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Valdés recibió la artillería de la NM que buscaba arremeter contra el comité político

logotipo de Pulso Pulso 04-11-2016 Miriam Leiva P.

Entre dos fuegos quedó el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, tras el rechazo del proyecto de reajuste del sector público en distintos pasos del trámite legislativo, lo que hoy tiene al Gobierno buscando fórmulas para destrabar la iniciativa en medio de un extendido paro de los funcionarios públicos. 

Claro que Valdés está entre puro “fuego amigo”, que debiera quemar menos. Fuego amigo, porque por un lado están los parlamentarios de la Nueva Mayoría (NM) oficialista, específicamente los diputados que no han dado los votos al aumento planteado de 3,2%, por considerarlo insuficiente pues incorpora casi sólo inflación. Y por otro lado, el fuego del comité político que prácticamente lo dejo solo a la hora de negociar a pesar de la dureza con que actuaban los legisladores.

Es cierto que la oposición tampoco respaldó esta iniciativa, pese a considerarla responsable y actuó tomando palco mientras el oficialismo se fragmentaba.

“Este no es un gallito entre Valdés y los parlamentarios, el reajuste es sólo un proyecto concreto a través del cual los parlamentarios le quieren pasar la cuenta al Gobierno por su molestia con el comité político”, indica un conocedor de estas lides.

Estos gallitos ya habían partido con el proyecto para elegir intendentes, luego con la solución legislativa para resolver los cambios no contemplados en el padrón electoral, y ahora estalló con el reajuste. ¿Por qué ahora? Porque el escenario y las sensibilidades quedaron muy a flor de piel tras el mal resultado de las elecciones municipales, donde la NM no sólo perdió comunas emblemáticas como Santiago y Maipú, sino que además redujo su votación en casi un millón de electores. Mientras los incumbentes desmenuzaban las votaciones y culpaban a La Moneda del ocaso -tanto que la DC congeló sus relaciones con Palacio-, Valdés decidió adelantar la discusión del reajuste del sector público que comúnmente se revisa tras el despacho del Presupuesto, y llegó con el proyecto al Congreso cuando el horno no estaba para bollos y lo terminó transformando en el fusible.

“Es un buen ministro de Hacienda pero tiene pocas habilidades políticas y comete errores. Le faltó una mirada más política, de esperar unas semanitas que decantara el tema electoral, conocer el siguiente IPC”, recalca el jefe de bancada de la DC, Fuad Chahin.

Esa es la única responsabilidad que le adjudican a Valdés: no haber evaluado bien el momento político y mantener su postura de darle un trámite expedito al proyecto para evitar el paro de los funcionarios públicos anunciado para el miércoles pasado. 

“No cabe ninguna duda que se equivocó en la táctica, y el remedio resultó peor que la enfermedad, si quería liberarse del paro con el reajuste, le resultó todo lo contrario. Tuvo una mala asesoría, un mal diseño que terminó con un mal resultado”, planteó el jefe de bancada del PS, diputado Juan Luis Castro.

Sostienen que al ministro le falta esa habilidad fina para saber cuándo detenerse o seguir adelante. De hecho el jueves pasado con “ayuda” de la mesa de la Cámara de Diputados tenía un tiempo para pensar y conversar sobre la tramitación del proyecto. ¿Qué resultó tras ese fin de semana largo de 4 días? Uno de los desastres más estrepitosos en la tramitación de este tipo de proyectos, porque desde el retorno de la democracia en 1990 no había ocurrido que un reajuste fuera votado en contra por el mismo conglomerado oficialista. Como anotó un personero: “lo más preocupante es que hasta los diputados José Miguel Ortiz (DC) y Enrique Jaramillo (PPD) votaron en contra”, conocidos ambos por estar siempre al lado del ministro de Hacienda. 

“Faltó sintonía con la clase política. Los parlamentarios están para producir votos y aquí no había nada bueno que mostrar porque los beneficios del Presupuesto no se han visto porque aún están en subcomisión”, indica otro conocedor del proceso.

Soledad de Valdés

Dentro de la coalición la crítica principal apunta, no obstante, al comité político y al escaso margen de maniobra que ostenta. Primero porque añaden que Valdés, como economista, no tiene obligación de desplegar la habilidad política porque para eso están los inquilinos de La Moneda, quiénes debían no sólo haberlo aconsejado sobre los timing sino que también haberlo ayudado a convencer a los parlamentarios.

“A Valdés le faltó compañía. Soy jefe de bancada y Valdés fue el único que hablaba conmigo. Eyzaguirre (Nicolás, ministro de la Segpres) y Rincón (Ximena, ministra del Trabajo), aparecieron después de la Mixta. Hubo más preocupación del comité político por el proyecto de interrupción del embarazo en tres causales que por el reajuste”, comentó Chahin.

Ahora, añadió un senador, la ausencia de Eyzaguirre no es porque no hubiera estado en los pasillos del Congreso, sino que porque los parlamentarios están distanciados y no le reconocen liderazgo. “Al que no se le reconoce nada es a Eyzaguirre que debería estar llevando las conversaciones pero nadie lo pesca”, manifestó en buen chileno. 

De alguna forma el ministro de la Secretaría General de la Presidencia encargado de la agenda legislativa es la causa del fuego amigo que ha caído sobre su amigo Rodrigo. “El problema de fondo acá es el comité político que está dañado, averiado, con problemas de funcionamiento”, admite Castro.

Este fuego quema menos y por ello muy pocos creen que este peliagudo episodio reduzca el empoderamiento de Valdés dentro del círculo que escucha la mandataria o que le cueste el puesto. “No hay ningún riesgo de que se vaya”; “no creo que quede debilitado, hay cierto error en el timing pero le están pasando cuentas que no son propias, que no están en su ámbito resolverlas”, advierten las fuentes.

Y Chahin lo dice abiertamente: “No creo que coloque en duda su continuidad, es un ministro serio y responsable. Sería un error pensar en ello”.

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