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Utilidades para huelguistas

logotipo de Pulso Pulso 25-11-2016

La huelga del Homecenter permite algunas reflexiones, especialmente en materia de distribución de riqueza y empleo. En principio podemos sostener con bastante certidumbre que los resultados de una empresa se deben en gran medida a los empleados que la componen. Pero esto se refiere no sólo a la mano de obra menos calificada, como obreros y operarios, sino también a jefaturas y gerencias. Todos aportan.

En ese sentido, es importante que la remuneración, en la medida de lo posible, refleje de modo justo ese aporte. Fórmulas para recompensar de manera proporcional son innumerables, y muchas de ellas contemplan una distribución de las utilidades. Esos ejemplos siempre son positivos, especialmente porque benefician a los trabajadores que reciben ingresos menores dentro de la empresa (véase, por ejemplo, el caso de Mercadona en España).

Sin embargo, hay que tener en consideración que la empresa, en vez de utilidades, puede tener pérdidas, y estas no se traducen en una reducción de los sueldos de los trabajadores, de los jefes o los gerentes. En ese caso, los que sufren una pérdida patrimonial son los dueños o accionistas, no los trabajadores.

Contra esta consideración, sin embargo, hay un argumento recurrente: cuando la empresa pierde, los trabajadores no ganan menos, pero pueden perder su empleo, es decir, lo pierden todo.

Cara a este problema las democracias modernas han minimizado el riesgo de los trabajadores a través de una serie de mecanismos que tienden a promover la empleabilidad y controlar el impacto social del desempleo. Estos mecanismos, sin embargo, no son sólo ejecutados por el Estado, sino también por la empresa. En el caso de nuestro país podemos pensar en la indemnización por años de servicios o el pago de un seguro de cesantía. Acá, sin embargo, hay que fijarse en que la política pro empleo es ejecutada por la misma empresa, pues es ella la que financia directamente estas indemnizaciones y seguros. Así, es posible decir que la legislación chilena tiende a ser más favorable al empleo que al emprendimiento.

Así, cuando algunos diputados rasgan vestiduras y se declaran, fuera de toda legalidad, defensores de los huelguistas, podemos recomendarles que reflexionen un poco más antes de acusar a la clase empresarial de abusadora, pues las empresas chilenas tienen un rol activo en materia de empleo. Ahora, si esta relación entre utilidades y remuneración de trabajadores debe optimizarse, parece ser tiempo de procurar mejorar el aporte del Estado, y no recargar más a las empresas. En este sentido, se echa en falta en el discurso político una preocupación por mejorar el capital humano, la productividad, la flexibilidad laboral, etcétera. En otras palabras, antes de criticar lo que hacen las empresas, los diputados deben preocuparse por lo que todavía no ha hecho el Estado.

*El autor es profesor de ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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