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¿Derechos para las trabajadoras domésticas migrantes?

dw.com dw.com 03-07-2016 Mirra Banchón (rml)
© 2016 DW.COM, Deutsche Welle

Estamos aún lejos de que el trabajo doméstico sea tan considerado como cualquier otro. Más aún si son migrantes quienes lo realizan, confirma la Organización Internacional del Trabajo.

De los 11,5 millones de trabajadores domésticos migrantes que existen en este momento en el mundo, el 75% son mujeres. Casi el 80% de ellas se encuentran en países con altos ingresos. En Europa, el 55% de ellas son extranjeras, en América del Norte, el 71%.

“En el caso de Estados Unidos, las latinas son un porcentaje muy importante de las trabajadoras domésticas. Buena parte de ellas son irregulares. Por ello viven mayores situaciones de discriminación o precariedad”, explica a DW María Elena Valenzuela, especialista en migración y género de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que lidera el Programa de Acción Global sobre Trabajadores Domésticos Migrantes y sus familias.

Este programa, con fondos de la cooperación europea (DEVCO), ha sido apoyado también por ONU Mujeres, la Confederación Internacional de Sindicatos y la International Domestic Workers Federation (IDWF).

En este marco, durante tres años, la OIT ha recogido datos de este fenómeno invisible que va en aumento. También ha impulsado reformas laborales en distintos países, como Brasil y Venezuela. Y, por supuesto, ha promocionado la ratificación del Convenio 189 de la OIT que (desde el 2011) reconoce el valor económico y social, el aporte al desarrollo que tienen las labores al interior de los hogares, en la crianza de los niños, el cuidado de los ancianos, entre otros.

Lejos de ser como los otros

En este momento, sólo 22 países han ratificado el Convenio 189: entre ellos, 12 de América Latina y 6 de la Unión Europea (UE). El convenio no hace más que subrayar que una trabajadora doméstica debe tener los mismos derechos que cualquier otro de cualquier otro ramo. Parecería una obviedad, pero los datos demuestran que no lo es. Por ejemplo, el derecho a jornadas reguladas, bajas por maternidad, derecho a vacaciones o seguro médico están lejos de ser un estándar para quienes asumen tareas en los hogares.

Si el 60% de los países en América Latina y el Caribe ofrece algún tipo de cobertura social a sus trabajadoras domésticas, esto sólo ocurre en un 25% en África. No obstante, en general, sólo el 14% de los países ofrece seguro social para las trabajadoras domésticas migrantes.

Por otro lado, aunque la demanda en los países de altos ingresos crece, las regulaciones migratorias no van a la par. Además, los países “exportadores” de trabajadoras domésticas no siempre hacen sus tareas en cuanto a generar acuerdos con los de acogida, por ejemplo, en cuanto a la portabilidad de los seguros sociales.

Una app para los derechos

“Este ha sido un proyecto muy innovador, pues por primera vez se ha abordado el tema del trabajo doméstico migrante”, cuenta la especialista. En uno de los estudios realizados, se decidió analizar en profundidad un corredor migratorio en cada región.

En el caso de América Latina, aunque hay también un fuerte flujo de trabajadoras desde Nicaragua hacia Costa Rica y desde Perú hacia Chile, el programa se ha centrado en el de Paraguay hacia Argentina. La investigación y el asesoramiento para acuerdos bilaterales y programas de entrenamiento han sido complementados con la creación de una app.

“De una manera muy sencilla y didáctica, la aplicación conduce a las trabajadoras que vienen, de todos los países de América del Sur hacia Argentina, durante todos los trámites para regularizar su situación migratoria. También las lleva a conocer sus derechos como trabajadoras domésticas y las invita a ser miembros de la organización sindical”, explica Valenzuela. Durante la investigación, los especialistas habían detectado que aunque no suelen usar correos electrónicos, la mayor parte de las trabajadoras domésticas migrantes usan Facebook y WhatsApp.

¿Y la responsabilidad del empleador? El proyecto ha apoyado también campañas de sensibilización entre los que se benefician de estas labores. Las tendencias en el valor que se les da a a las empleadas domésticas varían de país a país. Pero una cosa sí queda clara: “mientras más reconocimiento de los derechos de género, hay un mayor reconocimiento de la importancia de este tipo de labores”, apunta Valenzuela.

“En Europa hay mayor reconocimiento porque, sobre todo en muchos países mediterráneos, ésta es la manera en que las familias resuelven el tema de los cuidados”, concluye Valenzuela e ilustra: “Es sobre todo el caso en España, en donde la cercanía cultural y de lenguaje permite un desempeño especialmente bueno de trabajadoras domésticas latinoamericanas en el cuidado de las personas mayores.”

Autor: Mirra Banchón (rml)

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