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Vivianne Blanlot: "Hay muchas empresas que están mirando más afuera que adentro por la evolución que han tenido las cosas"

logotipo de Pulso Pulso 23-11-2016 María José Tapia

La incertidumbre ha ido aumentando fuertemente, entonces que las empresas miren hacia afuera es inevitable”. Tajante responde la vicepresidenta de Icare y economista, Vivianne Blanlot, a la hora de abordar la realidad de las empresas en Chile y sus desafíos futuros. El exceso de regulación y la falta de certeza jurídica han hecho, a ojos de Blanlot, que las compañías miren más hacia el exterior; internacionalización que si bien ha sido el motor de las economía de libre mercado, hoy es también causante del nuevo auge proteccionista que han intentado plasmar fenómenos como Trump y Le Pen. Es que para la también directora de varias empresas salir al mundo ha tenido un sinfín de beneficios, pero también a arrastrado a personas que no han sabido verlos. Hoy las empresas tienen eso como un desafío a futuro, dice. 

¿Cómo ha sido la evolución de las empresas chilenas en los últimos cinco años?

-La gran empresa, que se viene internacionalizando en los últimos 20 años, ha continuado ese proceso en forma bastante acentuada y además ha tenido que enfrentar un mundo cambiante, sobre todo en los últimos cinco años. Un entorno donde han cobrado fuerza exigencias antiguas -regulatorias, ambientales, etc.-; un  fenómeno explicado, en parte, por el acelerado acceso a la información que hace que la ciudadanía y los clientes de las empresas estén más consientes del rol que tienen las compañías y de sus derechos. 

¿La empresa se dejó estar inicialmente en ese tema?

-Hace un tiempo hablé de la empresa autista que vivía hacia adentro, sin tener una conciencia de lo que estaba pasando y cómo estaba cambiando el mundo a su alrededor. La empresa tuvo que reaccionar a una situación que se le venía encima, en vez de haber previsto que tenía que irse adaptando y haber sido más perceptiva. Hoy ese análisis está bastante internalizado en términos de directiva y lo que falta es que permee.  

¿En qué pie está la empresa chilena en un entorno donde surgen miradas más proteccionistas?, ¿cuál es el desafío ahí?

-Estamos frente a un problema mayor que excede a lo que la empresa puede hacer, aunque puede colaborar en la solución. El proteccionismo básicamente está basado en el populismo que ha sido capaz de percibir y utilizar la insatisfacción de las personas, ante cambios que se han producido por la misma globalización, y que perciben que han afectado negativamente sus vidas. Por ejemplo, cuando las personas perciben que tienen una mayor competencia porque hay productos que antes producían internamente y ahora vienen de afuera, no ven que al mismo tiempo hoy tienen acceso a productos que antes no tenían porque eran muy caros, entonces perciben los efectos negativos y no los positivos. Ahí hay que preocuparse más de los grupos que son afectados por la internacionalización, ya que hemos sido un poco ingenuos en pensar que todo se arregla solo. 

¿Cuáles son esos grupos?

-Por ejemplo en EEUU, en todo el sector industrial, hubo una transferencia que se fue a los mercados asiáticos, por lo que han perdido el dinamismo productivo, y se ha producido esta insatisfacción en la gente que es afectada en sus empleos. Eso es un fenómeno de la internacionalización. No podíamos pensar que simplemente por los efectos positivos de la internacionalización, las familias iban a estar felices. Hay que darle una vuelta muy seria a los efectos negativos de la internacionalización e internalizarlos a nivel país y trabajar sobre ellos. 

¿En Chile dónde se percibe eso?

-Chile hizo el proceso de eliminar el proteccionismo hace muchos años. Nosotros tenemos una falta de no haber aprovechado la apertura internacional a productos más elaborados que vienen de las áreas que tenemos gran potencial como la minería. No hemos aprovechado nuestro potencial cuprífero para elaborar productos. Uno puede decir que no somos competitivos, pero la pregunta es por qué no somos competitivos.

La apertura internacional es un fenómeno que está para quedarse y seguir potenciándose, pero países como Chile, que están perdiendo competitividad, tienen que ver cómo recuperan y cómo incluso aumentan su productividad para ser competitivos.

¿Quién hace ese trabajo?

-Es un trabajo complementario entre el Estado y el sector privado. El sector privado tiene la obligación de adaptarse a las nuevas exigencias de los mercados, incluyendo Chile, y tienen que invertir en productividad. Por otra parte, el Estado tiene que ser amigable con ese proceso, porque si el Estado por cada aumento productivo espera quitarlo a través de impuestos o pone trabas al empleo, por ejemplo, una mala ley laboral lo único que significa es eliminación de empleo y mayor mecanización...

