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Voto en papel: pérdida de eficiencia y de recursos

logotipo de Pulso Pulso 26-10-2016

La tecnología ha avanzado más en los últimos diez años que cualquier otra rama de la ciencia. Sin embargo, nos estamos quedando atrás en un tema que podría romper los hitos de participación ciudadana y permitir la oportunidad de expresión para miles de compatriotas en el extranjero: el voto electrónico.

Algunos expertos aluden a que el sistema actual está validado por el pueblo y que cambiar a un mecanismo tecnológico no tendría mejoras significativas, pero es innegable que los costos asociados a ese tipo de eventos es altísimo y que el Servel es, lamentablemente, una entidad que ha sido puesta en la vitrina del cuestionamiento público dado el último escándalo sobre el cambio de domicilios del padrón electoral.

Si nos remitimos a las cifras, la abstención en las municipales estuvo sobre 60%, lo que hace que los resultados sean legalmente válidos y legítimos, pero no representativos (no representan a la mayoría, sino sólo al porcentaje minoritario cuyo voto fue válidamente emitido), por lo que urge encontrar la manera de que la ciudadanía se haga partícipe en el “deber cívico” de sufragar.

Si revisamos otros países, la realidad es que Brasil y Australia han optado por utilizar un sistema moderno que, entre sus muchas ventajas, permite la obtención instantánea de resultados y el sufragio a distancia. Luego, se obtiene una baja en el costo operativo del proceso de votación al no tener que incurrir en gastos innecesarios de instalaciones engorrosas, personal adicional en las mesas de votación (podríamos reducir de cinco a dos o tres vocales de mesa) y facilita el conteo de los sufragios.

Volviendo a nuestra realidad, es interesante recordar el caso de “la gran papeleta” en Maipú (con más de 100 candidatos a concejal), donde el conteo fue un tema operativamente lento y costoso o el caso de Zapallar, donde las elecciones fueron impugnadas dado que se contabilizó un empate entre dos candidatos a alcalde y la ley contempla que, cuando esto ocurre y persiste la situación de igualdad, el puesto se define mediante sorteo -algo, a mi juicio, no muy democrático.

Pensando en ello, un buen sistema informático podría facilitar a quienes cambian su domicilio (ahora de manera voluntaria) para sufragar sin tener que viajar a un local específico, en virtud de poder hacer esto desde cualquier centro habilitado a través de la firma de libros electrónicos y módulos de sufragio, lo que lograría que muchos jóvenes, nativos digitales, sintieran un poco menos de rechazo a un sistema que actualmente no tiene su aprobación, obteniendo mayor representatividad, disminuyendo el gasto en esta materia y aumentando la confiabilidad de los resultados. En resumen, voto electrónico es el presente y Chile está viviendo en el pasado.

*El autor es docente Escuela de Informática y Telecomunicaciones UDP y fundador de RenderWeb SpA.

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