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Qué buenos desafíos

logotipo de Pulso Pulso 24-10-2016

Terminando ya una semana de conferencias en México, me viene a la mente una de aquellas frases que se te quedan a veces dando vueltas en la mente, como un ave que intenta encontrar a golpes la salida de su prisión: fue en una de las conferencias centrales, cuando una alta autoridad gubernamental del país persuadía al auditorio sobre los planes y proyectos que eran parte central del desafío futuro de la región, a partir de una larga lista de oportunidades y posibilidades de crecimiento a través de inversión pública y privada. Todo muy bien y deseable, no obstante y frente a las consultas sobre las necesidades todavía no resueltas-por parte de algunos de los asistentes-, la autoridad declaraba “lástima que aún tenemos muchos desafíos en nuestro país”.

Y este es el asunto, pues son siempre los desafíos los que dan sentido al desempeño de quienes dirigen los destinos de los macro proyectos propios de la dirección nacional, como también de quienes dirigen los destinos de las empresas y organizaciones. En verdad no es el caso el suponer que es una “lástima” contar con los desafíos o problemas no resueltos, pues si el mundo no nos ofreciera tales desafíos entre lo que deseamos para nuestras comunidades y las condiciones en que nos encontramos actualmente, pocas razones habría para requerir de los servicios de quienes dedican sus vidas a la dirección pública o privada (ambos tomadores de decisiones que impactan la realidad a nivel grupal, organizacional o masivo).

Si observamos el particular efecto que la toma de decisiones tiene sobre la realidad cotidiana, podremos concordar en su ineludible conexión con circunstancias no resueltas (o mal resueltas), pendientes o inexistentes (pero necesarias); todas variables vinculadas con distintos tipos y niveles de complejidades que se relacionan con soluciones cuyos desafíos dependen a su vez de las bien o mal preparadas mentes de nuestras directivas y directivos. Y esto es parte del asunto: los directivos deben ser preparados para entender los desafíos como sus oportunidades, porque es para esto que las organizaciones los contratan (¿seriamente no sabían esto?).

Acometer decisiones complejas, responder asertivamente y solucionar eficientemente anticipando efectos y beneficios, ¿suena difícil?, ¿acaso imposible?, pues si esta fuera la situación dedíquese a otra cosa, porque a quienes sí se les dan los llamados a resolver el puzzle de las complejidades futuras en tiempo real, deben ocuparse de dirigir: los reales líderes y directivos gustan de los desafíos que en buena hora se les presentan (y a la gente capaz e inteligente no se le puede faltar el respeto con tareas fáciles).

RECUERDO el caso de un seudo directivo académico que pude ver en “acción” cuando tuvo su oportunidad de dirigir una facultad: incapaz de acometer los desafíos que el cargo suponía, se escudaba en los pocos capaces que tenía a mano (el resto era de un apropiado nivel de mediocridad para no hacer sombra a su ya derretida estatura). Es el típico caso del bien relacionado con escasa materia gris que se atrapa con dientes y uñas a lo mejor que le ha pasado en la vida, y que bien se sentiría aliviado si pasara el tiempo sin ruidos, penas ni glorias, para pasar a mejor vida en un cargo inferior bebiendo de las glorias pasadas, ojalá en un lugar donde nadie espere que él escoja, resuelva o tome decisiones: el mejor de los mundos para que nadie note su mediocridad, el peor de los mundos para las instituciones y la sociedad que las acoge. Pero pensemos positivamente y con sentido de futuro: no hay mal que dure mil años y la tierra sigue girando a pesar de estos especímenes que viven cuan garrapatas en cargos públicos y privados.

Para el resto de quienes sí ponen esfuerzo y profesionalismo por realmente mejorar aquello que está a su alcance, nunca será “una lástima” contar con pequeños, medianos o grandes desafíos, porque ciertamente contar con ellos (o con la oportunidad de resolverlos) es una necesidad que vitaliza y justifica la presencia de quienes se forman, han formado y se toman en serio la oportunidad de ejercer de tomadores de decisiones.

Probablemente todos conocemos a hombres y mujeres que ejemplifican las capacidades y esfuerzos para tomar decisiones beneficiosas para ellos y la sociedad. Por nuestra parte y puestos en el terreno de recordarlos, bien podemos contar un sinnúmero de casos de emprendedores y empresas que nos dimos cita en el Social Business Forum al que nos invitó como conferencistas Muhamad Yunus hace un par de años: los desafíos de entregar luz a hogares sin red eléctrica, gas auto-producido en aldeas sin redes ni suministro, proporcionar educación primaria a más de 50 millones de niños sin opciones, a los 162 millones en condiciones de desnutrición que Naciones Unidas registró en 2015, a quienes sobreviven en los países en conflicto. Y a nivel local, sólo una muestra: la chica que llega sin zapatos a dar el Simce, el estudiante que se duerme en clases porque los adultos en casa “trabajan” de noche, el hospital que no tiene ambulancia, el agua que no llega, las carreteras que no avanzan… Estos son desafíos y de seguro que si convocamos la construcción de una enciclopedia colectiva tendremos muchos más. Enhorabuena por los pequeños y grandes desafíos… y por quienes realmente viven para resolverlos.

*El autor es autor y consultor internacional (fj.garrido@ebscg.com).

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