¿Eso es lo que se ve hoy?

-Es lo que se ve hoy y es un grave problema. A veces se ponen normas que van contra el sentido del objetivo y eso no lo debe hacer el Estado. 

¿Esas normas han gatillado que la empresa mire más para afuera?

-Sin duda. Por ejemplo, en los temas ambientales y sociales, donde hay grupo que obstaculizan la inversión, las empresas obviamente tienen que mirar hacia afuera y lo hacen buscando países donde este fenómeno no sea tan brutal. Eso es pérdida de competitividad para la empresa chilena, pérdida de empleo, pérdida de inversión. Hay otro factor y es que cada vez más las normas ambientales se han ido poniendo mucho más discrecionales, burocráticas y se han ido introduciendo elementos de potencial arbitrariedad. La incertidumbre ha ido aumentando fuertemente, entonces que las empresas miren hacía afuera es inevitable. 

¿Debiéramos ver a más empresas mirando hacia afuera?

-Si no cambia el escenario, desde el punto de vista de la acción y regulación del Estado en Chile, creo que esto se va a acentuar en forma nociva. La forma positiva es que seamos más competitivos, porque tenemos un estado y sector privado competitivos a la vez, entonces lo que se reclama hoy con toda razón, es la capacidad de discutir en profundidad lo que es mejor para el país, porque se funciona mucho a nivel de slogan y con análisis bastante superficiales acerca del efecto que van a tener las medidas que se están tomando y eso es un grave error. La conversación entre Estado y sector privado, muy abierta,  transparente y profunda es lo que único que puede hacer que nuestro país prospere. 

En los últimos dos años, hay muchas empresas que están mirando más hacia afuera que hacia adentro por la evolución que han tenido las cosas. No creo que se le pueda echar la culpa a un gobierno en particular, por ejemplo, en el tema ambiental es tan difícil invertir en energía que están tratando de invertir fuera de Chile. Y creo que vamos a seguir viendo empresas que salen al exterior, lo importante es que esa salida sea por razones virtuosas, porque aumentan su competitividad en el mundo y no porque no pueden invertir en Chile y tienen que invertir fuera. 

Da la sensación que mientras acá pasa esto, el resto de la Región llama la inversión…

-En América Latina hay mucho de eso pero no nos engañemos, lo que pasa en algunos países de América Latina es porque la ciudadanía no ha llegado a los niveles de percepción que han llegado acá, es simplemente un problema de tiempo, entonces ahí hay que tener un cierto cuidado. Cuando empiecen a percatarse, va a pasar lo mismo que acá. 

¿Hay semilla de populismo en Chile?

-Por supuesto que la hay y creo que estamos avanzando peligrosamente hacia allá. Si uno observa el escenario político hay sectores que están empeñados en ser elegidos a través de plantear propuestas que son reales, pero hay otros, que siguiendo el ejemplo de Trump, quizás no con esa exageración, están dispuestos  a hacer muchas promesas, haciendo como un espejo con lo que la ciudadanía percibe o reclama, más que en pensar en las soluciones a lo que la ciudadanía reclama.

¿Alejandro Guillier por ejemplo?

-Yo no puedo hacer juicio. Personas como Guillier que están empezando, pero son políticos, querría pensar que están armando equipos que les permita hacer propuestas efectivas. En la elección anterior tuvimos no sé cuantos candidatos en que hubo una buena proporción de ellos, no los voy a nombrar, que solamente tenían este discurso de deseos. 

¿Qué hace el empresario para ponerle coto a estos populismos?

-Es la política la que tiene que ponerle coto, pero el empresariado puede colaborar y una de las cosas que puede hacer es quejarse menos de lo que la política o el Estado proponen y avanzar más, de forma proactiva, en ofrecer soluciones a las carencias, porque si la gente percibe menos carencias es entonces donde le estamos haciendo frente al populismo. El empresariado, en general, y la empresa como entidad tienen muchas posibilidades de repensar la forma en que hace las cosas e incorporar a los beneficios que la empresa genera más extensivamente al ciudadano en general. 

¿Se está haciendo? ¿Es una preocupación?

-Creo que se está pensando. Es una preocupación. Cómo convertir esa preocupación en acción, todavía hay un cierto desconcierto.

¿Cuáles son los desafíos para el empresariado en los años que vienen?

-Primero que nada ayudar a que la gente sienta los beneficios de una economía de mercado y de una economía abierta; segundo, capacitar mejor, aumentar la productividad del trabajo dentro de sus compañías, invertir en tecnología y en procesos inteligentes que puedan usar la tecnología y el trabajo de una manera virtuosa. Estamos a tiempo de trabajar para infundirle a los trabajadores chilenos el impulso de que si se puede avanzar en una economía competitiva.

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