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"Ricardo: no eres tú, soy yo"

logotipo de Pulso Pulso 29-09-2016

Solíamos juntarnos una vez al año en un asado cuatro amigos y sus respectivas señoras. Siempre tocábamos el mismo tema. Una de las parejas nos contaba acerca de lo felices que eran haciendo múltiples actividades juntos; salían a trotar, conversaban mucho cada día, se paseaban tomados de la mano, habían desarrollado los mismos gustos y los compartían.

Las otras tres parejas nos mirábamos con cierto grado de vergüenza y admiración cuando escuchábamos acerca de la relación de nuestro amigo Ricardo y su señora. Hasta que un año Ricardo llegó solo al asado y le preguntamos qué había ocurrido. Nos dijo que su señora le había dicho la conocida frase: “No eres tú, soy yo”.

La situación de perplejidad para quien cree que lo ha dado todo y que se merece el mayor respeto y lealtad es una buena analogía para explicar lo que debe estar sintiendo el ex Presidente Ricardo Lagos con el anuncio de su intención de presentarse como candidato presidencial en representación de los partidos de la Nueva Mayoría.

La ciudadanía, a través de la primera encuesta posterior a su anuncio de que pretende competir para convertirse nuevamente en Presidente de la República, le ha dado vuelta la espalda. El ex mandatario cae siete puntos desde la medición de agosto en el ranking político de Cadem, pasando de un 34% de aprobación a un 27%. Debido a lo anterior, Ricardo Lagos acumula una caída de catorce puntos porcentuales desde mayo.

¿Qué justifica este desenamoramiento?

Lagos había evitado anticipar una decisión hasta el año que viene, pero coqueteaba con la idea. Sin embargo, repentinamente se ofrece para recomponer, según sus propias palabras, “la peor crisis institucional de su historia -con la salvedad del golpe militar de 1973- en medio del escenario de desconfianza ciudadana y deslegitimación de las autoridades políticas, judiciales y los actores del mundo empresarial”.

Para algunos, la arremetida anticipada del ex Presidente fue oportunista, estimando que tenía como objetivo frenar tempranamente las aspiraciones presidenciales de Isabel Allende y de José Miguel Insulza en representación del Partido Socialista, del diputado Jorge Tarud del PPD y del emergente radical Alejandro Guillier.

Para el diputado independiente por Magallanes, Gabriel Boric, Ricardo Lagos representa “la peor cara” de la Nueva Mayoría, debido a su cercanía con los empresarios, su afán por lograr acuerdos y por no representar el ideal disruptivo que ellos tienen para la sociedad chilena.

Según Alejandro Guillier, el ex mandatario representa la política del siglo pasado y le pareció mal visto que se presentara como el salvador de la patria.

Para el electorado joven, Lagos es percibido como un candidato megalómano, autoritario y octogenario, muy alejado del Chile que cambió.

Lo concreto es que Lagos no encontró agua en la piscina de los políticos, ni en la de la ciudadanía. Su “piscinazo” terminará con él claudicando antes de las primarias. Me la juego a que no llegará a la papeleta final.

El problema de Lagos, a mi juicio, es que no se dio cuenta de que para los partidos de la Nueva Mayoría él ya no es funcional. En efecto, para el ala más conservadora de la DC es imperioso contar con un candidato propio, sin pasar por primarias, para dejar de ser el “arroz graneado” de la nueva coalición. Según esta visión, el poder de negociación de la DC aumenta mucho si se evita el chascarro de perder en una primaria y tener que adherir a ciegas nuevamente a las promesas que haya hecho quien resulte ganador.

Para el PPD la situación es muy compleja, ya que según el senador Guido Girardi, “la campaña de Ricardo Lagos hoy día más bien aparece situada como una campaña bandera de la élite y del establishment”, haciendo referencia a los empresarios que le han dado a Ricardo Lagos el “abrazo del oso” al salir a apoyarlo, haciéndolo parecer como el candidato de los empresarios.

Además, el diputado Tarud le ha puesto un obstáculo del que no le será fácil desentenderse. Tarud quiere ser precandidato presidencial nominado por el partido y cree contar, en un esquema de primarias abiertas, con mayor adhesión ciudadana que Ricardo Lagos. En consecuencia, es altamente improbable que Ricardo Lagos acepte someterse a la posibilidad de ser derrotado por Tarud en unas primarias dentro del PPD.

Para el PS, Isabel Allende debería ser la candidata natural, ya que su lejanía con el empresariado le otorga más garantías de poder adherir a un pacto con el resto de izquierda dura reformista. Para el PS el relato consiste en intentar convencer a la ciudadanía que hay que continuar profundizando las reformas, pero con mejor implementación.

Para la izquierda que está más allá del PC, la figura de Ricardo Lagos le resulta simplemente repugnante, ya que no sería parte de la revolución que pretenden desatar.

Pero lo más relevante es que los partidos responden a la voluntad popular. Harían cualquier cosa por presentarse ante ella con un candidato con cara de príncipe azul con el cual la calidad de la luna de miel esté garantizada. Claramente como el “sex appeal” de Ricardo Lagos ya no es su fuerte, los votantes le dirán al igual que a mi amigo: “Perdona Ricardo, no eres tú, soy yo”.

*El autor es ingeniero comercial UC (@carreragonzalo).

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