Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Sembrar hoy para cosechar mañana

logotipo de Pulso Pulso 20-10-2016

A comienzos de este mes asistí al III Congreso Social “Ecología humana para un desarrollo sostenible e integral”, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile y patrocinado por USEC, entre otras instituciones. El encuentro tuvo como hilo conductor los planteamientos del Papa Francisco en su encíclica “Laudato Si”, no sólo desde la mirada medioambiental, sino también desde el análisis social y económico del desarrollo humano, del tipo de vida que queremos para nosotros y para las generaciones que vienen. En sí el mensaje del congreso se resumió en que no podemos hacernos cargo de la degradación ambiental si no prestamos atención a las causas de la degradación humana.

Desde un comienzo el tema me interesó. Me atrajo la propuesta de generar un espacio de reflexión y diálogo acerca de la forma en la que estamos construyendo el planeta del mañana y la herencia que dejaremos a las futuras generaciones. De cómo en este camino es fundamental el trabajo conjunto y coordinado de todos los actores involucrados: estamentos públicos, académicos, representantes de la sociedad civil y, por cierto, del mundo empresarial.

Como líderes empresariales, este tipo de encuentros son una gran oportunidad para poder enfrentarnos con los temas que marcarán la pauta en los próximos años, una ocasión valiosa para escuchar diversas visiones en torno a ellos y dialogar respecto de lo que, como sociedad, podemos hacer hoy. Por eso, eché de menos haber visto a más representantes de empresas en el Congreso Social. Sí, porque nosotros también estamos convocados, como dijo el rector Ignacio Sánchez, “a abrir la mente y los corazones para comprometernos a cuidar la casa común y a construir el bien común”. Somos nosotros los encargados de responder a la noble vocación que nos ha llamado al elegir este camino, a trabajar duro con el fin de plantar nuestra semilla en un terreno fértil en el que crezca firme, como nos lo enseña la parábola del grano de mostaza.

Toda empresa nace de un emprendimiento, al igual que un pequeño grano de mostaza, y -para prosperar- requiere del riego constante de parte del emprendedor, quien enfrentará muchas veces el fracaso cara a cara. Pero una vez que esa pyme toma vuelo y comienza a asentarse, empieza a florecer hasta convertirse en ese árbol firme, que brinda sombra y alero a quienes se arriman a él, mientras se hacen patentes nuevos desafíos.

La tarea entonces recién comienza, pues estos desafíos y las responsabilidades para el empresario crecen conforme crece su negocio. Y van mucho más allá de la rentabilidad económica.

Implican funcionar respetando la dignidad humana de sus trabajadores, proveyendo un ambiente laboral seguro, positivo y motivante. Atrayendo líderes capaces de estimular la innovación y la creatividad, ejecutivos que se comprometan con el sueño de crecimiento de la empresa y también con la formación y desarrollo integral de las personas. Estableciendo pautas de acción claras para producir bienes y servicios que beneficien a la comunidad y procesos productivos en los que se respete el medioambiente, entre otras cosas.

El cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa invitado especialmente para el Congreso Social, manifestó: “La ecología humana exige que el hombre se integre a la Creación y se haga responsable de su cuidado. […] Hoy existe una dicotomía entre la casa que habitamos (ecología) y la casa que administramos (economía). El problema es que si no se sabe para dónde se va, se corre el riesgo de llegar a cualquier parte”.

Junto con ello, señaló que en la sociedad existen tres tipos de personas: aquellas que se interesan en la ecología humana y medioambiental “porque está in”; los “impotentes”, que son aquellos que se preocupan, pero pecan de omisión y se quedan impávidos sin hacer nada al respecto (lamentablemente, muchas veces políticos y líderes culturales, entre otros); y, finalmente, a quienes les importa de forma genuina y actúan para cambiar la realidad actual, buscando nuevas formas de proyectar el desarrollo y el progreso. Es a este último grupo al que debemos pertenecer como empresarios, trabajando arduamente y en equipo para ser protagonistas de este nuevo escenario.

Mi sueño es que la empresa sea como ese grano de mostaza y que los empresarios sigamos teniendo una presencia activa, enérgica y comprometida con la búsqueda de soluciones a las problemáticas que nos aquejan hoy y que, sin duda, nos afectarán mañana. De nosotros depende cultivar un campo floreciente y, de este modo, heredar a las generaciones que vienen una cosecha cuantiosa y sostenible.

*El autor es director de USEC.

Más de Pulso

image beaconimage beaconimage beacon