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Secom al límite

logotipo de Pulso Pulso 20-09-2016

La salida de Germán Berger de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda la semana pasada, no sólo es la tercera vez que dicha repartición estratégica queda acéfala en lo que va del Gobierno de la Nueva Mayoría, sino que es uno de los síntomas más evidentes de lo paralizado que se encuentra el Ejecutivo a la hora de querer transmitir su mensaje a la ciudadanía.

Si el Gobierno de Sebastián Piñera cometió errores previsibles hasta en los manuales más básicos de comunicación política, es alarmante cómo la administración de Michelle Bachelet, esa misma que nos regaló dos campañas presidenciales de nivel mundial, esté dando semejantes tumbos en un área en la que la centroizquierda siempre ha demostrado su poderío.

Lo complejo que puede ser el análisis de la crisis de comunicación de Palacio debe partir por un ejercicio casi escolar que ponga en evidencia la gravedad del asunto. El modelo más básico -incluso hasta pobretón- de lo que es la comunicación, nos dice que un emisor transmite un mensaje por medio de un canal a un receptor. De perogrullo. El asunto es que este primer y último Gobierno de la Nueva Mayoría falla en todas esas instancias.

Respecto del emisor, innumerables veces hemos visto a la Presidenta y sus ministros contradecirse, pasarse la pelota y hasta incluso hacerse chuecuras propias de una oficina de baja calaña.

Sobre el mensaje, quizá la mejor lección que nos dejará este Gobierno es que empecinarse en transmitir un recado refundacional cuando la ciudadanía quiere sencillamente mejorar lo que ya se tiene, es poner un muro entre lo que ambos extremos del proceso comunicacional desean.

Precisamente, el receptor del mensaje del Gobierno está absolutamente desconectado del emisor y su mensaje. Hoy, la inmensa mayoría de los chilenos no le cree al mensajero ni le atrae en lo más mínimo lo que este le ofrece.

Por último, el canal también ha sido un dolor de cabeza para el Ejecutivo. Una mala relación con la prensa -querella de por medio-, un secretismo torpe para con ella y un arribo débil y torpe a las redes sociales hacen que este Gobierno, como nunca antes en las últimas tres décadas, ha quemado todos los puentes por los que podría hacer llegar algún mensaje.

Quien se encargue de la Secom en adelante tiene derecho a sentirse confundido… Si lo suyo son las comunicaciones, sabrá que lo que tiene por delante es una tarea fascinante de reconstrucción. Pero por otro lado, si es realista -realismo sin renuncia, no se olvide- sabrá que en un año y medio esa labor de reconstrucción es prácticamente imposible.

*El autor es académico Universidad de los Andes (@albertopedro).

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