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Trazabilidad e inocuidad: los desafíos de la industria

logotipo de Pulso Pulso 30-09-2016 Paula Namur

Si hay algo que acapara hoy la atención del sector agrícola y que es tema en todas las charlas, son las normas finales incluidas en la Modernización de la ley de inocuidad alimentaria de Estados Unidos (FSMA, su sigla en inglés), principal mercado para la industria de los berries chilenos.

“Es una legislación que sube un poco la vara respecto de lo que hemos estado haciendo en Chile, que tiene un muy buen registro de inocuidad”, explica Ricardo Adonis, gerente de desarrollo de la Fundación para el Desarrollo Frutícola (FDF).

Las normas finales incluidas en el FSMA (que acaban de entrar en vigencia) para exportar alimentos frescos y procesados a EEUU incluyen: la norma de producción primaria (Produce Safety Rule), que establece estándares científicos para el cultivo, cosecha, empaque y manejo de frutas y vegetales frescos. También incluyen un programa de verificación de proveedores extranjeros de alimentos; la acreditación de organismos auditores para conducir auditorías de inocuidad alimentaria; y controles preventivos de alimentos para consumo humano y animal.

Adonis explica que algunas de las normativas más importantes que se agregan, tienen relación con la calidad sanitaria del agua que toma contacto con el producto. “De hecho, se pide que cada productor haga una línea base de 20 análisis microbianos de agua en un plazo de dos a cuatro años”. Otra tiene relación con los packing. “El empaque debe cumplir con los requisitos buenas prácticas de manufactura a las que estamos todos habituados. Si el packing es una central frutícola que recibe fruta de varios productores, la norma es más compleja: pide hacer un análisis para identificar las materias de riesgo y tomar las medidas que ellos requieran”, explica Adonis. “Con esta norma la inocuidad se hace más científica”, añade.

Felipe Rosas, director de la consultora experta en berries Rconsulting Group es optimista respecto de la capacidad de los agricultores chilenos de adecuarse a esta normativa. “Chile sabía que venía esto, y se preparó. Somos un país educado y ordenado como para cumplirlas. Somos un país con mentalidad exportadora”, asegura. “El riesgo para Chile es más que encuentren una cereza con lobesia botrana en China a que tengamos problemas de inocuidad alimentaria en EEUU”, agrega Rosas.

A juicio de Verónica Larenas, jefa de proyectos de alimentos de la Fundación Chile, hay que hacer una distinción entre las especies, porque la realidad de los productores de arándanos no es la misma que la de los productores de frambuesa. “La producción de frambuesas está definida por productores pequeños, campos chicos en la región del Maule, entonces la realidad es totalmente distinta a los otros tipos de berries, que son producidos y exportados por empresas más grandes”, sostiene. En ese sentido, Chilealimentos, el SAG y Achipia (la Agencia Chilena para la Inocuidad Alimentaria) están haciendo un trabajo para aumentar el nivel de inocuidad de los productores más pequeños, a través de manuales como el de buenas prácticas del productor que se lanzó hace algunas semanas en Talca.

Verónica Larenas agrega que otras normativas importantes en cuanto a inocuidad en berries tienen que ver con requerimientos en base a las detecciones de brotes de algunos virus que ha habido últimamente, como los norovirus y virus de la hepatitis A principalmente, en berries congelados. “Lo mismo con residuos de plaguicidas”, sostiene.

Asimismo, el SAG cuenta con un programa de control de inocuidad en frambuesas de exportación. A través de este programa y mediante la realización de auditorías, el Servicio verifica que los participantes del proceso exportador (productores, comercializadores, exportadores, plantas procesadoras y centrales de acopio) cumplan requisitos básicos de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y Buenas Prácticas de Manufactura (BPM). “Este programa, si bien es de carácter voluntario, abarca a participantes de la cadena de exportación de frambuesas localizados entre las regiones Metropolitana y de Los Lagos”, explican desde el SAG.

Relacionado con lo anterior, la trazabilidad también es esencial para la industria de los berries. Tanto los predios como los establecimientos que procesan la fruta deben estar registrados ante el SAG (mediante el Sistema de Registro Agrícola, que entrega un código que los identifica). “Esos códigos deben estar incorporados en el etiquetado de los envases de exportación. Adicionalmente, algunos países (como Corea) solicitan que la información del huerto de origen de la fruta también esté en cada clamshell que se encuentre al interior de las cajas de exportación”, explican desde el SAG. 

Ricardo Adonis asegura que en cuanto a trazabilidad, en general una central frutícola es responsable de saber de dónde viene y a dónde va el despacho. “Sabiendo eso, el tema es qué registros llevo en mi proceso para no perder el hilo de la caja que estoy entregando al mercado: saber los procesos que tuvo, las condiciones a las que fue sometida y de quién era esa fruta, para poder responder en caso de una observación”, plantea.

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