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Tarjeta amarilla

logotipo de Pulso Pulso 16-12-2016

Siempre es de mal gusto autocitarse. Pero en esta ocasión voy a romper la regla. Porque buscando tema para esta columna releí la primera que escribí para esta tribuna, hace poco más de dos años, cuando el ministro Arenas era amo y señor de las arcas fiscales. En ella hacía eco de la descortés recepción que un medio británico le brindó a la delegación nacional en el marco del Chile Day, tildándonos de ejemplo perfecto de la “nueva mediocridad” de la economía mundial. Ello por cierto horrorizó al entonces Ministro de Hacienda, quien no paraba de insistir en que iríamos de “menos a más” y que ya venían los “brotes verdes”.

Claro. En ese momento se proyectaba que creceríamos un 2% ese año, cifra que se pensaba subiría a 3,1% en 2015 e incluso hasta 4% en 2016. Pero nada de eso ocurrió. El ministro Arenas al poco tiempo fue desafectado. La marcha de nuestra economía se redujo hasta el escuálido 1,6% que se expandirá este año. La inversión se desplomó, el mercado laboral formal se congeló, tanto que en el último año el empleo asalariado ha crecido ¡cero!, y el gasto público mantuvo su marcha ascendente, al punto que el déficit efectivo ha superado sistemáticamente el 3% anual durante el Gobierno de la Presidenta Bachelet. En simple: llevamos tres años gastando aproximadamente US$8 mil millones más de lo que producimos. 

Es por ello que esta semana nos pusieron tarjeta amarilla. Por primera vez en 22 años una agencia internacional redujo la perspectiva crediticia de nuestro país bajándola de “estable” a “negativa”, producto del incremento de la deuda pública, que se estima se duplicaría durante el actual mandato pasando del 12,9% al 25,2% del PIB. De no cambiar el panorama, es posible que la calificación crediticia nacional sea derechamente recortada, con todo el costo que ello significa para el fisco, las empresas y, finalmente, las personas y hogares chilenos.

El próximo gobierno tendrá entonces que enfrentar una dura tarea. Entrará a la cancha con su principal jugador al borde de la suspensión por acumulación de tarjetas. Así, quien sea el próximo entrenador nacional tendrá como tarea fundamental priorizar el crecimiento y contener el gasto público. De no hacerlo, puede que en el mediano plazo simplemente nos pongan tarjeta roja.

*El autor es director ejecutivo Fundación Avanza Chile. @gblumel

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