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Sexo en Santiago

logotipo de Pulso Pulso 30-09-2016

El libro de educación sexual de la alcaldesa Tohá no vale la pena que sea descrito como escandaloso, es simplemente absurdo. Más allá de lo chabacano, es una iniciativa sin sentido. Hacerse cargo de las fracturas genitales o de los beneficios nutricionales de algunas prácticas eróticas no tiene a mi juicio ninguna lógica; es algo más bien irrelevante en el ámbito de la buena administración pública y el interés por el desarrollo comunal. Pero entre tanta nimiedad, cabe preguntarse cuáles son los ánimos de un político que pone en prácticas tales iniciativas. No piensen que quiero mofarme de la candidata por Santiago o de sus asesores. Lo que quiero es poner el acento en la lógica progresista que a veces nos invade.

Dicho manual, en efecto, creo que responde a la idea política que le da vida al progresismo. Esta idea se expresa en la necesidad de superar todo tabú con una cierta cuota de heroísmo -no nos van a asustar, dice la alcaldesa-, porque este tabú impediría la libre expresión y la autenticidad en el modo de vida. Es simplemente el viejo slogan del “prohibido prohibir” y esta idea, casi siempre implícita, es muy conveniente en épocas de elecciones, especialmente de cara al votante joven.

Así, el progresismo termina por hacer de toda convención moral en la sociedad un tabú digno de ser echado por la borda. Todo debe ser reformado y todo debe ser aceptado si es nuevo. El problema de esta actitud política es que discrimina elementos que son fundamentales para el desarrollo de la sociedad, y ello simplemente porque parecen antiguos. Dicho de otro modo, es más fácil para el progresista inclinarse por un manual erótico para adolescentes que idear una iniciativa que fortalezca la familia para la disminución del embarazo adolescente, del número de divorcios, de la  tasa de hogares monoparentales, etcétera.

En fin, parece que sólo desde una sicología política como esta, la del progresismo, es posible que en una municipalidad como la de Santiago se gasten recursos limitados en iniciativas absurdas, cuando hay tantos problemas más relevantes, especialmente en materia de familia. Por ahora no veo otra explicación para esta política que simplemente se limita a promover el sexo en Santiago.

*El autor es profesor ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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