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Probidad sindical

logotipo de Pulso Pulso 16-09-2016

Al considerar que en el último tiempo ha habido una revisión crítica de los estándares de probidad de todas las instituciones políticas y públicas, ahora se hace necesario ponderar si los procesos de representación sindical en Chile cumplen con las expectativas de la ciudadanía.

En general, los criterios que permiten resguardar el funcionamiento correcto de las instituciones están dados, en primer lugar, por la responsabilidad personal de sus integrantes y, en segundo lugar, por la existencia de procesos institucionales que, entre otras políticas, limiten los conflictos de interés e integren normas de transparencia.

Con respecto a lo primero, si son efectivamente ciertas las acusaciones de falsificación del número de afiliados a los diversos gremios con el objeto de alterar dolosamente la elección de la mesa ejecutiva de la multigremial, entonces es claro que los dirigentes no están a la altura para presidir una institución tan importante como la CUT.

Esto es así no sólo porque pudieron haber tenido una participación directa en el fraude, cuestión que no es clara todavía, sino también porque hay una clara negligencia dirigencial al haber descuidado un proceso eleccionario que hace años da síntomas de falta de probidad. Para esto último basta con remitirse a las palabras del presidente del sindicato de empleados bancarios.

Por otra parte, y en relación con la organización de la Central, creo que es importante discutir la conveniencia de que los partidos políticos participen directamente del mundo gremial. El espectáculo de los candidatos en las elecciones de la CUT ha sido también irresponsable, pues no se condice con la finalidad de las organizaciones gremiales, sino con un interés partidista.

De este modo, la intervención de la DC, del PS y en especial del PC da claros síntomas de un conflicto de interés y falta de transparencia avalada por la participación directa de los partidos en los gremios.

Por lo demás, esta situación puede agravarse: imagínese qué ocurriría si el presidente de la CUT y el ministro del Trabajo fueran del mismo partido. También podría suceder que el diputado que preside la Comisión de Trabajo de la Cámara fuera correligionario del presidente de la gremial. En fin, si de conflicto de interés hablamos, la CUT y los partidos tienen bastante que avanzar en probidad gremial. A ver quién se atreve a dar el primer paso. 

*El autor es profesor de ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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