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Siete

logotipo de Pulso Pulso 21-12-2016

¿Por qué la semana tiene 7 días? ¿Por qué no 6, 10 o 12? No podría ser de otra manera, responden algunos. ¡Qué necedad de pregunta es esa!

Pero el 7 es un número primo de poca conveniencia práctica. No sirve para dividir el año ni el mes en un número entero de semanas. No es divisible por mitades, tercios o cuartos como los 12 meses del año o las 24 horas del día. Ni tampoco es fácil de agregar, como 10 años en una década o 100 en un siglo.

La semana de siete días pareciera ser una arbitrariedad casi absurda.

Lo interesante es que pocos se lo cuestionan. Quizá porque nacemos, vivimos y morimos bajo un orden establecido, que con comodidad hacemos propio y terminamos defendiendo sin entender necesariamente su sentido.

Es la adaptación, característica tan humana. Fundamental para dar estabilidad al orden social. Donde vayas haz lo que veas, dicta el refrán. Nos adaptamos a los grupos con los que vivimos. Nuestra forma de comportarnos es influida por lo que hemos visto, desde chicos, en la familia; luego, en la escuela y los amigos; y más tarde, en el trabajo y los círculos sociales que construimos.

Pero estas costumbres grupales han sido moldeadas por unos pocos, excepcionales o extravagantes, que por su actuar y la complicidad silenciosa del resto han refractado la cultura y normas cívicas de la sociedad.

Ahí reside el peligro de asentir silenciosos, como vasallos, frente al vandalismo, desfachatez, cinismo y cicatería. Porque nuestro silencio es terreno fértil para que los piedrazos, las acusaciones vacías, las muñecas inflables y las infamias rimbombantes repten y capturen la savia de la vida cívica del país. Que poco a poco transforman a Chile en una nación de ruines y bellacos, pues nos acostumbramos y adaptamos mientras no se levanten voces fuertes que los condenen, los mantengan a raya.

Pero hay órdenes que tienen razón de ser. Como la semana de siete días, la cual parte por mitades el ciclo lunar de 28 noches, facilitando recordar cuales serán oscuras y cuales luminosas.

La modernidad enceguece y a veces relega, no sólo las razones para entender la semana de siete días, sino también porque debemos condenar con toda la fuerza aquello que atenta contra el frágil respeto republicano que encarna la posibilidad de un Chile libre, justo y pacífico.

*El autor es ingeniero civil PUC y MBA-MPA Harvard (@jieyzaguirre).

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