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Tirá para arriba

logotipo de Pulso Pulso 16-09-2016

Esta semana tuvo lugar en Buenos Aires el Foro de Inversión y Negocios de Argentina, un significativo esfuerzo del gobierno del Presidente Macri por atraer inversión de extranjeros y demostrar que el país -tras más de una década- está de nuevo “abierto para hacer negocios”.

El desafío no es menor. A pesar de que la nueva administración ha dados claras señales en sus casi 300 días (como la liberación del tipo de cambio o la eliminación de subsidios a muchos servicios públicos), queda mucho todavía por avanzar. 

Si bien los discursos y presentaciones de lo que los propios argentinos rápidamente llamaron “mini Davos” fueron impecables, concretar la llegada de flujos extranjeros tomará más qué declaraciones optimistas o gráficos atractivos. Es cierto que la cartera de posibilidades de inversión es amplia y en diversos sectores como energía, transporte y vivienda. Sin embargo, aún no hay un claro marco regulatorio, un conjunto amplio de “reglas del juego” que logre romper con años de desconfianza que originaron contratos incumplidos y fuertes intervenciones de políticas populistas de administraciones anteriores. 

El Gobierno corre el riesgo de generar expectativas en la población en cuanto a la rapidez de la llegada de inversión desde el extranjero, tan necesaria en un momento de bajo crecimiento económico y aún alta inflación. La alta concurrencia al foro de esta semana es una clara señal del interés actual, pero no necesariamente anticipa la prontitud de que esos inversionistas traigan sus chequeras.   

Si bien el mensaje de las autoridades fue motivante, todavía se queda en los grandes titulares; hay todavía una notoria ausencia de detalles, de “letra chica” que permita a un grupo significativo de inversionistas analizar con el debido cuidado, la conveniencia de financiar estos nuevos proyectos. Algunos de ellos ya se aventuran, quizás con perfiles de mayor tolerancia al riesgo, atraídos por las perspectivas de lograr mayores retornos, que resultan tan esquivos en gran parte del resto del mundo. 

Previendo que los extranjeros puedan tomar más tiempo, el gobierno de Macri también está buscando seducir a los propios argentinos que se motiven a invertir, parte de importantes patrimonios que han mantenido en el extranjero por décadas. El proyecto de amnistía tributaria, al que los argentinos denominan simplemente “blanqueo”, considera incentivos para quienes dirijan sus recursos a proyectos de infraestructura o vivienda.

Con todo, en Argentina se comienza a respirar un aire de optimismo que no se sentía en muchos años. Si llega a materializarse todo lo que se espera, estará por verse. Pero no queda más que destacar a un país y a su Gobierno que sólo quiere “tirar para arriba”  P 

*El autor es director de estrategia de inversión para América Latina e Iberia de BlackRock.

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