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Texas: la polarización de uno de los estados rojos

logotipo de Pulso Pulso 05-11-2016

Trump inició su campaña diciendo que construiría un muro en la frontera sur y México pagaría por aquello. Una premisa que ha mantenido hasta ahora. Por eso que de alguna manera Texas vive en carne propia la polarización electoral, con un 28% de votantes hispanos, según consigna La Tercera.

"Lo amargo de la contienda electoral y la retórica anti-latina, anti-inmigrante y específicamente en contra de la comunidad mexicana de parte de Trump, ha sido un factor muy importante que ha motivado a la comunidad a registrarse y a votar como nunca antes. Los ataques a nuestra comunidad se han sentido como ataques personales", asegura Carlos Duarte, director para Texas de Mi Familia Vota.

Es precisamente este ambiente, dominado también por las dudas y un creciente escepticismo en torno a Trump, lo que hace que un estado rojo como Texas esté en juego durante esta elección, a pesar de que los republicanos han dominado el área desde 1980. 

Según el sitio de estadísticas electorales Real Clear Politics, Trump tiene un 48% de intención de voto en Texas y Hillary un 38%. Un margen que ha ido variando día a día y que no es tan considerable tomando en cuenta que el republicano Mitt Romney ganó el estado en 2012 con una ventaja de 15 puntos, mientras que John McCain se impuso con una diferencia de 11,8 puntos en 2008.

El problema de Trump con los estados tradicionalmente rojos, no termina con Texas. Arizona es considerado ahora un estado péndulo, es decir que tanto republicanos como demócratas lo pueden capturar. En 2012 Romney ganó con un cómodo 53,4%, contra un 44,4% de Barack Obama.

Georgia es otro de los estados rojos donde Trump ha perdido terreno. En el promedio de Real Clear Politics, Trump está cinco puntos arriba (48%-43%). En la elección de 2012 Romney ganó el estado con un margen de ocho puntos.

El cisma en el mapa electoral de Estados Unidos durante estas elecciones, es un reflejo de los cambios en la base de ambos partidos, además de los sentimientos que inspiran sus candidatos.

En el caso de Clinton la base progresista del partido demócrata ha sido difícil de movilizar, a pesar de que figuras como la senadora Elizabeth Warren y el ex candidato presidencial Bernie Sanders están dedicados por completo a hacer campaña en estados competitivos.

En el caso de Trump, son los republicanos tradicionales quienes le han dado la espalda. El magnate tiene serios problemas con figuras como Paul Ryan, actual presidente de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Figuras de peso como el ex Presidente George H. Bush han dicho en reuniones privadas que votarán por Clinton. Los republicanos de tradición no respetan a Trump.

Trump tiene su base de apoyo en el votante blanco con un nivel educacional moderado o bajo, su debilidad está en las mujeres y los latinos. En el caso de Clinton es justamente lo contrario.

En la encuesta de la firma PRRI y The Atlantic, Clinton obtuvo un 61% de las preferencias entre las mujeres a nivel nacional y Trump logró sólo un 28%. Luego que se difundiera la grabación donde el empresario habla en términos crudos sobre cómo "agarrar a las mujeres" y de las múltiples acusaciones de abuso en su contra, la mujer estadounidense está desencantada con Trump.

Lo mismo ocurre con los hispanos. Una encuesta de NBC en octubre mostró a Clinton con 67% de apoyo entre los latinos, versus Trump con 17%.

Si Trump pierde la elección será un desastre de proporciones para los republicanos, pero será aún más grave si pierde estados como Texas, Arizona y Georgia. Sería la derrota más estruendosa para el partido desde 1964

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