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Sin envolver, por favor

logotipo de Pulso Pulso 15-11-2016

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca resiste todo tipo de análisis, desde que Hillary Clinton sencillamente no era buena candidata hasta la consolidación de un nacionalismo populista liderado por los blancos de clase media. Entre medio, la falta de olfato de parte del periodismo, el peso cada vez mayor de algoritmos en redes sociales y la ceguera absoluta de las empresas encuestadoras. Todas afirmaciones muy válidas y sabrosas pero que habrá que ir matizando con el paso del tiempo, cuando la polvareda de la histeria colectiva decante.

Sin embargo, hay una lección que desde ya se puede ir delineando y es que el ciudadano sencillamente se cansó de los envoltorios en los que durante poco más de medio siglo se le ha ofrecido de todo, acrecentando la ilusión, para luego caer en cuenta que siempre es más de lo mismo, por mucho que el papel de regalo traiga diseños y colores nuevos.

Sirva la figura de esa tía paradigmática que año a año entrega un paquete para el cumpleaños, moviendo la curiosidad del festejado, cuando finalmente siempre se trata de un par de calcetines exactamente igual que el de todos los años.

Si la Primavera Árabe y sus réplicas globales fueron el despertar de una ciudadanía adormecida por décadas, esta Rebelión de las Urnas que vivimos es una de sus consecuencias sistémicas lógicas.

Si con la primera los líderes derrocados o disminuidos lo fueron por aferrarse al poder y excluir a los ciudadanos de la toma de decisiones, la segunda se concentra en levantar la voz y apostar por propuestas menos edulcoradas y más auténticas. El sí al Brexit y el no en Colombia son en buena parte un “basta ya” gritado con fuerza a la cara del poder tradicional.

El triunfo de Trump es la exclamación de una mayoría silenciosa que estuvo al menos ocho años soportando un discurso políticamente correcto, exclusivo para una minoría y envuelto en la pirotecnia del tweet más viral, la foto con más likes, el insólito video cool de un Presidente haciendo tal o cual gracia en la Casa Blanca y la aparición parrandeada en populares lates.

Los norteamericanos acaban de optar por adelantarse a esa tía paradigmática y pedirle que en adelante los calcetines se los regale sin envolver, por grosero, molesto y extravagante que eso suene.

Buena lección para todos quienes en el corto plazo tenemos que volver a las urnas.

Mejor lección aún para quienes quieren ser elegidos.

*El autor es académico Universidad de los Andes (@albertopedro).

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