Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Afianzar los cimientos y construir la argentina del siglo xxi

Tiempo Argentino Tiempo Argentino 26-05-2014 Felipe Yapur
Afianzar los cimientos y construir la argentina del siglo xxi © INFOnews Afianzar los cimientos y construir la argentina del siglo xxi

 En sus 204 años de vida la Argentina atravesó diferentes etapas con más dolores y sufrimientos que alegrías. Sin embargo, a pesar de los muchos intentos por hundirla y postergarla, sigue viva y fuerte. Es preciso remarcar que todos esos momentos felices siempre estuvieron relacionadas con momentos políticos donde el pueblo fue el protagonista y principal destinatario de las acciones del Estado. La alegría que ayer se vivió en Plaza de Mayo está relacionada con esos momentos históricos, y ahora muy presente, donde el modelo político recobró trabajosamente derechos y conquistas que en aquellos años de dolores y sufrimientos se habían arrancado. Lo cierto es que esta recuperación y su permanencia en el tiempo está determinada, una vez más, por una condición necesaria y excluyente, la participación activa del pueblo. Ese es uno de los desafíos.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner remarcó a lo largo de su discurso, realizado frente a una verdadera multitud, el gran reto que enfrenta el país. Lo importante, a diferencia de otros momentos históricos, es que lo que se viene no será un comienzo sino un continuar. De allí las bases y cimientos de los que habló CFK, quien si bien no lo dijo en su discurso, tal vez no era el lugar, mucho de lo que hoy existe o retornó se consiguió a fuerza de grandes debates y luchas contra la tozudez del imposible, de sospechas sobre las inconfesables intenciones del oficialismo y la inconveniencia del momento que vive el país que enarbolaba la oposición. Vale destacar que parte de la recuperación y conquista de nuevos derechos se consiguió en el Congreso y que le otorgaron carnadura a esos cimientos que hoy puede disfrutar la Argentina. Valga la digresión, la multitud de ayer en la Plaza, luego de once años de gobierno, dista de ser la imagen del famoso fin de ciclo con el que se relamen y auguran editorialistas y dirigentes políticos opositores.  Ahora bien, y volviendo a los cimientos a los que hizo referencia CFK, es válido recordar que muchos de estos se construyeron, incluso con debate interno, en el Congreso. El reconocimiento de derechos, como el matrimonio igualitario, fue un ejemplo, y para conseguirlo, el entonces diputado Néstor Kirchner debió romper tabúes y preconceptos de varios de sus viejos compañeros de militancia y experimentados legisladores que se oponían al avance. Otros, como la ley de actualización de las jubilaciones y pensiones fueron aprobados casi en soledad por el kirchnerismo. El negarla e incluso no votarla no puede ser comprendido como un simple recurso político-legislativo de la oposición. Sin duda es una definida toma de posición ideológica relacionada directamente con el hecho de no otorgarles entidad al concepto de equidad y distribución de la riqueza para los que son parte de lo que se denomina clase pasiva. Hay más ejemplos, el fin de las AFJP, la reestatización de YPF o la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El rechazo a todas estas iniciativas con las que se construyeron los cimientos de la actual Argentina hacen difícil pensar que el llamado a la unidad nacional que realizó ayer la presidenta encuentre el eco esperado, al menos entre buena parte de la oposición. Pero ello no implica un fracaso, en todo caso explica que esa unidad se tendrá que construir y amalgamar sin estos dirigentes políticos que representan el pensamiento liberal de los pasados años noventa. En todo caso, la respuesta está en lo que afirmó la misma presidenta cuando dijo que "puede haber pueblo y no revolución, pero no habrá revolución sin pueblo". El pueblo, las grandes mayorías son las que harán realidad esa unidad nacional. Otra digresión: Es más que posible considerar que, de acuerdo a los cánones tradicionales, el programa kirchnerista no sea una verdadera revolución, pero más allá de estas categorías, lo real y verdadero es que todo lo realizado en estos años se pudo lograr fruto del respaldo popular y no por el azar o la sola obcecación de uno o dos presidentes. Pocos son los partidos y gobiernos que tienen esta condición para mostrar. Diez, once y hasta doce años para reconstruir un país es bastante poco tiempo si se toma en cuenta que la destrucción de la Argentina comenzó en septiembre de 1955, le siguieron democracias limitadas con partidos y líderes proscriptos, dictaduras blandas y sangrientas que dejaron una democracia débil en su nuevo comienzo para derivar en una década de crudo neoliberalismo y que provocó una eclosión en 2001. No por repetida esta historia deja de ser verdadera y por eso el desafío del que habló CFK cobra una importancia vital. El kirchnerismo tiene ante este desafío una mayor responsabilidad. Por un lado está el no perder ese vínculo y acompañamiento de las grandes mayorías. En ese sentido, el momento y el debate que se avecina es crucial, porque no sólo estará signado por la definición del nombre del sucesor, sino el de afianzar los cimientos y construir para avanzar y transformar a la Argentina del siglo XXI. El movimiento nacional y popular, a diferencia de lo que sucedió en el siglo pasado con Juan Domingo Perón, primero con su largo exilio y luego con la debacle que provocó su fallecimiento, ahora cuenta con una clara conducción y un liderazgo encarnado en CFK, que el próximo año deberá dejar el Ejecutivo. Será una prueba compleja y, como consideran algunos dirigentes del oficialismo, se abre la posibilidad de hacer realidad aquello de un presidente kirchnerista-peronista en el gobierno y Cristina al poder. Es un reto difícil y apasionante, pero para nada imposible. Si esto se consigue, poco debería importar el nombre del sucesor. En el último tiempo, en el Frente para la Victoria se está produciendo un debate que va en ese sentido, y un ejemplo de ello es lo realizado en el Mercado Central. Tal vez no sea suficiente, para lo cual se precisarán más encuentros y más discusión que podrá incluir  la necesidad o no de revivir al Partido Justicialista y evitar así el pejotismo, fortalecer la mirada latinoamericana y la política de integración regional. Más allá de la posible agenda que tendrán esos debates del kirchnerismo, lo cierto es que no hay ejemplos en la vereda de enfrente que muestren que esos partidos o frentes políticos de la oposición estén en una tarea similar. 

Más de Tiempo Argentino

image beaconimage beaconimage beacon