beaconimage beacon