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Tiempo Argentino Tiempo Argentino 27-05-2014 Vatayón Militante


Los miraba, decía, con bronca, pensando en todos esos y esas a los que no hemos sabido llegar. Aún.
Bronca porque es gente pero también es pueblo, y es  gente a la que no hemos sabido teñirlos de pueblo. De negros. De negras.
Del subsuelo de la patria empoderada subiendo por escalera mecánica a mostrarle los dientes diplomáticamente al que le soldaba la cadena al cuello.
Del choripanero viejo de tinto mojado, familiero y festejador de navidades con todos los parientes.
De familia. De hermano. De amigo. O de compañero.
Un pueblo cercano que se cree alejado por millares de matutinos que han servido para prender el leño, cocer la carne, aclimatar el hogar. Pero así como cercano ese pueblo es, se lo juzga como inocente. Crédulo, enojado con la política porque está bueno y es divertido y fácil, estar enojado con el Gobierno.
Jamás el negro y la negra, el señor y la señora, esas camisetas musculosas blancas con una pequeña mancha de tuco, o esa blusa verde y azul con brillitos, (ni “la permanente”) se equivoca.
Nunca.
Por eso es pueblo, y por eso es Nación.
Por eso disfruta del fulbo tenga vento o no lo tenga.
Por eso lo mira en la tele, sea enorme o chiquitita, sea de tubo o LCD.
Por eso grita un gol y por eso quiere ir al mundial (es su sueño, hasta jugarlo) y por eso se compra el infame gorro de picos celeste y blanco, una vez cada cuatro años.
Una vez. Cada cuatro años.
Una vez cada cuatro años elige al mismo color, y la misma pasión.
Una vez, cada cuatro años, grita, llora, se lamenta, se ríe, apuesta, pierde, gana y renueva sus sueños.
Para muchos ha de ser el Mundial, para otros, los nosotros que incluyen a los otros, es siempre la Patria, es siempre la vida, es siempre la política, es siempre la elección, es siempre el padrón, es siempre la fiscalización, es siempre la tierra, es siempre la alegría, es siempre la magia y es siempre Perón.
El domingo 25 de Mayo, en Plaza de Mayo, vivimos un Mayo como no lo vivíamos desde el Mayo de 2003.
Nos despertamos del sueño que nos propuso Néstor, que lo seguiremos soñando, pero mirando cómo sucede cuando sucede, porque si sucede, es que alguien lo ha hecho: fuimos nosotros.
Somos nosotros.
Porque la Plaza gemía en un abrazo de gol.
Nosotros en Vatayón teníamos a San Martín y a Zamba, hechos por el monstruo del compañero Minutoli: un tipo que no durmió en toda la noche del sábado para que nosotros podamos tener los disfraces listos y las sonrisas y las miradas y las fotos y los abrazos de cada uno de esos y esas que viven y mueren siendo libres, comprendiendo todo al saber que sin esta libertad que supimos construir, lo demás no importa nada.
Las generaciones empiezan a cruzarse. Las antorchas empiezan a arder otra vez. Las flores caen del cielo y se convierten en semillas de petróleo. Es un grito de corazón.
Es Ella que es Él.
Es Él que somos Nosotros.
Somos Nosotros que siempre fuimos Vos.
Seremos Vos, que sos el Otro (como yo).
Y a sus pies: rendido un León.
 

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