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Sebastián Claro: "Pancho era muy riguroso en su análisis, poco dado a dar opiniones personales"

logotipo de Pulso Pulso 29-08-2016 Miriam Leiva P.
© PULSO

"La primera vez que lo tuve como profesor, él venía entrando como decano", recuerda el vicepresidente del Banco Central, Sebastián Claro, cuando en 1995 se encontraron con Francisco Rosende en el aula curso de teoría macroeconómica.

 "Era bastante exigente, muy didáctico, su curso se situaba en la teoría de ciclos reales que estaba en apogeo en la época y en la teoría monetaria. Pero lo que más destacaría de Pancho es que era muy riguroso en su análisis, poco dado a dar opiniones personales sobre los distintos temas, sino que más bien favorecía a que sus alumnos sacaran sus propias conclusiones a la luz de la teoría y de lo que se discutía en clases", señala el economista. 

¿Qué pedía de sus alumnos?

-Él era poco dado a la opinología, con el paso del tiempo lo noté mucho en su clase y me di cuenta que era un rasgo permanente de él, sus opiniones siempre trataban de estar soportadas por la evidencia y por estudios. No era de opiniones livianas y exigía un análisis fundado en la teoría y evidencia, ya que en economía es muy fácil irse por el camino de la opinología.

¿Influyó para que usted fuera a hacer un postgrado fuera de Chile?

-Su influencia fue haberme empujado cuando salí de la universidad e ingresé al mundo privado, a dedicarme a la economía, a la investigación. Por distintas razones, entre otras por su empuje y convicción, me dedique a esto. 

Y ahora está en el Banco Central, ¿cree que él empujó su candidatura a consejero?

-No lo sé. Si sé que fue muy empujador de mi discusión interna de dedicarme a una perspectiva privada empresarial versus una cuestión más académica.

¿Quiénes influían más en su pensamiento económico?

-Fue muy marcado por el pensamiento de Robert Lucas y la teoría de las expectativas racionales, que en los 70 fue muy revolucionaria y terminó siendo muy dominante. Lucas fue muy influyente al reconocer que los agentes basan sus decisiones en expectativas racionales entonces el hacedor de política fiscal o monetaria no puede andar engañando permanentemente a la gente, porque ellos van aprendiendo y ajustando. Lucas era muy crítico de que muchas decisiones se tomaran como si la gente fuese estática, su pensamiento cambió mucho la profesión. 

¿Cómo recuerda el período en que Rosende estuvo a cargo del decanato?

-Fue muy marcador, fue una tarea dura porque inició una transición muy importante en la facultad para tratar de potenciar una renovación y  una orientación hacia la investigación. Empujó con mucha fuerza esa decisión pero con dos elementos: equilibrio para no generar una ruptura con los profesores más antiguos que acostumbraban a realizar una investigación muy aplicada pero sin generar publicaciones de primera línea, y manteniendo la tradición de una escuela de visión independiente, con profesores rigurosos en sus análisis. Y los frutos se ven claramente. Era muy orgulloso de la tradición de la facultad pero al mismo tiempo sus ojos estaban puestos en el futuro, no en el pasado.

¿Cómo lo describiría?

-Siendo de pocas palabras era una persona de un ejemplo bien marcador por su equilibrio, muy correcto, muy cercano, muy querido por toda la gente desde el más importante hasta el último de la organización. Pancho era muy sencillo y austero en su vida personal y eso se traducía en todas sus acciones. Nunca estuvo en su objetivo el lucimiento personal, al contrario, siempre estaba buscando el brillo del otro y poniendo las ideas y los argumentos por sobre el tema más personal.

La UC es considerada la escuela de los Chicago Boys. ¿Él estaba satisfecho con esa imagen o buscaba ampliarla?

-Más que eso, en un momento hubo una preponderancia de ex alumnos de Chicago en la UC, pero mucho más allá, Francisco le otorgaba el sello de la rigurosidad, que se ha ido en algo apoderando de la profesión. Lo que distingue a los buenos economistas de los malos es que los primeros basan sus análisis en evidencia empírica y rigurosidad teórica frente a los que dan opiniones. Francisco era de la primera escuela, era un consumidor más que productor del análisis empírico.

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