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Urge la reforma sindical

logotipo de Pulso Pulso 11-11-2016

La dirigencia sindical en Chile requiere una reformulación cuanto antes. Ello porque, en primer lugar, no es aceptable la jugada política que han realizado para aumentar su representatividad por secretaria, es decir, a través de la titularidad sindical. Esto lo hacen no porque a la gran mayoría de los trabajadores les importe (pues la gran mayoría no está afiliada a un sindicato), sino para aumentar el poder político de la dirigencia.

A la gran mayoría de los trabajadores les conviene una legislación laboral acorde con los tiempos y ello implica un gremio que aborde las dificultades que se nos vienen producto de la automatización de procesos y participen en la elaboración de una legislación laboral dinámica. La dirigencia sindical, en cambio, sigue pensando como si estuviera en los años 60 e interpreta la realidad como una dialéctica entre el proletariado y los burgueses capitalistas. Es esto lo que han plasmado en la Reforma Laboral.

En segundo lugar, la dirigencia ha logrado una articulación política que tiene todos los vicios de un grave conflicto de interés. Es impresentable que los dirigentes sean representantes de los partidos, porque es clarísimo que la participación en el Parlamento y en la dirigencia sindical requiere una estricta separación de intereses. Evidencia de ello es la última negociación por el reajuste del sector público. El Parlamento, especialmente los honorables del PC, no logra entender que cuando no hay recursos, simplemente no hay recursos; y no entienden -o no quieren entender- porque están actuando como agentes de los dirigentes sindicales. Seguir negándole al ministro de Hacienda una salida, es sólo procurar un gasto irresponsable que Chile no debe ejecutar si quiere seguir siendo un país ordenado y responsable. La dirigencia sindical muestra claramente que no tiene un sentido de responsabilidad cívica, pues ni ella ni los comunistas respetan la autonomía de las instituciones públicas. Urge que estas relaciones sean prohibidas en el contexto de un marco regulatorio de conflictos de interés y transparencia.

En tercer lugar, la dirigente de una institución representativa importante, como es la CUT, no puede nunca asistir a una sesión de la Cámara protagonizando un escándalo e insultando públicamente a un ministro. No hay ninguna justificación para ello. Si estamos tan interesados en educación cívica, es precisamente porque este tipo de actitudes son las que debemos erradicar totalmente de la vida política. Las instituciones, para que funcionen, también merecen respeto. En mi opinión, Bárbara Figueroa debería pedir disculpas al ministro y al país, para luego reflexionar si es justo que los funcionarios públicos aumenten sus ingresos por sobre la media de todos los demás trabajadores en Chile. Tal vez una normativa sindical moderna debe ajustar las expectativas de reajuste a las posibilidades económicas del país, no al antojo de los dirigentes.

*El autor es profesor de ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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