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Rodrigo Jordán: "Este ciclo de bajo crecimiento ha sido más eficiente en la caída de la pobreza que el dinamismo que hubo en años anteriores"

logotipo de Pulso Pulso 29-09-2016 Juan Pablo Palacios

Recibió los resultados de la Casen 2015 mientras estaba en Londres, Inglaterra. Rodrigo Jordán, presidente del panel de expertos que supervisó el estudio, relevó la caída de 14,4% a 11,7% en la pobreza, pero dice que es insufiente porque aún existe más de medio millón de personas en indigencia. Si bien dice que hay que esperar la liberación de la base de datos, se la juega y plantea que el actual ciclo de menor crecimiento  ha sido más eficiente en la baja de la pobreza, en comparación al dinamismo de años pasados.

¿Cuál es la primera lectura que hace de los resultados?

-No me deja de seguir impactando la cifra de pobreza extrema por ingresos. Hay en torno a 600 mil personas. A ellos ni siquiera les alcanza para satisfacer necesidades básicas. Es una vergüenza que tengamos más de medio millón de personas viviendo en esas condiciones. Ahí hay un desafío país, no podemos dejar de mirar esa realidad. En Chile hay recursos, inteligencia, capacidad e instituciones para que eso no ocurra. Sí reconozco que el país ha avanzado, pero todavía nos queda pega por hacer. 

¿Qué ha fallado para que se mantenga la extrema pobreza?

-Creo que entendemos poco. Cuando incorporamos la medida multidimensional estamos tratando de comprender mejor lo que es la pobreza. En la Fundación para la Superación de la Pobreza (FSP) entendemos que las expresiones de la pobreza son múltiples. Las causas también son múltiples. Es distinto un pobre urbano en Temuco que un pobre rural en Atacama. Uno puede pensar que con ciertas políticas públicas y ciertos incentivos al empleo puede mejorar eso. Pero hay que reconocer que el porcentaje de pobreza extrema es refractario frente a todo lo que el país intente hacer. Muchos de estos hogares son monoparentales con una mujer a cargo, donde se complejiza el cuidado de los niños frente a las necesidades laborales. Es complejo avanzar ahí. 

¿El foco debe estar en educación y transferencias monetarias?

-Hay mucha discusión sobre esto. Nadie puede estar en contra de dar más educación, pero eso tiene efectos en el mediano plazo. La pregunta es cómo solucionamos la extrema pobreza hoy con subsidios. Pero hay que tener en cuenta que también con eso se puede caer en la trampa de que el subsidio no inste a un desarrollo personal. Es difícil superar esto.

¿Qué pesó más en la baja de la pobreza por ingresos? ¿El crecimiento o las políticas públicas?

-Esta semana se libera la base de datos de la Casen y hay que mirarla bien para empezar a hacer inferencias de por qué bajó la pobreza. Sí hay datos que permiten ver que los ingresos autónomos son mayores que los ingresos laborales y probablemente allí hay cifras de una pensión por jubilación de un integrante del hogar. En todo eso deben estar escondidas las razones de por qué bajó la pobreza, a pesar de la disminución del crecimiento económico. Sin embargo, hay un trabajo de Juan Carlos Feres (presidente de la FSP) donde calcula que aunque ha disminuido la tasa de crecimiento, la pobreza ha seguido disminuyendo. Este ciclo de bajo crecimiento ha sido más eficiente en la caída de la pobreza que el dinamismo que se observó en períodos anteriores. Esto es importante tenerlo en cuenta porque vamos a seguir enfrentando períodos de crecimiento económico moderados. Sería bueno entender bien por qué a pesar del bajo crecimiento todavía puedes disminuir la pobreza.

Se ha planteado que la velocidad de caída de la pobreza decayó. Eso es verdad, pero comparativamente con los períodos anteriores de alto crecimiento, esta baja ha sido más eficiente pese al modesto crecimiento económico. En todo caso la baja de la pobreza puede ser por muchas razones, como las mejoras salariales.

¿Y las políticas públicas?

-Sin duda que sí, pero habría que ver qué política pública. Hay que tener en cuenta que la pobreza se mide por ingresos autónomos y las políticas de subsidios no debieran afectar la medición.  

¿Comparte la afirmación de que hay indicios de que las reformas apuntan a bajar la pobreza y la desigualdad?

-La encuesta fue tomada entre noviembre y enero de 2016. Se preguntó por los ingresos del período anterior. Hay que ver qué políticas públicas se aplicaron a principios de 2015 que pueden haber tenido un impacto sobre la declaración de los ingresos que las familias hacen en el segundo semestre del año pasado. Me parece que la Reforma Tributaria no alcanza a entrar. Eso habrá que mirarlo cuando se libere la base de datos.

¿Pero coincide en que las reformas tendrán efectos positivos?

-Las reformas apuntan a una mejoría de la calidad de la vida social, pero hay que tener cuidado con los impactos que eso tendría sobre otras áreas de la economía.

¿Concuerda en que es estadísticamente significativa la baja de la desigualdad?

-Que baje el índice de Gini es positivo, pero hay que mirar bien los datos. Si se ve la distribución de los ingresos, se podría argüir que los ingresos más bajos no han subido tanto, mientras los ingresos más altos tampoco han subido. Entonces estaríamos nivelando hacia abajo. Estadísticamente el país es más igualitario. Si el país se hace más igual porque los sectores más acomodados tienen menos ingresos, eso está bien, pero no es lo que uno quisiera. Lo ideal es que suban los ingresos de los más pobres.

¿Comparte la idea de liberar la serie histórica con la metodología antigua del cálculo de pobreza?

-Por algo quisimos cambiar la metodología y los parámetros. Si se mira hacia atrás, podríamos llegar al absurdo de que se ha terminado la pobreza extrema. Eso no es así, lo vemos en las calles. No le veo mucho sentido hacer ese cambio. La serie hoy tiene los datos de 2009, 2011, 2013 y 2015. Claramente ahí hay una tendencia. La serie está hecha hasta donde se podía hacer. No se puede ocupar la metodología para el período antes de 2006. Esas mediciones incorporaron otras preguntas. Hay que estar orgullosos de que cambiamos la forma de medir pobreza, la hicimos más exigente.

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